Cargando, por favor espere...

Economía
El Banco Mundial ha cambiado la receta
El viraje del Banco Mundial es un síntoma de que el mundo ha cambiado.


El 17 de marzo de 2026, el Banco Mundial publicó un nuevo informe titulado Industrial Policy for Development: Approaches in the 21st Century (Política Industrial para el Desarrollo: aproximaciones para el Siglo 21), un documento que ha sacudido los cimientos del pensamiento económico dominante de las últimas tres décadas. No es para menos: el organismo, históricamente defensor del libre mercado, la apertura comercial y las ventajas comparativas, ha dado un giro de 180 grados al reconocer explícitamente la importancia central de la política industrial para el desarrollo de los países. Este viraje ha sido interpretado por muchos expertos como un quiebre con su propia doctrina, vigente desde el famoso informe The East Asian Miracle, de 1993.

En aquel entonces, el Banco Mundial atribuía el éxito de los “tigres asiáticos” (Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong) a la estabilidad macroeconómica, la apertura comercial y la disciplina fiscal. Aunque mencionaba la intervención estatal como créditos dirigidos, protección de sectores nacientes o coordinación industrial, lo hacía con un tono condescendiente, relegándola a un papel secundario. La conclusión era clara: el mercado, no el Estado, era el motor del desarrollo. Tres décadas después, el nuevo informe no sólo revisa esa narrativa, sino que la invierte por completo. ¿Qué ha cambiado? ¿Es éste un acto de honestidad intelectual tardía o una respuesta pragmática a un mundo radicalmente distinto?

A pesar de que se había relegado el tema dentro del mundo académico, evidencia sí que existía, análisis, entre otros, aunque no se había reconocido la importancia de la política industrial para la evolución de los países en desarrollo por parte del organismo. Pero no se reconocían sino con un comentario de su existencia en su trabajo de 1993.

Según Jostein Hauge, investigador de economía política, la importancia de China en el tablero mundial es lo que los ha hecho cambiar de opinión, pues menciona que industrias como la de los semiconductores, los automóviles eléctricos son en donde ahora se juega la supremacía mundial. En mi opinión, las sanciones de Trump son una muestra exacta de esto, pues socavó todavía más el imaginario podio de supremacía de Estados Unidos para verlos tambalear en sus puntos débiles.

Ante las sanciones del país norteamericano, China prohibió las exportaciones de minerales criticos, materiales fundamentales para la cadena de suministro de los semiconductores. Esta medida fue implementada por el país asiático porque precisamente China era la única capaz de refinar estos minerales, y a pesar de haber levantado las sanciones, al menos de palabra, se espera que las irregularidades del suministro continúen por lo menos tres años. Tenemos, por otro lado, lo que anunció Trump después de las negociaciones, donde presumió el levantamiento de sanciones por parte de China a los minerales críticos vendidos a Estados Unidos, así como la compra de soja, pollo y res, presionado por los productores estadounidenses que se habían visto afectados por otras sanciones, según la prensa norteamericana, y le afectaría de cara a las elecciones de noviembre.

Pero el giro del Banco Mundial no es un espaldarazo entusiasta a la intervención estatal. Hauge advierte que el organismo sigue mostrando reservas y que su reconocimiento es más bien una admisión forzada de la realidad. Los países desarrollados, que durante décadas predicaron el neoliberalismo para el Sur global, nunca abandonaron del todo las políticas industriales; simplemente las disfrazaron bajo etiquetas como “innovación”, “competitividad” o “seguridad nacional”. Hoy, ante la evidencia de que China ha utilizado esas mismas herramientas con éxito, ya no pueden negar su eficacia. La política industrial ha resurgido con fuerza en Europa (con el Green Deal), en Estados Unidos (con la Ley CHIPS y la Ley de Reducción de la Inflación) y en Japón o Corea del Sur. Reconocerlo era inevitable.

En definitiva, el viraje del Banco Mundial es un síntoma de que el mundo ha cambiado. Ya no hay consenso en torno al libre mercado como dogma incuestionable. La geopolítica, la crisis climática y la competencia tecnológica han devuelto al Estado un papel protagónico. Queda por ver si este nuevo enfoque será realmente beneficioso para los países en desarrollo o si, por el contrario, profundizará las asimetrías entre países fuertes y débiles. 


Escrito por Nadia Campos

Licenciatura en derecho por la UNAM. Maestra en políticas públicas. Analiza temas de derecho y política fiscal.@NatiaGambos


Notas relacionadas

Necesitamos una forma de organizar la producción de acuerdo a las necesidades sociales y a las condiciones materiales que las satisfacen.

El fascismo es, pues, una forma de emergencia o excepción del Estado capitalista.

El Comité Olímpico Mexicano actúa como una corporación privada que vende la imagen de los atletas y el orgullo nacional a las grandes empresas.

Los recursos son finitos, el medio ambiente se degrada y la humanidad oscila entre la extinción y el cambio de paradigma productivo.

La clase social que ostenta el poder, tanto el económico como el político, utiliza las más variadas herramientas para hacer pasar como naturales sus ideas.

Plejánov examina cómo el papel progresista de la clase dominante llega a su fin.

El sistema capitalista, para mantener las relaciones de explotación, necesita no solamente los mecanismos económicos que ya conocemos, sino también mecanismos como la prensa o la educación.

En esta historia, Charlot es un miembro más de la clase obrera que sufre cotidianamente los estragos de la explotación.

El auge de la IA impulsa las exportaciones mexicanas, pero el país continúa ensamblando tecnología en lugar de desarrollarla.

Una juventud preparada, educada y, sobre todo, concientizada, se convierte en un peligro para el sistema capitalista.

Los obreros no deben perder de vista que los gobiernos están todos al servicio de las empresas y por ello dejan manos libres a los patrones para seguir despidiendo a los trabajadores injustificadamente.

El capitalismo tecnológico no sólo busca que la IA sea más rápida, sino que el conocimiento ya no sea un bien público.

Fortalecer el deporte femenino no debe considerarse un gasto, sino una inversión estratégica para el desarrollo social, la salud pública y el futuro de México.

Las películas de Chaplin reflejan el sufrimiento de los descamisados, los parias.

El desarrollo del modo de producción capitalista, gran devorador de fuerza de trabajo, ha sido la causa principal del desplazamiento de multitudes que de diferentes países emigraron a EE. UU.