Sí, en su primer mandato, Trump quedó mal ante sus patrocinadores; en esta ocasión, tal parece que lo está haciendo muy bien.
Cargando, por favor espere...
Hoy, cuando los funcionarios de los tres niveles de gobierno se desgarran las vestiduras para saber con certeza qué pasó en Teuchitlán, Salvador Díaz Mirón no pudo haberlo escrito mejor: “¡Sobre los fangos y los abrojos en que revuelca su desnudez, cría querubes para el presidio y serafines para el burdel!”. Sí, en estos sencillos versos, el gran poeta veracruzano describió, a más de un siglo de distancia, tanto a los pobres que son víctimas de la explotación laboral como a los que son carne de cañón de los grupos del crimen organizado.
La narco-cultura mexicana, fomentada por los medios de comunicación masiva –televisión, radio, cine, series y canciones– ha logrado que los líderes de las bandas delincuenciales sean considerados héroes populares gracias a su sagacidad y valentía para comprar o burlar gobiernos municipales, estatales y federales; y hacer dinero a manos llenas fácil y rápidamente.
Millones de jóvenes de los estratos más bajos de México entonan canciones del momento en las que se plantean amores fáciles, drogas y sexo desenfrenado. Millones desean un arma y una oportunidad para servir al crimen organizado, para probar su valentía y hacerse ricos; y precisamente del panorama de pobreza y abandono que prevalece en el país es del que los maleantes se valen para engancharlos.
Es por ello que el lema principal de los gobiernos morenistas “primero los pobres” luce solamente como un cuento para párvulos de primaria. El programa asistencialista Jóvenes Construyendo el Futuro representa “una tomada de pelo” que no resuelve la imperante necesidad de éstos de contar con un empleo decoroso y ser contratado, ya que la mayoría de los becarios van por el dinero, al igual que los dichosos empresarios.
Además, el crimen organizado “paga mejor” y cuenta con toda la ineptitud de los gobiernos para reclutar a los jóvenes más vulnerables por las buenas o las malas. Se sabe que, en Jalisco, así como en otras entidades del país, algunos jóvenes son enganchados con el engaño de que tendrán altos salarios como guardias de seguridad, en call center u otras áreas; y cuando estas ofertas no funcionan, los recluta de manera forzada.
Las fotografías de los 200 pares de zapatos hallados en Teuchitlán son sólo una parte de los horribles testimonios de la tragedia ocurrida en ese centro de concentración, entrenamiento criminal y exterminio. Éste es el destino de muchos jóvenes mexicanos que tienen la desdicha de pertenecer a los estratos socioeconómicos más bajos y carentes de oportunidades laborales.
Para estos jóvenes, la vida en México es un infierno y “no tienen para dónde hacerse”. El país está literalmente en llamas. Quién los protege, si el Estado mismo permite y fomenta el uso de la mano de obra barata en actividades licitas e ilícitas. Es una vida muy similar a la de los miembros de las guerrillas de El Salvador, cuyos jóvenes se hallan entre dos fuegos:
El provocado por las grandes corporaciones trasnacionales o el generado por los grandes capos del narcotráfico que, para colmo, de acuerdo con uno de los organismos de inteligencia de Estados Unidos, suelen serlos mismos. Los jóvenes que en una sociedad sana debieran estudiar la preparatoria o una carrera universitaria, desde niños trabajan en campos de cultivo como sicarios o narcomenudistas.
Para muchos padres, aunque la decisión sea dolorosa, prefieren que sus hijos se vayan de migrantes y se expongan a la política represora y proteccionista de Donald Trump, porque así se libran de la violencia local y no terminarán en las escuelitas del narcotráfico donde se aprende a halconear, a cuidar campos de marihuana, matar, descuartizar y desaparecer cuerpos como ocurría en Teuchitlán.
Lo ocurrido en Jalisco lleva a concluir que los grupos de poder ocultan más de lo que difunden, ya que el escándalo fue suscitado por las madres buscadoras y los colectivos de la sociedad civil. Su denuncia pública representa una lección para la sociedad, porque la barbarie no se detendrá por quienes la provocan, sino por quienes realmente quieren cambiar las cosas en este país.
Sí, en su primer mandato, Trump quedó mal ante sus patrocinadores; en esta ocasión, tal parece que lo está haciendo muy bien.
Para comprender la compleja realidad hace falta un nivel de instrucción, además de un pensamiento crítico. Nada sencillo, menos cuando no hay interés de autoridades e iniciativa privada.
La ingenuidad de muchos trabajadores los ha hecho creer que, con el aumento del salario mínimo, su suerte mejoraría.
La política belicista estadounidense, aunque afecta globalmente, siempre se había dirigido a los países que no se alinean a sus intereses o bien poseen cuantiosos recursos que despiertan el apetito voraz del imperio.
Bienestar y salud, juego de palabras
Las personas de a pie tardan en sobreponerse a los gastos de diciembre y los primeros gastos de enero; literalmente “quedan gastados”.
El convulso panorama actual no anuncia nada nuevo para este año: la economía nacional es un desastre.
Como en los tiempos de la Santa Inquisición, y con un árbitro internacional que sólo es decorativo, al presidente de marras le basta acusar a tal o cual de tener pacto con el diablo y para declararlo culpable sin pruebas ni evidencias.
Un gobierno progresista debe, sobre todo, atender la espiritualidad de sus ciudadanos.
Culminó 2025; el año terminó y el tiempo sigue inexorable.
Se echan las campanas al vuelo, se claman vítores de alegría, apapachos y felicitaciones, confeti, fiesta y celebración por el nuevo aumento del 13 por ciento al salario mínimo
Un cuarto de la población de México vive en el campo.
La titular del Ejecutivo señala que hay motivos suficientes para festejar.
Los morenistas creen ingenuamente que con replicar sus falacias y responsabilizar a los gobiernos del pasado pueden deslindarse del mandato constitucional de gobernar bien.
Los problemas generacionales no son de ahora, sino de siempre, porque la nostalgia y las añoranzas de los individuos de la época anterior los hace pensar que el “pasado siempre fue mejor” o que “antes las cosas eran mejores que ahora”.
Un cambio de política hacia el fracking
Empezó la nueva guerra por la energía
México sometido al gas de Estados Unidos
Cablebús Puebla: ¿Solución de movilidad u “obra emblemática” de siete mil millones?
China fija su rumbo para 2026: multilateralismo, innovación y apertura marcan su agenda
Reprueba Unesco a estudiantes mexicanos en comprensión lectora
Escrito por Capitán Nemo
COLUMNISTA