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Poesía
La poesía bélica del Antiguo Egipto
Los conflictos bélicos, al servicio del aparato estatal, funcionaron como mecanismos de legitimación del poder del Faraón.


El poema de Pentaur

En el Antiguo Egipto los conflictos bélicos, al servicio del aparato estatal, funcionaron como mecanismos de legitimación del poder del Faraón, encarnación de Ra, la divinidad central en un sistema politeísta. 

Pentaur es el nombre del escriba egipcio a quien se debe una copia de este famoso poema que describe la batalla de Qadesh, sostenida en territorio de la actual Siria entre los ejércitos del Faraón Ramsés II y el rey hitita Muwattalli, quien vivió durante los reinados de Ramsés II y de su hijo Merenptah, a mediados del año 1274 a.C.; habiendo resultado en un empate, este enfrentamiento dio pie al primer tratado de paz registrado en la historia.

El Poema de Pentaur tiene como finalidad exaltar en toda su magnificencia la imagen del Faraón. Dotado de todas las cualidades de la realeza divinizada: salud, vigor, belleza, arrojo, destreza en el combate, modestia, generosidad; es capaz de infundir terror en el enemigo con su sola presencia, y de obligar a todos los súbditos y tributarios del imperio a combatir con él; todo sin dejar de ser un hombre piadoso capaz de lograr la simpatía y la ayuda de los dioses. Se trata, pues, de una obra de propaganda imperial en toda forma, antecedente de las más famosas epopeyas europeas destinadas a afianzar el poder feudal. 

Aquí empieza la victoria del Rey del Alto y Bajo Egipto, Usermaatra-Setepenra, el Hijo de Ra, Ramsés-Meriamón. que logró en el País de Hatti, Naharina, en la Tierra de Arzawa, de Pidasa, en la de Dardani, en la de Qadesh, el de Ugarit y el de Muoshanet.

Su Majestad era un señor pleno de juventud, activo, sus miembros potentes, su corazón vigoroso, su fuerza como la de Montu, perfecto de aspecto como Atum, era regocijante ver su belleza, grande de victorias, no se sabía cuando deseaba combatir.

Era un sólido muro para su ejército, su escudo el día del combate, un arquero sin igual. Es más valiente que centenas reunidas, como el fuego en el momento que se consume, un millón de hombres son incapaces de permanecer de pie delante de él, ignorando el pavor, como un león salvaje en el valle de los animales del desierto; no habla como un jactancioso, salvando su ejército el día del combate, devolviendo al hogar a sus seguidores y salvando a su infantería. Su corazón es como una montaña de cobre.

Cuando Su Majestad tuvo su infantería preparada, sus carros y los shardana de las capturas de Su Majestad que ha traído con la victoria de sus brazos vigorosos, y el plan de batalla le fue confiado, Su Majestad partió en dirección al norte e hizo una buena partida en el quinto año, el segundo mes de la estación de verano, el noveno día.

Su Majestad pasó la fortaleza de Tjaru, poderoso como Montu en su aparición, todos los países extranjeros temblaban delante de él y sus jefes aportaban sus tributos. El ejército costeó los estrechos desfiladeros como si tomara las rutas de Egipto.

Cuando los días pasaron, Su Majestad estuvo en Pi-Ramsés-Meriamón, la Ciudad que está en el Valle de los Cedros. Y Su Majestad continuó hacia el norte como Montu Señor de Tebas, y atravesó el vado del Orontes con la primera división de Amón que dio la victoria a Usermaatra-Setepenra.

Su Majestad llegó a la ciudad de Qadesh y mientras el vil vencido de Qadesh había llegado y reunido a todos los países extranjeros hasta los confines del mar. La tierra entera de Hatti había llegado, igual que la de Naharina, Arzawa, Dardani, la de Keshkesh, de Masa de Pidasa, la de Arwen, las de Karkisha, Luka, Kizzouwadna, Karkemish, Ugarit, Kady, toda la tierra de Noukhashé, Moushanet y Qadesh. No dejó abstenerse a ningún país, ni aún los más lejanos, y sus jefes estaban con él. Cada hombre con su infantería y sus carros superaba, cada uno, cualquier límite. Corrían por montañas y valles: eran como langostas, debido a su multitud.

