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Poesía
La poesía del antiguo Egipto
El pensamiento de la nobleza esclavista y de la casta sacerdotal en el antiguo Egipto se expresa en los textos de contenido religioso y moral.


El pensamiento de la nobleza esclavista y de la casta sacerdotal en el antiguo Egipto se expresa en los textos de contenido religioso y moral, cuya función primordial era preservar las relaciones esclavistas y provocar en los distintos estamentos la convicción de que después de soportar una vida de esfuerzo y sumisión se verían recompensados con una dichosa existencia ultraterrena; sin embargo, en oposición a la ideología oficial representada por El Libro de los muertos, la literatura materialista también estuvo presente. La idea de que la felicidad debe buscarse en este mundo, porque nadie ha regresado del país de los muertos para testimoniar la veracidad de los dogmas, aparece en la Canción del Arpista, poema escrito a mediados del III milenio a.n.e. y encontrado en la tumba del faraón Intef; en este poema entran en contradicción la fe y el conocimiento, obra de la experiencia, los sentidos y la razón.

 

Una generación pasa y otra perdura

desde el tiempo de los antepasados.

Los dioses que se han manifestado en otros tiempos

descansan en sus pirámides.

Los nobles espíritus, igualmente,

están sepultados en sus tumbas.

Los que han construido edificios

cuyos emplazamientos ya no existen,

¿Qué ha sido de ellos?

(...)

¿Dónde están sus tumbas?

Sus muros han caído,

ya no existen sus tumbas.

Es como si nunca hubieran existido.

No hay difuntos que vuelvan del más allá

y que cuenten su estado

y que cuenten sus cuitas

y que aplaquen nuestro corazón

hasta que nosotros lleguemos

al lugar donde ellos han ido.

Por tanto, alegra tu corazón.

El olvido te beneficiará,

sigue a tu corazón mientras vivas.

Pon mirra sobre tu cabeza,

vístete con lino fino,

úngete con aceites propios de un dios.

Aumenta tus alegrías,

que tu corazón no se entristezca.

Sigue tu corazón y tu felicidad.

Haz tus cosas en la tierra como manda tu corazón

hasta que llegue a ti ese día de llanto.

El de Corazón Enfadoso no oye sus lamentos.

Los lloriqueos no salvan a nadie de la tumba.

 

Pensad:

Pasa un día feliz,

no te aburras de ello.

Mira, a nadie se le permite llevarse sus bienes consigo.

Mira, nadie que parte regresa de nuevo”.

 

El Diálogo de un desengañado con su alma se halla en un manuscrito, el Papiro Berlín 3024, fechado paleográficamente hacia 1900 a.C.; en este poema se expresan las dudas de un hombre, que no pertenece a la nobleza, en la justicia del régimen social vigente y en la veracidad de las creencias religiosas:

 

Abrí mi boca a mi alma y respondí a lo que dijo:

Es demasiado duro para mí

que no quiera mi alma hablar conmigo.

Es, incluso, más grande que una exageración.

Es como ignorarme.

Que no se vaya mi alma y me preste atención por ello...

No será capaz de huir de los problemas.

Mirad, mi alma me pierde, pero no la escucho,

me arrastro a la muerte

antes de ser arrojado al fuego para consumirme...

Que me juzgue Dyehuty (Thot), el pacificador de los dioses.

Que me defienda Jonsu, el escriba de la justicia.

Que Ra escuche mis palabras, el comandante de la barca sagrada.

Es agradable que los dioses rechacen los secretos de mi cuerpo.

 

Mi alma me respondió:

“No eres, ciertamente, un hombre; eres un viviente.

¿Qué beneficio obtienes

de estar preocupado por la vida como un rico?”

 

Respondí:

“No me iré mientras ésa está en la tierra”.

 

Pero tus posesiones están muertas, aunque tu nombre está vivo.

Ella es un lugar de reposo para el corazón.

El occidente es una morada...

 

Si mi alma me escucha y está de acuerdo conmigo,

entonces será afortunada.

