Las Mariposas de Minab no pretende ser únicamente un homenaje artístico. Es también una invitación a no acostumbrarse al sufrimiento ajeno.
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Una vez más, Rusia da lecciones de geopolítica: emplea su gas natural para reforzar el vínculo con la Casa Blanca y desarticula la operación de Europa y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en su contra en Ucrania.
Se sabía que Estados Unidos (EE. UU.) agotaba su reserva estratégica para contener el alza en el precio del diésel, y de pláticas secretas en Ginebra; la sorpresa provino del acuerdo con Rusia, que suministra nuevamente el combustible al mercado mundial, anunció Donald Trump.
Además, el magnate decretó el fin de la guerra energética contra refinerías rusas y agregó: “es hora de que Ucrania tenga un buen presidente”. Lo humillante fue que, de ese alto al fuego, el líder del régimen de Kiev, Volodimir Zelenskiy, se enterara por la televisión.
Era el nueve de octubre y con esos anuncios daba un vuelco de 180 grados la innecesaria guerra del Occidente Colectivo contra Rusia. El retorno del gas ruso al mercado mundial confirma una vez más que, pese al incipiente desarrollo de fuentes alternas, en este momento, la energía fósil aún es el bien geopolítico más importante de nuestra civilización.
Rusia, poseedor de abundantes hidrocarburos fósiles, se posiciona en el mundo como actor fundamental frente al nuevo escenario geopolítico de la posguerra en Ucrania: la reactivación del negocio energético con inversionistas estadounidenses, cataríes y emiratíes.
El mensaje del presidente ruso, Vladimir Putin, fue visionario. Desde el Foro Internacional de la 9ª Semana Rusa de la Energía, en el Centro de Exposiciones Manezh, describió que el sector cambia ante un contexto de desafíos geopolíticos y mejora tecnológicas. Y afirmó que el diálogo y la cooperación internacional favorecen el crecimiento económico.
Así, mientras Donald Trump agradecía a Putin por el acuerdo, Moscú retiraba sus restricciones para exportar ese combustible. Según el cronograma, enviará 300 mil toneladas al mercado en octubre, en noviembre 500 mil, en diciembre un millón; y a largo plazo, el flujo llegará a 3.5 millones de toneladas mensuales.
Ése es el significado del pacto; estabiliza el mercado energético mundial al restablecer gradualmente el comercio de productos energéticos y agregará más certidumbre al mercado.
El acuerdo fue tejido por el yerno de Trump, Jared Kushner y el director del Fondo de Inversión ruso, Kirill Dmitriev. La inversión se destinará a rehabilitar los gasoductos rusos Nord Stream para reanudar el flujo de gas hacia Europa.
Sin embargo, México enfrenta un dilema, pues importa cerca del 40 por ciento del diésel consumido diariamente. Ocurre lo mismo con otros países latinoamericanos dependientes del combustible estadounidense, que optaría por mantener su veto a las exportaciones.
Rabia neofascista
A unos 860 kilómetros al oeste de Moscú, indignado por ese acuerdo con Putin, considerada la traición de Trump, Zelenskiy declaró al Financial Times: “Se levantó el veto (para no atacar refinerías rusas). Hemos terminado. Putin es el verdadero diablo. ¿Cómo puede Trump tener amigos como él?” Dolido, el ucraniano constató que EE. UU. lo abandona, ¡y lo desafió!
Desde entonces el régimen neofascista consumó nuevos ataques contra objetivos rusos; el más grave ocurrió la madrugada del 18 de octubre, cuando 150 drones neofascistas arremetían contra la más importante infraestructura petrolera, logística y digital de San Petersburgo y Leningrado que, además, dejó un muerto y varios heridos.
Ante la bravata del que por años ha sido protegido de Washington y Bruselas, Donald Trump reconoció: “Zelenskiy no quiere poner fin a esta guerra y probablemente nunca lo quiso”. Y reprochó que mientras él negocia la paz con Rusia, no quiere hacer nada que, por imprudencia, la aleje de la mesa de negociaciones.
Consciente del riesgo ocurrido por el pacto del diésel, y de la suculenta inversión que rescataría los gasoductos rusos Nord Stream, Trump fustigó a Zelenskiy y defendió su decisión de frenar nuevas sanciones contra el Kremlin.
Entretanto, Europa sigue en situación de urgencia energética, pues enfrenta precios de mil 642 dólares por tonelada métrica de diésel, la tarifa más alta desde 2007.
Un día después de la ofensiva neofascista contra San Petersburgo y del ascenso del movimiento estudiantil en su país, el presidente de Francia visitaba las monarquías del Golfo Pérsico para garantizar el suministro de gas y petróleo.
Ante la grave escasez de energía, el primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico recordó que en la película Apollo 13 se pronuncia la famosa frase: “Houston, tenemos un problema” y señaló: “pues Europa posee un grave problema de energía y la situación se complica con el aumento del precio de esta materia prima”.
