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La frase “Buscar la verdad en los hechos” es parte de la nacionalización del marxismo en China y al mismo tiempo una aportación del marxismo chino al desarrollo de la teoría revolucionaria. Sus orígenes se remontan a la dinastía Han, específicamente al Siglo I de nuestra era. A finales de la dinastía Qing la frase cobró relevancia en el ámbito educativo, incluida la Academia Yuelu, en Changsha, donde Mao Zedong pasó algunos años de su juventud y de donde, posiblemente, pasaría a ser parte de su bagaje cultural. Durante la dinastía Han la frase se refería a un estudio minucioso de los hechos contenidos en los textos, pero Mao Zedong le dio un giro significativo a su contenido, integrándolo con la teoría marxista del conocimiento y con el cuerpo teórico de los comunistas chinos. La historia de “Buscar la verdad en los hechos” está ligada a la del Partido Comunista de China.
El programa original de los comunistas chinos planteaba tomar a los obreros industriales de las ciudades costeras como el principal sujeto revolucionario para realizar una revolución socialista en el país. Este planteamiento reflejaba la realidad de un proletariado industrial chino que era históricamente muy nuevo, pero que experimentaba todos los males de la explotación capitalista. Su organización en sindicatos y su lucha permanente hacían de él, efectivamente, la clase más revolucionaria. Por esta razón, cuando el Partido comenzó a educar, organizar y propagandizar entre los obreros, rápidamente se convirtió en la cabeza de las masas en lucha. La situación alarmó a las fuerzas más radicales de la burguesía china, representadas por Chiang Kaishek, y en 1927 el Kuomintang emprendió una campaña militar para aniquilar a los comunistas de las ciudades, masacrando por igual a miembros del Partido y obreros simpatizantes. Ciudades como Shanghai y Cantón fueron bañadas en sangre.
Adentro del Partido existía una discusión sobre el papel de los campesinos. Un ala sostenía que, siguiendo la teoría marxista clásica y la experiencia revolucionaria rusa, el grueso del trabajo de educación, organización y propaganda debía concentrarse en el proletariado industrial, otra defendía la necesidad de darle al movimiento campesino una importancia similar a la del proletariado. Para los primeros, el papel del campesinado era auxiliar o subordinado con respecto al proletariado industrial; para los segundos, el campesinado podía potencialmente convertirse en la fuerza revolucionaria central. Mao Zedong pertenecía a la segunda corriente. En su Informe sobre una investigación del movimiento campesino en Hunan, (1927) Mao subraya la necesidad de apoyar el movimiento de los campesinos pobres contra el orden feudal sostenido por los terratenientes y pide a las autoridades revolucionarias “corregir las medidas erróneas” respecto al movimiento campesino, pues la dirección del Partido se había negado a ello en aras de privilegiar el trabajo obrero de las ciudades y no incomodar la alianza establecida desde 1924 con el Kuomintang.
La represión de 1927 creó una nueva situación revolucionaria. Las ciudades quedaron dominadas por el Kuomintang, los comunistas perdieron su influencia y el movimiento obrero perdió su vitalidad; mientras tanto, el campo ardía con numerosos levantamientos. Para Mao Zedong, en las nuevas condiciones el movimiento de los campesinos pobres era la fuerza central de la revolución, mientras el proletariado industrial de las grandes ciudades jugaba un papel auxiliar o secundario. La dirección del Partido negó la tesis de Mao y sostuvo la necesidad de volver a las ciudades a toda costa, pues sin el proletariado industrial a la cabeza, la revolución era inviable. Siguiendo esa línea, apoyada por la Comintern, el Partido trató de impulsar levantamientos obreros en las ciudades, pero sufrió serias derrotas debido al control y la represión de tipo fascista que ejercía el Kuomintang en las principales ciudades costeras. Por otro lado, bajo el liderazgo de Mao y otros líderes, el movimiento campesino se fortalecía siguiendo la táctica de crear bases revolucionarias en el campo (también conocidas como sóviets) aprovechando el vasto territorio y la incapacidad del Kuomintang para ejercer en todas partes la misma represión de las ciudades. Mao lo analiza en ¿Por qué puede existir el poder rojo en China? (1928). Finalmente los hechos obligaron a la dirección del Partido a abandonar sus tesis y a trasladarse a las bases revolucionarias del campo. Esta experiencia abonaría para que, más tarde, Mao Zedong se convirtiera en el principal líder del Partido.
Desde la perspectiva de Mao, conocer la teoría revolucionaria no bastaba para tener una práctica revolucionaria correcta. Era necesario siempre someter toda teoría a la práctica y modificar la teoría si ésta no se corroboraba en la realidad. En esto consiste “Buscar la verdad en los hechos”. En su “Análisis de las clases sociales de China” (1920) Mao también identifica al proletariado industrial como la principal clase revolucionaria, pero el cambio de las condiciones lo lleva a modificar su diagnóstico y a darle una importancia mayor a los campesinos pobres. En Contra el culto a los libros (1930) Mao carga contra el dogmatismo e insiste en someter toda teoría a la prueba de la realidad. “Si afirmamos que el marxismo es correcto no es en absoluto porque Marx haya sido un profeta, sino porque su teoría ha demostrado ser acertada en nuestra práctica”, dice.
