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Economía
De la regularidad de Kaldor al declive de las remuneraciones al trabajo
La caída tendencial de la participación del ingreso laboral no refleja sino la creciente explotación de los trabajadores en beneficio de los capitalistas.


Un principio clave de la macroeconomía moderna es la estabilidad a largo plazo de la distribución del ingreso, planteada originalmente por Nicholas Kaldor. Según su observación, la proporción del producto nacional que reciben los trabajadores y la que obtienen los dueños del capital se mantiene prácticamente constante a través del tiempo. Los datos de Kaldor indicaban que las remuneraciones al trabajo representaban alrededor del 65 por ciento del ingreso nacional, dejando el 35 por ciento restante para las retribuciones al capital en forma de beneficios e intereses.

A pesar de que la regularidad de la distribución del ingreso entre trabajadores y capitalistas planteada por Kaldor se basó en las estadísticas de Estados Unidos e Inglaterra, se generalizó y sirvió para construir una explicación general sobre dicha distribución. Kaldor sostenía que la estabilidad de la distribución del ingreso depende de la proporción de la inversión en relación con el ingreso. Cuando la inversión supera su promedio, la demanda agregada presiona los precios al alza, reduciendo los salarios reales y redistribuyendo el ingreso hacia el capital. Al madurar la inversión, crece la capacidad productiva, el ingreso y todo retorna al promedio.

Pero la regularidad descubierta por Kaldor empezó a desaparecer a mediados de los años 80 del siglo pasado, incluso para las economías desarrolladas. Las políticas neoliberales provocaron que la parte del ingreso que correspondía a la retribución de la fuerza de trabajo disminuyera drásticamente. Quedó en evidencia que la productividad podía incrementarse mientras que el salario real disminuía.

Según las estadísticas oficiales de la Organización Internacional del Trabajo, la participación del ingreso laboral entre 2004 y 2024 muestra una tendencia descendente. En ese periodo, la mayor parte de la reducción ocurrió entre 2020 y 2022, los años de la pandemia de Covid-19, espoleada por la escalada inflacionaria registrada en ese periodo, que deterioró los salarios reales y benefició a los capitalistas retribuyéndolos con una parte mayor del ingreso. La inflación a escala global fue particularmente aguda en 2022; entonces se vieron afectados con severidad los precios de los alimentos –con un alza de 14 por ciento– y de la energía –con un incremento de hasta 50 por ciento–.

Para 2024, la economía global, aunque con diferencias regionales importantes, se había recuperado de los choques que significaron el Covid-19 y el desajuste de las cadenas de suministro; la inflación también se había moderado. Y, sin embargo, la proporción del ingreso total que correspondió al pago por trabajo era de 52 por ciento; 13 puntos porcentuales menos que lo identificado por Kaldor y 1.6 puntos porcentuales por debajo del nivel que tenía en 2004; y en dos de cada tres países, los salarios reales promedio no habían vuelto al nivel que tenían antes de la pandemia. Aun en 2026, aunque la mayoría de las economías ha recuperado el nivel del ingreso per capita de 2019, los salarios reales están por debajo del nivel que tenían entonces.

Estos datos sugieren que la caída de la participación del ingreso laboral no es un fenómeno coyuntural, sino estructural. Desde una perspectiva marxista, la caída tendencial de la participación del ingreso laboral no refleja sino la creciente explotación de los trabajadores en beneficio de los capitalistas. Es decir, la apropiación de una parte mayor del producto social creado por el ejército de asalariados y trabajadores por cuenta propia; apropiación que ocurre mediada por la ley de la propiedad privada, que regula que la pertenencia del producto corresponde al dueño de la empresa, aunque su participación en la producción se reduzca a ello: a ser el propietario.

Los términos de la distribución no están determinados sino por la correlación de fuerzas entre clases sociales. La disgregación de los trabajadores, su desafección hacia la organización sindical, etc., han dejado a la clase trabajadora inerme ante los embates del capital, infinitamente insaciable y cruel. Urge la reorganización de los trabajadores con carácter de clase, independiente y poderosa que pueda hacerle frente al capital en la lucha por la riqueza social. 


Escrito por Vania Sánchez

Licenciada en Economía por la UNAM, maestra en Economía por El Colegio de México y doctora en Economía Aplicada por la Universidad Autónoma de Barcelona (España).


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