Esa evidente falta de visión geopolítica de la Unión Europea (UE), que apoyó las sanciones contra Rusia, causó además del alza en las tarifas, el retraso del suministro, la crisis en Alemania –para muchos analistas ése es el trasfondo de su recesión– y la grave división interna.
Debido a la falta de combustible del oleoducto Druzhba, se resintieron las economías de Eslovaquia y Hungría, igualmente Polonia, con obstinada crítica ante el Kremlin, cuyas empresas perdieron millones de euros diarios por la obligada transición hacia fuentes más costosas. En ese contexto de crisis energética, muchos ven con optimismo que se abriera la inesperada vía de cooperación entre EE. UU. y Rusia con el retorno del gas ruso al mercado.
Diésel y elección
Trump ha lidiado con varios frentes abiertos: mantener el control del Congreso en la próxima elección legislativa y la presión del mercado energético tras su equívoca decisión de sumarse a Israel para atacar a Irán.
La inesperada ola expansiva tras la decisión frenó la exportación global de crudo y sus derivados. Por tanto, países de Medio Oriente pararon el suministro de diésel a EE. UU., que usó sus reservas de ese combustible y de turbosina.
Y de ahí la escalada de precios; porque aumentaron las facturas y el descontento, ya que el diésel alimenta fábricas, maquinaria agrícola, camiones, trenes de carga y transporte, aviones y otros vehículos.
El alza en las tarifas evidenció el colosal error en el cálculo de Washington, que no advirtió las secuelas de su operación en el Golfo Pérsico, justo cuando Kiev lanzaba sus ataques terroristas sobre infraestructura energética rusa.
Para algunos, esa estrategia combinada en dos frentes no fue casual. En todo caso, la ofensiva del régimen ucraniano ‒auspiciada por sus aliados‒ dañó refinerías, gasolineras y almacenes rusos, que redujeron 1.6 millones de barriles diarios de la producción de crudo ruso respecto al nivel de febrero, según estimaciones.
Esa amenaza sobre la producción, almacenamiento y flujo de combustible tensó la geopolítica internacional que incrementó los precios en EE. UU. y agudizó la endémica dependencia energética de Europa.
Sólo en septiembre, los estadounidenses pagaron 6.29 dólares por galón de diésel, contra 3.72 dólares que pagaron el trimestre previo; esa alza superó el récord de 5.8 dólares en junio en 2022, un aumento cercano al 70 por ciento.
A la crisis de escasez y altos precios siguieron protestas de conductores, obreros, agricultores y trabajadores de reparto. La presión proviene de los trabajadores en Ohio y Tennessee, de estados demócratas indecisos de Georgia y California y de los republicanos Texas y Oklahoma.
En vísperas de la elección del tres de noviembre, Trump debía responder a su base electoral consciente de que se juega el todo. Ése fue el motor detrás de su pacto con Moscú. Para el Kremlin, la prioridad, sin prisa, radica en eliminar –o aliviar– las sanciones occidentales.
Repartir el negocio
Los expertos anticiparon que, en pleno otoño y con el invierno pronto, urge restaurar el complejo Nord Stream para influir en los precios del gas. Por ello, EE. UU. busca a Rusia para repartirse el negocio del gas europeo.
El plan contempla crear un consorcio –supervisado por la Agencia Federal de Inversión– con fondos de inversionistas procedentes de EE. UU., Qatar y Emiratos Árabes Unidos, que adquieran los activos de la rusa Lukoil. Ello incluye: unas 2.5 mil gasolineras en 19 países (incluidas 200 en Nueva York, Nueva Jersey y Pennsylvania), así como 315 en Rumania, 220 en Bulgaria, 430 en Finlandia y 100 en Moldavia; además de refinerías en Europa occidental (Italia y Turquía).
Está pendiente por resolver la disputa sobre el control jurídico de la infraestructura gasera rusa en Europa y rehabilitarla. Gazprom posee 51 por ciento, y el resto es de una firma francesa y otra neerlandesa.
Hay obstáculos físicos, jurídicos y políticos, pero Trump tiene prisa. En unas semanas enfrentará las elecciones legislativas, y si ganan los demócratas, perderá su ventaja; debe convencer –o presionar– a Europa para que utilice el gas ruso nuevamente; pero Bruselas –en particular Alemania– se oponen a modificar la red de sanciones a Moscú.
Como EE. UU. aspira a proveerse permanentemente de energía, había maniobrado para rehabilitar los gasoductos rusos Nord Stream 1 y 2, saboteados en 2022.
En marzo de 2025, el exdirector del Nord Stream 2, Mathías Warnig propuso invitar a inversionistas estadounidenses para reabrir ambos ductos. Según medios europeos y norteamericanos, el yerno de Donald Trump, Jared Kushner y el representante del Kremlin, Kirill Dmitriev, han platicado al respecto.
Activar Nord Stream 1, propiedad de la estatal rusa Gazprom, también sería un movimiento para terminar la guerra contra Rusia en Ucrania, en tanto Washington y Moscú profundizan sus lazos económicos.