Donde más desarrollada se encuentra esta concepción es en Sobre la práctica (1937). En dicha obra, Mao expone desde el punto de vista de la teoría marxista del conocimiento la necesidad de tomar la práctica como criterio de verdad. Siguiendo a Marx, Engels, Lenin y Stalin, Mao señala: “La filosofía marxista (…) subraya la dependencia de la teoría respecto a la práctica, subraya que la práctica es la base de la teoría y que ésta, a su vez, sirve a la práctica. El que sea verdad o no un conocimiento o teoría no se determina mediante una apreciación subjetiva, sino mediante los resultados objetivos de la práctica social. El criterio de verdad no puede ser otro que la práctica social”. Mao ataca al “dogmatismo” y al “empirismo”, dos corrientes que se enfrentaban en el seno del Partido, pero principalmente al dogmatismo, actitud generalizada en la dirigencia y los cuadros medios. “Descubrir la verdad a través de la práctica y, nuevamente a través de la práctica, comprobarla y desarrollarla”, sería la única manera de avanzar en el conocimiento y la transformación revolucionaria. Décadas después, en ¿De dónde provienen las ideas correctas? (1963), Mao retoma estas conclusiones de forma resumida.
En Sobre la Nueva Democracia (1939), Mao insiste: “La actitud científica es “Buscar la verdad en los hechos”. Nada se puede resolver con actitudes petulantes tales como “estimarse infalible” o “dárselas de maestro”. Extremadamente graves son los males que aquejan a nuestra nación, que sólo puede ser conducida por el camino de la liberación con una actitud científica y espíritu de responsabilidad. La verdad es una sola, y lo que determina quién la ha descubierto no son las fanfarronerías subjetivas, sino la práctica objetiva”. Esta posición, expresada por Mao Zedong, fue la que mantuvo la dirigencia del Partido desde 1935 hasta 1949.
Entre 1949 y 1976, la construcción del socialismo en China fue un proceso lleno de dificultades. El Partido siguió primero el modelo soviético, sin embargo, ya en 1958 aparecieron las discrepancias respecto a un modelo que generaba desigualdades entre el campo y la ciudad, y entre los obreros industriales y los trabajadores no industriales en las ciudades. El Gran Salto Adelante (1959-1960) y la Revolución Cultural (1966-1976) fueron intentos lanzados por Mao Zedong para crear una vía socialista propia, pero ninguna de las dos experiencias tuvo éxito. De acuerdo con la Resolución sobre algunas cuestiones históricas de nuestro Partido desde el establecimiento de la RPCh (1981), emitida por el Comité Central del Partido, pero cuyo principal responsable es Deng, la causa de que Mao impulsara esos dos proyectos radica en que él mismo se alejó de la máxima de “Buscar la verdad en los hechos”, lo cual lo llevó a cometer errores de izquierda. Viniendo de una sociedad semifeudal y semicolonial, la práctica había demostrado que China no estaba preparada para avanzar más rápido en la construcción del socialismo; sin embargo, Mao había insistido en formas superiores del socialismo que no estaban al alcance histórico de la China del Siglo XX.
Tras el fallecimiento de Mao, en 1976, Hua Guofeng quedó como nuevo líder del Partido y fijó la línea de seguir todas las políticas y todas las instrucciones del último Mao. La corriente del Partido encabezada por Deng Xiaoping rechazó esta línea como dogmatismo e insistió en la fórmula de “Buscar la verdad en los hechos” y en la práctica como criterio último de verdad. A partir de 1978, el Partido comenzó una nueva etapa en la construcción del socialismo, caracterizada por la Reforma y la Apertura, la primera etapa del socialismo y el Socialismo con Características China, reivindicando siempre “Buscar la verdad en los hechos”. La China contemporánea, liderada por Xi Jinping, sostiene los mismos principios.
La experiencia china enseña que la teoría revolucionaria existe como síntesis y sistematización de la práctica revolucionaria, pero necesita confrontarse permanentemente con la práctica para validarse, corregirse, enriquecerse y desarrollarse. Es por ello que la revista teórica del Partido se llama Buscar la verdad, como parte de la extendida “Buscar la verdad en los hechos”. En Sobre la práctica, Mao Zedong dice: “El marxismo-leninismo no ha agotado en modo alguno la verdad, sino que en el curso de la práctica abre sin cesar el camino hacia su conocimiento”. Con este principio orientador puede avanzarse en el conocimiento y transformación revolucionaria de la realidad social.
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Escrito por Ehécatl Lázaro
Columnista de politica nacional