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Brújula
Los motivos para festejar
La titular del Ejecutivo señala que hay motivos suficientes para festejar.


En una narrativa de muchos logros, la Presidenta presume que de sus 100 compromisos con el pueblo de México “todo va a pedir de boca”, se avanza muy bien y la población da muestras de felicidad y de estar contenta por dondequiera; si bien afirma que unas cuantas personas están inconformes en algunos lugares, la gran mayoría luce feliz con los resultados del gobierno.

Es un verdadero enredo, pues cada semana le surge algún problema nuevo, y han demostrado poco tacto para abordarlos, ante el descontento nacional, no les ha quedado más remedio que llamar a una mega concentración para festejar siete años de la llamada “Cuarta Transformación” en el Zócalo.

El seis de diciembre se celebrarán los avances en vivienda, en el salario mínimo, el apoyo a mujeres de más de 60 años, que sacaron de la pobreza a más de trece millones, en fin… la titular del Ejecutivo señala que hay motivos suficientes para festejar. ¡Ajá! Pero suena más a un pretexto, porque los problemas cruciales que aquejan a los mexicanos no se atienden.

El mismo discurso ya no suena convincente, tampoco les funciona mucho responsabilizar a gobiernos anteriores; si en el primer año de su proyecto, el tiempo estaba a su favor, después de siete años, se nota ya el desgaste; decir que “les dejaron un cochinero” los gobiernos del PRIAN y no responsabilizarse de actos propios comienza a ponerlos contra la pared. Los triunfos que se festejarán no lo son tanto cuando la vivienda se exhibe como un problema nacional que debe resolverse; por el lado del salario mínimo, éste ha obligado a las micro y pequeñas empresas a quedarse en la informalidad, los mentados apoyos asistencialistas no sacan a nadie de la pobreza, todo lo contrario: perpetúan y condicionan a las personas a quedar agradecidas con el político.

El gran fracaso económico y social no se reconoce, si acaso recientemente aclaran que efectivamente hubo poco crecimiento económico, pero que se debe a la escasa demanda de productos de Estados Unidos (EE. UU.) y a los aranceles, no explica más, pero tampoco se asume que han sido factores internos en el control de la economía, la improvisación y la falta de conocimientos que nos han puesto en jaque; y si a ello se agrega que el Poder Judicial se ha politizado y no responde a reglas jurídicas, sino a las filias y fobias del poder, ¿entonces qué se puede esperar? 

El crecimiento económico depende de la inversión y los empresarios mexicanos están apanicados, la inversión extranjera no cuenta con certeza de que las cosas mejoren y, por si fuera poco, el gobierno tampoco invierte porque los recursos se canalizan al control de la población mediante programas sociales o de la Guardia Nacional.

Por el lado social, no hay avances en materia de seguridad, la población tiene miedo de salir a las calles, se sabe indefensa ante el crimen organizado; porque el narco se ha empoderado, gobierna abiertamente y recibe aplausos y abrazos del gobierno. Y en un mundo al revés, resulta que son delincuentes los estudiantes que protestan, los jóvenes que salen a las calles, los transportistas y agricultores extorsionados, las madres buscadoras y cualquiera que se atreva a señalar que debe detenerse el vertiginoso deterioro donde nos encontramos.

Los mexicanos únicamente piden, a éste y a cualquier gobierno, que se pongan a trabajar, que den resultados, que se creen empleos suficientes, acciones para mejorar efectivamente la calidad de vida de los habitantes. No escuchar, no atender las inconformidades de la sociedad, no comprender que efectivamente la población ya está harta de tanto circo y que la situación no mejore, le puede costar al gobierno lo mismo que a los partidos anteriores: que la gente les dé la espalda. El momento es peligroso porque el hartazgo puede llevar a la población a caer en los brazos de la derecha extrema; por ello, hoy más que nunca, hacen falta la educación y la organización de las masas. 


Escrito por Capitán Nemo

COLUMNISTA


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