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Historia
Paz ucraniana, respiro en Washington
Washington no puede seguir sosteniendo simultáneamente sus dos frentes convencionales, Rusia e Irán.


Estados Unidos está acelerando los diálogos sobre el fin de la guerra en Ucrania. Hacia allá apuntan, cuando menos, algunos eventos recientes: la visita a Moscú por John Ratcliffe, director de la CIA, a finales de agosto; la visita de dos delegados de Washington Jared Kushner y Steve Witkoff, a inicios de septiembre, y, unos días después, la llamada de Donald Trump a Vladimir Putin. Todos estos eventos dejaron ver voluntades positivas en cuanto a la detención del conflicto. Probablemente se deba a la debilidad de la Casa Blanca para seguir sosteniendo sus guerras actuales, pero también podría estarse fraguando un reacomodo de los objetivos militares norteamericanos.

El New York Times reportó que Ratcliffe se entrevistó con Aleksandr Bortnikov, jefe del Servicio Federal de Seguridad ruso, para presionar a este país. Argumentando que Rusia no deja de sufrir bajas frente a los drones ucranianos y que su futuro económico no es promisorio, el norteamericano habría buscado que Rusia se replegara (New York Times, cinco de septiembre de 2026). Sin embargo, los rusos no actuaron en consecuencia. Siguieron atacando objetivos dentro de Ucrania: destruyeron infraestructura militar –como la fábrica de drones de Dnipropetrovsk–, bombardearon ininterrumpidamente el área de Kiev e impactaron la sede central del Servicio de Seguridad ucraniano (Russia Today, RT, cinco de septiembre de 2026; La Jornada, ocho de septiembre de 2026).

Lo último resulta interesante y contradictorio frente a la nota del New York Times. Pero también es notable que, apenas devuelto Ratcliffe, aterrizó la dupla Kushner-Witkoff con el objetivo de visitar Moscú y Kiev. En favor de esta delegación se acordó un alto al fuego de 72 horas y, de acuerdo con Yuri Ushakov, asesor de Putin, también se trató el asunto de la paz en Ucrania. En su intervención, la dupla estadounidense no leyó de un porvenir oscuro para los rusos; más bien, habló de un futuro prometedor. Los delegados, rescata Ushakov, escucharon la exposición de las posturas del presidente Putin con respecto a su “Operación Especial”, sobre las prácticas fascistas del gobierno ucraniano, y abordaron la posibilidad de un futuro económico provechoso en la relación Rusia-EE. UU. (RT, seis de septiembre de 2026).

De la misma manera, las supuestas presiones del director de la CIA son contradichas por lo que pasó en cuanto la delegación Kushnet-Witkoff abandonó su segundo destino, Kiev. De inmediato reinició el bombardeo ruso sobre Ucrania y, unos días después, Trump tomó el teléfono para marcar al Kremlin. De acuerdo con Ushakov, la llamada se desarrolló en el mismo sentido que la visita de esa delegación y el mandatario ruso expuso que sus avances tácticos están cumplimentando las expectativas de su operación (RT, ocho de septiembre de 2026).

La cuestión es, si son los rusos quienes tienen un futuro tenebroso y están siendo abrumados por los drones de Zelensky como presume el New York Times, ¿por qué es Washington quien envía delegaciones y llama al Kremlin en menos de tres semanas? En otras palabras, ¿qué ganaría la Casa Blanca intentando detener la caída de la Federación Rusa, su principal contrincante en términos militares y aliado fundamental de China, su peor enemigo económico en el mundo? Es muy probable que ese medio no esté diciendo toda la verdad. En todo caso, los tres eventos apuntan a que Washington no puede seguir sosteniendo simultáneamente sus dos frentes convencionales, Rusia e Irán. Se ha estrellado contra los programas militares de estos países y necesita liberarse cuando menos de uno de ellos para respirar e intentar lograr alguna suerte de victoria que legitime temporalmente su rol de hegemón global.

En conclusión, es posible que Trump se retire de Ucrania. Aunque, en la medida en que la Casa Blanca no ha cedido en esos teatros de operaciones –cuyo abandono significaría la pérdida de su preeminencia mundial en la medida en que en ambos conflictos subyacen los intereses de su principal rival, China–, también es posible que Washington no acabe con ninguna de las guerras. Tal vez quiera dejar el asunto ruso en manos de Europa para concentrar sus arsenales sobre el Golfo Pérsico. 


Escrito por Anaximandro Pérez

Doctor en Historia y Civilizaciones por la École de Hautes Étus en Sciences Sociales (EHESS) de París, Francia.


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