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Brasil Acosta Peña
Fidel Alejandro Castro Ruz
El Movimiento Antorchista Nacional reconoce, a 100 años de su natalicio, a Fidel Alejandro Castro Ruz, un líder que, junto al pueblo, cometió la osadía de regir sus destinos contra el yugo del capital y del imperialismo norteamericano


Nació en Birán, provincia de Holguín y municipio de Cueto, Cuba, el 13 de agosto de 1926, en punto de las dos de la madrugada y, en este año 2026, su natalicio cumple 100 años. Fue hijo del terrateniente y hacendado gallego Ángel Castro Argis y de Lina Ruz González, oriunda de Pinar del Río, Cuba, quien trabajó como cocinera y ama de llaves en la finca de quien después sería su marido. No sufrieron privaciones graves y la libertad intelectual y personal de don Ángel permitió a Fidel convivir con los trabajadores de la hacienda de su padre y, por tal motivo, tuvo trato directo con los hijos de los trabajadores nativos de todas las razas y colores, a quienes trataba como hermanos; también convivió con los inmigrados haitianos, a quienes les tenía especial afecto por su tenacidad, trabajo y esfuerzo.

Cursó los estudios primarios en Birán y en Santiago de Cuba. Desde pequeño mostró dos cualidades, según la biografía de Katiuska Blanco Castiñeira, la rebeldía y la capacidad intelectual o la inquietud por el estudio. Cuando los maestros explicaban, con dedicación y eros pedagógico, los fenómenos de la realidad, ponía especial atención y destacaba por sus dones; cuando no, hasta lanzó piedras al tejado de su escuela en señal de protesta por los malos tratos.

En el Colegio de Belén de los Jesuitas, en La Habana, destacó como alumno, basquetbolista, futbolista y excursionista. Asistió a la Universidad de La Habana, a la Escuela de Derecho donde rápido se convirtió en líder estudiantil: fue delegado de curso, presidió el Comité Pro-Democracia Dominicana dentro de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) y participó en delegaciones estudiantiles internacionales. Fidel declaró: “aquí me hice revolucionario… aquí en la Universidad y en la Escuela de Derecho me convertí al marxismo-leninismo” y fue ahí donde comenzó su peregrinar como revolucionario. Fidel obsequió libros valiosos a su hermano Raúl. El primero que le dio a leer fue El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, de Engels, además del Manifiesto del Partido Comunista, La guerra civil en Francia y El 18 Brumario de Luis Bonaparte, de Marx; y de Lenin, el ¿Qué hacer? 

Fidel había aprendido a usar las armas en la hacienda de su padre, quien no le impedía de ningún modo su formación profesional, sin pensar en la utilidad que esas enseñanzas tendrían para el futuro revolucionario; esta permisividad fue una aportación del padre de Fidel a la Revolución. Fidel perteneció al partido Ortodoxo y notó que le faltaba consecuencia y formó, como si dijéramos, el ala izquierda de dicha organización. Más tarde concluyó que sólo le quedaba el camino de la lucha armada e inició todos los preparativos para emprenderla.

Fulgencio Batista tomó el poder mediante un golpe de Estado en 1952 con apoyo de los norteamericanos. Los revolucionarios seguidores de Fidel formaron células clandestinas; se consiguieron uniformes militares del ejército de Batista para no generar sospechas; fue en la Granjita Siboney, cercana a Santiago de Cuba, la finca donde se refugiaron para preparar el asalto; el movimiento se financió con aportaciones de los participantes. Con muchísima discreción se preparó el asalto al Cuartel Moncada y el Cuartel Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo. En estas acciones simultáneas participaron 160 revolucionarios el 26 de julio de 1953; a la cabeza iban Fidel Castro, Abel Santamaría, Raúl Castro, Renato Guitart, Lester Rodríguez, Antonio “Ñico” López y Pedro Aguilera.

