Las cruentas agresiones de EE. UU. e Israel contra la República Islámica de Irán han recurrido a una narrativa maniquea que presenta al gobierno de Irán como “la encarnación pura del mal”.
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Desde diciembre pasado, Washington pretendió derrocar al régimen iraní mediante una revolución de colores, con protestas callejeras coordinadas a través de las redes sociales de Elon Musk. Estados Unidos (EE. UU.) desestabilizó la economía iraní, específicamente la moneda y el sector bancario. “… fue una operación estadounidense de cambio de régimen”, dijo Jeffrey Sachs. La intentona falló, y ahora el imperio ataca de nuevo al unísono con Israel, ya sin máscara.
Pero el conflicto tiene más historia. En 2010, Fidel Castro advirtió sobre el peligro nuclear en las agresiones sionistas a Irán. En sus “Conversaciones con Michel Chossudovsky”, con premoniciones de asombrosa actualidad después de transcurridos 16 años. Dice Fidel: “… en Irán, la guerra convencional la perdería EE. UU. y la nuclear no es alternativa para nadie. Por otro lado, la guerra nuclear se convertiría inevitablemente en una guerra nuclear global (…) Las amenazas contra Irán se vuelven inminentes para mí, con la Resolución 1929 del nueve de junio 2010, en que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas condena a Irán por las investigaciones que lleva y la producción de pequeñas cantidades de uranio enriquecido al 20 por ciento, acusándola de constituir una amenaza para el mundo” (CADTM, cuatro de diciembre de 2010). El mismo discurso manido de hoy.
Contradictoriamente, Trump arguye que ataca a Irán pretextando que está enriqueciendo uranio para producir armas nucleares; lo hace realmente para preservar el monopolio regional de Israel. En otra aberración, en junio pasado declaró exultante que había destruido todo el material nuclear iraní, ¡un exitazo!, ¿y cómo es que ahora va a destruirlo? Además, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) certifica que Irán no está enriqueciendo uranio para producir armas nucleares. Pero Washington aduce que “casi anda cerca de desarrollarlas”. En otra descarada incongruencia, Trump abandonó unilateralmente el tratado de no proliferación de armas nucleares que data de 1972 y que expiró en febrero, el START III. Ya no hay control institucionalizado. Dicho sea de paso, en el mundo no debería existir una sola bomba nuclear.
No obstante su poderío militar, EE. UU. encontrará en Irán una irreductible resistencia y no podrá sostener exitosamente una guerra prolongada. En principio, Irán no está solo en la región. Los hutíes de Yemen se suman al ataque contra Israel y a proteger el acceso al estrecho de Ormuz. También le apoyan destacadamente la Resistencia Islámica de Irak (otro país de mayoría chiita) y el Hezbolá en Líbano. El asesinato del Ayatola Jamenei, jefe máximo de la religión chiita, cohesiona la sociedad iraní en torno a su gobierno y, en general, a millones de creyentes en el mundo árabe. El apoyo es multitudinario y se ve en las calles de Irán y de otros países. En cambio, Trump tiene a la opinión pública estadounidense en contra: 27 por ciento aprueba la acción contra Irán y 59 por ciento la rechaza.
Además, los países vasallos locales de EE. UU. no lucen fuertes. “Los países del Golfo Pérsico podrían quedarse sin defensas antiaéreas en una semana”, refieren expertos. “La intensidad en el uso de interceptores observada podría provocar escasez en apenas unos días si la ofensiva iraní mantiene su ritmo actual, señaló a The Telegraph el experto en misiles, Fabian Hoffmann” (Sputnik, cuatro de marzo).
EE. UU. está pagando un costo económico y social altísimo, insostenible a largo plazo. Refiere en Sputnik el orientalista e iranista Kariné Guevorguián que en el ataque a Irán los gastos iniciales, según estimaciones preliminares, suman mil millones de dólares.
No tiene capacidad de producir tantas armas después de haber entregado buena parte a Ucrania. “Trump pediría a contratistas militares el aumento de la producción de armas tras los ataques contra Irán (…) detallan los medios británicos (esto) ‘pone de relieve la urgente necesidad’ de Washington de reponer sus arsenales” (Sputnik, cuatro de marzo). La economía estadounidense está quebrantada y no da para sostener una guerra prolongada. Además, los tiempos apremian: en noviembre próximo habrá elecciones al Congreso, a las que Trump llegaría entrampado en una guerra.
Irán tiene con qué resistir. La suya es una economía potente, con cerca de cien millones de habitantes, una milenaria historia cultural y un fuerte soporte científico y tecnológico propio. Posee las segundas mayores reservas de gas natural y es tercer productor de petróleo en la OPEP. Por su geografía, tiene la ventaja geopolítica de controlar el estrecho de Ormuz, entrada al Golfo Pérsico, que está rodeado por los países petroleros árabes, y por donde cruza el 25 por ciento del petróleo mundial (20 millones de barriles diarios) y 30 por ciento del gas licuado. Como acción estratégica, Irán cerró ya el estrecho. Al momento de escribir esta colaboración, los medios reportan tres mil 200 buques atrapados, cuatro por ciento de la flota mundial (RT). Como consecuencia, se han disparado los precios del gas y el petróleo, lo que detonará una crisis económica y una fuerte inflación global; particularmente afectada se verá China, que recibe de Irán el 13 por ciento de sus importaciones petroleras; este último le envía entre 80 y 90 por ciento de sus exportaciones.