Haré que alcance el occidente como el que está en su pirámide,

que un superviviente atendió en su entierro.

Si me empujas a la muerte de esta forma,

no encontrarás dónde posarte en el occidente.

Sé paciente, mi alma, mi hermano, hasta que exista mi heredero,

que hará ofrendas y las colocará sobre la tumba el día del entierro,

y él preparará el féretro de la necrópolis.

 

Mi alma respondió a lo que dije:

“Si piensas en el entierro, es tristeza,

es lo que trae el llanto, haciendo miserable a un hombre,

es lo que aparta a un hombre de su casa

siendo arrojado sobre la colina.

No ascenderás a las alturas para poder ver a Ra.

Oh, quienes edifican con piedras de granito,

quienes construyen las pirámides hermosas

mediante trabajos hermosos,

cuando los constructores se convierten en dioses,

sus piedras de ofrendas son destruidas

del mismo modo que los débiles

que mueren en la orilla por carecer de sucesor.

La inundación se lleva sus restos

y los peces les hablan desde los márgenes del agua.

Escúchame. Mira, es bueno para ti escuchar.

Sigue el día felizmente y olvida la preocupación”.

 

Abrí mi boca y respondí a mi alma:

“Mira, mi nombre apesta,

mira, más que el olor de los buitres calvos

en un día de la estación de shemu

cuando el cielo está caliente...

Mira, mi nombre apesta,

mira, más que el de una mujer esclava

de las que se dicen mentiras por culpa de un hombre.

Mira, mi nombre apesta,

mira, más que el del niño robusto

que se dice contra él que es de su rival...

 

¿A quién hablaré hoy?

Los corazones son codiciosos.

No hay entre los hombres un solo corazón

en el que pueda confiarse.

¿A quién hablaré hoy?

No hay justos.

El país ha quedado para los malhechores.

¿A quién hablaré hoy?

No queda un solo amigo de verdad.

Uno confía sus quejas a la oscuridad.

¿A quién hablaré hoy?

El corazón alegre se fue

y aquel con quien uno paseaba ya no existe.

¿A quién hablaré hoy?

Estoy cargado por la desgracia

por falta de un amigo.

¿A quién hablaré hoy?

La maldad anda suelta por el país

y no tiene fin.

 

El Diálogo es un invaluable monumento literario en el que la muerte se ve como el final del camino del hombre, como una liberación; no hay nada después, sólo el descanso para los sufrimientos causados por la lucha cotidiana contra la naturaleza, la esclavitud, la enfermedad, la prisión, la guerra, el exilio y las propias dudas:

 

(…)

La muerte está hoy ante mí,

como la curación para un enfermo,

como salir al exterior después de una reclusión.

La muerte está hoy ante mí,

como el perfume de la mirra,

como sentarse bajo un toldo un día de viento.

La muerte está hoy ante mí,

como la fragancia del loto,

como sentarse en la orilla de la embriaguez.

La muerte está hoy ante mí,

como un camino trillado,

como el regreso de un hombre del ejercito a su hogar.

La muerte está hoy ante mí,

como la claridad del cielo, como un hombre

que encuentra allí más de lo que ignoraba.

La muerte está hoy ante mí,

como un hombre desea ver su hogar

después de haber estado prisionero muchos años.

 

Será, ciertamente,

quien está allí, como un dios vivo,

castigando el crimen de un malhechor.

Será, ciertamente,

quien está allí, en la barca sagrada,

dando alimento a los templos.

Será, ciertamente,

quien está allí como un sabio

y no es rechazado en la apelación a Ra.

Lo que me dijo mi alma fue:

“Deja las lamentaciones a un lado, oh, mi hermano.

Debes ofrecer sobre el incensario, y romper con la vida,

y del mismo modo di:

“Deséame aquí”, después de haber rechazado el occidente.

Pero cuando se desee que alcances el occidente,

Que alcancen tus miembros la Tierra,

Me posaré cuando te hayas cansado

y haremos morada juntos.


Escrito por Redacción


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