El asalto fue un intento fallido en el que hubo detenciones, torturas y asesinatos por parte de la dictadura de Batista. Sin embargo, ante la detención de Fidel, su defensa fue determinante como mecanismo propagandístico porque se exhibieron las atrocidades cometidas por la dictadura de Batista contra los detenidos. El ejemplo de la ignominia fue la muerte de 70 revolucionarios, entre ellos Abel Santamaría; y por ello Fidel cerró su defensa con la siguiente frase: “En cuanto a mí, sé que la cárcel será dura como no lo ha sido nunca para nadie, preñada de amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no le temo, como no temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida a 70 hermanos míos. Condenadme, no importa, la historia me absolverá”.

Siendo preso por el asalto al Cuartel Moncada, el joven Fidel subrayó en la biografía de Magallanes, escrita por Stephan Zweig, la siguiente frase: “Nada hay más excelente que una verdad que parece inverosímil”. Nadie imaginaría que seis años más tarde se consumaría una de esas verdades que parece inverosímil: la Revolución Cubana.

Ante las presiones de la prensa nacional e internacional por las atrocidades cometidas por la Dictadura, fue necesario el exilio de los revolucionarios y Fidel decidió ir a México. ¿Por qué a México? “Fidel eligió México como lugar de destino por su cercanía geográfica, pero fundamentalmente también por la tradición histórica de relaciones entre las Revoluciones cubana y mexicana desde la época de las luchas por la independencia… José Martí y Julio Antonio Mella hallaron acogida en la nación hermana” (Katiuska Blanco, Fidel, Biografía)

En 1956, en México, fueron detenidos Fidel Castro Ruz, Ernesto Ché Guevara y una veintena de revolucionarios. Solicitaron la intervención de Lázaro Cárdenas, quien lo hizo personalmente con Adolfo Ruiz Cortines, presidente de México y con Ángel Carvajal, Secretario de Gobernación. Con la libertad recuperada, aceleraron el proceso clandestino de los preparativos de la Revolución; y el 25 de noviembre de 1956, 82 expedicionarios zarparon desde el puerto de Tuxpan, Veracruz, a bordo del yate Granma hacia la Sierra Maestra, como etapa crucial de la Revolución Cubana.

Según los reportes de inteligencia de Batista, fueron recibidos con ataques y emboscadas. Entre 19 y 22 lograron sobrevivir y “12 hombres fueron el núcleo central”. Sin desanimarse, se reagruparon y aquí radica la clave fundamental para el triunfo de la Revolución: el apoyo popular. Tanto en el campo como en la ciudad, el Movimiento 26 de julio poseía gran simpatía. El actor principal de estos cambios sociales fue el pueblo, quien refugió, alimentó, cuidó y guio a los revolucionarios en la selva y en la ciudad con la participación del pueblo trabajador mediante huelgas y lucha urbana. Esa decisión y lucha del pueblo, al frente del cual estaban sus líderes también decididos, abrieron el camino a la Revolución.

La madre de Fidel, doña Lina Ruz, reveló alguna vez: “sufro como sufren las madres de los soldados y de los revolucionarios, pero si ellos, Fidel y Raúl, deben morir, quiero que lo hagan dignamente”.

“Fidel sintió la imperiosa necesidad de rendir homenaje a los mártires de las guerras por la independencia. Intuía el momento sublime cuando sería posible que los sueños de los próceres de más de cien años de lucha se hicieran realidad”. (Katiuska Blanco, Fidel, Biografía). El jueves primero de enero de 1959 triunfó la Revolución Cubana. El Movimiento Antorchista Nacional reconoce, a 100 años de su natalicio, a Fidel Alejandro Castro Ruz, un líder que, junto al pueblo, cometió la osadía de regir sus destinos contra el yugo del capital y del imperialismo norteamericano. No le perdonan a Fidel esa osadía; pero la historia ya le absolvió, pues el pueblo cubano sigue firme y los revolucionarios de la Tierra recuerdan a Fidel y siguen su ejemplo, ¡Hasta la victoria siempre! ¡Venceremos! 


Escrito por Brasil Acosta Peña

Doctor en Economía por El Colegio de México, con estancia en investigación en la Universidad de Princeton. Fue catedrático en el CIDE.


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