Pero no le quedaba más dinero que el que retiró de sus bienes y que dio a los países extranjeros para que vinieran a combatir con él.

Entonces, el vil vencido de Qadesh, junto con las numerosas naciones extranjeras que estaban con él, se encontraban reunidos y listos al noreste de la ciudad de Qadesh, pero Su Majestad estaba solo, teniendo a su lado a sus seguidores la división de Ra atravesaba el vado de los suburbios del sur de la ciudad de Shabtuna, a una distancia de un iteru del lugar donde estaba Su Majestad y la división de Ptah estaba al sur de la ciudad de Aronama; la división de Set marcaba al costado de la ruta. Además, Su Majestad había armado su “fuerza de choque”. Estaba reunida en la orilla del país de Amurru.

Pero el vil vencido, jefe de Hatti, se encontraba en medio de su ejército que estaba con él, pero que no vino para combatir, de miedo a Su Majestad.

Sin embargo, había lanzado sus hombres y sus caballos pasando la multitud como los granos de arena: tenía tres hombres en un solo carro que estaba equipado con armas e instrumentos de guerra. Habían sido reunidos para ocultarse detrás de la ciudad de Qadesh, y en ese momento llegaban del lado sur de Qadesh y cortaban el ejército de Ra por la mitad, mientras llegaba: ya no supo dónde prepararse para combatir.

Por eso la infantería y los carros de Su Majestad, quedaron desamparados, mientras que Su Majestad estaba al norte de la ciudad de Qadesh, en la orilla oeste del Orontes. Se fue a informar a Su Majestad del ataque.

Entonces, Su Majestad apareció en gloria como su padre Montu; endosó el equipo de batalla y se puso su corselete.

Entonces Su Majestad partió al galope y entró en la horda de los vencidos de Hatti, solo, sin nadie con él. Su Majestad se puso a mirar alrededor de él y vio que le rodeaban dos mil 500 carros, compuestos por los mejores guerreros de los vencidos de Hatti y de las numerosas regiones extranjeras que estaban con ellos, de Arzawa, de Masa y de Pidasa, habiendo tres hombres por carro, actuando con fuerza, mientras que no había ningún oficial superior conmigo, ni carros, ni soldados del ejército, ni escuderos, mi infantería y mis carros se habían dispersado delante y no había quedado ni uno para combatirlos.

¿Es el papel de un padre ignorar a su hijo??¿He faltado hacia ti? ¿En nada desobedecí lo que me has ordenado! ¿Te harás cargo, oh, Amón, de estos asiáticos tan viles y tan ignorantes de Dios? ¿No te he erigido numerosos monumentos y colmado tu templo con mis botines? ¿No construí para ti mi Casa de Millones de Años?

Te he ofrecido todos los países juntos para enriquecer tus ofrendas e hice sacrificar para ti diez millares de cabezas de ganado y todo tipo de hierbas aromáticas. Construí para ti grandes pilonos, y erigí sus astas, yo mismo, aportando para ti obeliscos de Elefantina; yo mismo hice de cantero y conduje por ti naves en el Gran Verde, para aportarte productos de los países extranjeros! ¡Haz el bien para quien se dirige a Ti!

Apelé a ti, mi padre Amón, cuando estaba en medio de multitudes que no conocía. Todos los países extranjeros estaban en contra de mí, estando solo, nadie conmigo, mi numerosa infantería me había abandonado y ninguno de mis carros me buscó. No cesé de llamarlos, ninguno de ellos me escuchó.

Encontré a Amón más útil que millares de soldados de infantería, que centenares de millares de carros y aun que diez mil hermanos e hijos unidos en un solo corazón. ¡Oh Amón!, no he sobrepasado tu voluntad. Rogué en los confines de los países extranjeros y mi voz alcanzó la ciudad de Heliópolis del sur. Encontré a Amón cuando lo llamé. Me llama detrás de mí, como si estuviéramos frente a frente: “Estoy contigo, soy tu padre, mi mano está contigo, soy más útil que centenares de miles de hombres. Soy el señor de la victoria”.


Escrito por Redacción


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