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Bienestar y salud, juego de palabras
Bienestar y salud, juego de palabras


México pertenece a los países donde se gobierna y mejora a través del discurso. Los gobiernos de todos los niveles invierten tiempo considerable en formular frases fáciles como si los aspectos superficiales fueran dignos de imitarse; ahora basta con seguir el ejemplo de verborrea del Ejecutivo para que se replique y multiplique por subordinados, gobernadores y presidentes municipales. La fórmula es sencilla: el pasado es corrupción y el presente “bienestar”. De ahí que basta con aplicar cualquiera de los dos motes para ser digno representante del partido oficial. ¿Hay que trabajar? Desde luego que no, las cosas ya están bien, y por tanto sólo es necesario que se publiciten adecuadamente en los medios amigos. Y entonces se puede ir “del tingo al tango”, porque aquí hay gas del bienestar, farmacias del bienestar y un sistema de salud del bienestar. Es decir, un pueblo “feliz, feliz, feliz”. Sin embargo, la realidad muestra lo contrario.

Mientras la Presidenta asegura que el sistema de salud mexicano supera al de Dinamarca; porque, según ella, acá ya no hay filas de espera, las cifras la desmienten rotundamente: más de 50 millones de mexicanos no tienen acceso a la salud; se podrá afirmar que el pasado era peor; y aunque no era del todo mejor, el antiguo esquema que desmantelaron, el Seguro Popular, atendía a los grupos vulnerables, a más de 50 millones de beneficiados que podían acceder gratuitamente a cirugías, servicio dental, medicamentos y otros servicios. No era suficiente, la atención era mala y los médicos dedicados exclusivamente a ofrecer esta atención eran pocos, pero en nada se compara al abandono que ahora viven las clases populares que irónicamente ya cuentan con “bienestar”.

Se pretende resolver la escasez de medicamento con publicidad costosa; de ahí que primero difundieran que se haría una “megafarmacia” que nunca funcionó para luego irse al extremo de sus farmacias del bienestar, que no son más que un pequeñísimo stand fuera de los hospitales; fue tanta la presión y la burla en las redes sociales, que finalmente reconocieron que ésas no eran las farmacias. Esas tomadas de pelo duelen más a quienes aún tienen alguna esperanza de sanar a sus enfermos.

La manipulación del discurso tiene funestas consecuencias: muerte para los que nada tienen, como lo fue la pandemia, con casi un millón de fallecidos; niños que quedaron huérfanos y que a la fecha nadie explica qué paso con ellos. Pero también el criminal recorte al sistema de vacunación, con el que nuevamente los niños quedan desprotegidos de enfermedades que ya estaban controladas o erradicadas, como el sarampión y la tuberculosis, que vuelven como relámpago a causar dolor y estragos. Por ello, ante el actual anuncio del Ejecutivo Federal sobre la nueva tarjeta del Servicio Universal de Salud que va a “credencializar” a la población para que pueda acceder a cualquiera de los servicios de salud independiente de su filiación no es creíble; suena más a otra tomadura de pelo, porque tanto el Instituto Mexicano del Seguro Social como el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, la atención en los centros de salud está rebasada, sin medicamentos y con servicios de mala calidad.

Tampoco se dice nada de los pendientes en torno a los medicamentos, la falta de médicos, el equipamiento de los hospitales, el regreso a un sistema de vacunación eficiente y, sobre todo, en torno a la construcción de cientos o miles de hospitales requeridos para atender decorosamente a la población; tampoco se plantea nada sobre la cantidad de recursos destinados para este fin.

Y lo que se vislumbra parece más de lo mismo: programas que funcionan únicamente en el discurso o infraestructura tan desechable que sólo ocasionará más desgracias como el Tren Interoceánico y demás obras que se les han caído; porque, para la 4T, la salud y el bienestar son solamente palabras. 


Escrito por Capitán Nemo

COLUMNISTA


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