No sería aventurado pensar que, si el agresor no se retira a tiempo, esto podrá convertirse en otro Irak, en otro Afganistán, Vietnam o Libia, países de donde salió desgastado después de largos conflictos a los que supo entrar, pero no cómo salir; la guerra de Afganistán duró 20 años, la de Irak, 15. Con ellas perdió las elecciones George Bush. La actual, de prolongarse, socavará el poder de Trump, cuya bandera electoral ha sido el “pacifismo”. Por otra parte, altos mandos del Pentágono cuestionan la viabilidad de esta acción militar y varios congresistas niegan su legalidad. Representan fuerzas de la clase capitalista que buscan proteger sus intereses. Y no olvidemos: Hitler también soñó con una Blitzkrieg (guerra relámpago) en la URSS. Pensó que en cosa de seis semanas sus soldados regresarían felices a casa... pero el sueño se volvió pesadilla.
Mas, ¿qué busca el imperialismo en Irán? En lo inmediato, consolidar el poder regional de Israel; además, controlar el gas y el petróleo de Irán, y también recuperar el poder del debilitado petrodólar, que ha perdido la exclusividad en el mercado mundial; por ejemplo, Irán vende a China en yuanes, sin usar el dólar, moneda ésta que por sí sola no puede sostenerse y requiere urgente apuntalamiento militar, igual que cuando recién se creó el petrodólar a inicios de los años setenta. Pero el objetivo es de más largo alcance y va más allá de los recursos naturales. Pretende el cambio de régimen en Irán, promoviendo a sectores proimperialistas, como los que representa el hijo del ex Sha.
Atacando Irán, EE. UU. procura golpear a China y a Rusia, en general a los BRICS. Busca limitar el acceso de China al petróleo y bloquear la Nueva Ruta de la Seda, que conecta comercialmente al gigante asiático con Europa. Respecto a Rusia, intenta bloquear la iniciativa del “Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur”, que conectará San Petersburgo con Mumbai (India), cruzando por el mar Caspio e Irán, y reduciendo el tiempo de transporte en 75 por ciento. Esa vía opera ya parcialmente, faltando aún el tramo ferroviario Rasht-Astara. El ataque pretende, pues, bloquear la integración económica de los BRICS cortándola por la mitad. Si Irán fuera derrotado, sería un durísimo golpe a Rusia y a China.
En una palabra, la embestida se propone cercar y debilitar a China y a Rusia, y, finalmente, derrocar a sus gobiernos, que constituyen el gran obstáculo para la hegemonía mundial de EE. UU. En Irán está en juego la estabilidad y el desarrollo de todos los BRICS, bloque que representa una esperanza de cambio para la humanidad frente al imperio militarista y saqueador.
Finalmente, ¿quién sigue? Después de Venezuela, vino Irán. Los mexicanos no debemos contemplar con indiferencia este nuevo ataque. México también corre peligro. Trump ya ha advertido que piensa introducir tropas aquí… y tiene preparado su pretexto. Más aún, la humanidad entera debe elevar la voz y condenar el ataque a Irán, por inhumano e injustificado, y también porque esta guerra tiende a regionalizarse y puede adquirir carácter mundial. Y en ello podrían desatarse las fuerzas nucleares, con consecuencias catastróficas. Como dijo José Martí: ver en silencio un crimen es cometerlo.
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Los servicios de inteligencia, y sus análisis, son clave en la geopolítica imperial y ya emergen como actores influyentes.
La situación es complicada y el tiempo apremia, ya que otras economías del mundo, señaladamente la China, producen mucho más y mucho más barato.
Del siete de febrero al 15 de marzo, Tecomatlán, la Atenas de la Mixteca, se vestirá de gala y alegría recibiendo a miles de compatriotas que participan en el evento deportivo más importante de México.
La sección uno del primer tomo de El capital es clave para entender la obra de Marx y su método.
Los aspectos y la estrategia de Irán señalan que es muy inteligente; y si logra sus objetivos, afectará enormemente a EE. UU. y sus aliados en el Golfo Pérsico, en Medio Oriente y en Europa.
Teherán mantiene su compromiso de preservar relaciones constructivas con los países vecinos de la región.
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Aviones de combate, buques de guerra, sistemas de defensa antimisiles y antidrones son parte del despliegue militar.
La portavoz del Ministerio chino de Exteriores, Mao Ning, insistió en que los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán “violan el derecho internacional”.
Irán puede sostener una confrontación prolongada, evocando la llamada “Defensa Sagrada”.
La moneda doméstica se depreció 3.2 por ciento y la Bolsa Mexicana de Valores cayó más de cinco por ciento.
El 20 por ciento del consumo de crudo mundial transita por esta vía marítima.
El crudo Brent aumento en 13% y el WTI lo hizo en 8.16 % mientras que los índices bursátiles alrededor del mundo cayeron
Los ataques militares llevados a cabo por EE.UU. e Israel contra Irán carecen de autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
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Escrito por Abel Pérez Zamorano
Doctor en Economía por la London School of Economics. Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Chapingo.