Ese ducto de mil 224 kilómetros, construido entre 2010-2012, conecta Vyborg, Rusia con Greifswald, Alemania por el Báltico. Brindó energía barata y constante a Europa en la Era Dorada entre el Kremlin y Occidente, proyectó el softpower (poder suave) ruso y consolidó la interdependencia estratégica.
Tras el golpe contra el presidente ucraniano Viktor Yanukovich y el ascenso neofascista en Kiev, la canciller alemana Angela Merkel pactó con el presidente ruso Vladimir Putin la construcción del Nord Stream 2 (entre 2018 y 2021).
Para Europa, esos ductos garantizaban el suministro de energía que tanto necesita, pues antes de 2022 Rusia le proveía 30 por ciento del petróleo que consumen los socios del bloque y 40 por ciento del gas natural licuado.
En términos geoestratégicos y geopolíticos, el Nord Stream 2 significaba más que un gasoducto, permitía el ingreso del gas natural licuado ruso a Alemania evitando el paso por otros países. Esa vía nunca entró en operación.
En la cumbre 2018 de la OTAN se afirmó que Alemania estaba “bajo control de Rusia” y que ello era malo para la alianza. Sobre todo, EE. UU. se opuso y la consideró un riesgo geopolítico a su hegemonía en Europa. Por ello sancionó a las firmas que ahí participaban: Gazprom, GASF, E. ON y otras.
Esa manipulación perjudicó a otros países que eran –y son– más dependientes de la energía rusa que Alemania, como los Bálticos, que importan 100 por ciento de su gas ruso y que no los privó de ese recurso.
Con las sanciones a Moscú, llegó el “efecto boomerang” para los europeos: perdieron su seguridad energética, pagaron más por el gas y se dividieron: Eslovaquia, Serbia, Austria y otros están a favor de consumir energía rusa.
El sabotaje a los Nord Stream en 2022 y las sanciones a Rusia causaron la desconexión energética ruso-europea, cuya consecuencia fue la alineación política de la UE con los objetivos de seguridad nacional de EE. UU., que aumentó históricamente sus ventas en el mercado europeo.
Tal escenario confirmó que cuando se interrumpe una ruta de un bien básico no sólo se detiene el suministro, sino que todo el sistema colapsa. Pese a las sanciones a Moscú, y a la compra de combustible en mercados alternos, Europa no ha suspendido el consumo de energía rusa, confirmó el Viceprimer ministro ruso encargado de energía, Alexander Novak, el 12 de octubre.
Desde 2022, los europeos han comprado unos 320.7 mil millones de dólares (mdd) en recursos energéticos. Sólo a septiembre de 2026, esos clientes adquirieron 21.3 mil mdd en hidrocarburos.
“Continuamos proveyendo energía y recursos; esperamos que, a fin de año, esas exportaciones alcancen el nivel previo al conflicto”, precisó Novak. Sin embargo, la Unión Europea se rebeló cuando Donald Trump anunció que importará diésel ruso.
El clima se agitó más cuando Suecia, con España, Países Bajos y Polonia, llamaron a los socios del bloque a “usar los fondos rusos” que ilegalmente bloqueó (unos 235.8 mil mdd) para “intensificar” su apoyo al régimen de Kiev. Muchos critican a las autoridades europeas por su actitud antirrusa.
El legislador eslovaco Lubos Blaha denunció la “hipocresía europea”, que desacreditó las pasadas elecciones en Rusia, cuando Estonia arrestó al líder de la oposición que rechaza la guerra contra Moscú, mientras ciudadanos de España, Francia y Alemania exigen a sus gobiernos rechazar el genocidio en Gaza. Energía y economía son el binomio de la geopolítica rusa, que desde 1998 ha sido ejemplo de asertividad.
El acuerdo
En cuanto se levante parcialmente la prohibición a exportaciones de diésel, Rusia lo suministrará en tres etapas: 300 mil toneladas iniciales en octubre, 500 mil más en noviembre y un millón después. Llevará al máximo de 3.5 millones de toneladas mensuales de diésel al mercado global, incluido América Latina.
Todo avance al acuerdo Trump-Putin que contemple el retiro parcial y temporal de las sanciones al Kremlin deberá ser revisado por la estadounidense Corporación Financiera para el Desarrollo Internacional (DFC, en inglés) y el Departamento del Tesoro para confirmar “que beneficie a los contribuyentes y empresas de EE. UU.”, explican analistas.
El propio Departamento del Tesoro estadounidense solicitó al Fondo Ruso de Inversión Directa para coordinar los aspectos logístico-económicos del pacto.
Sabotaje y reparación
A tempranas horas del 26 de septiembre de 2022 se detectó una explosión en el Nord Stream 2, cayó la presión y el gas escapó hasta la superficie al sureste de la isla danesa de Bornholm. 17 horas después ocurría lo mismo con Nord Stream 1 en tres fugas que hizo inoperables los gasoductos.
Solamente quedó intacto un ramal del Nord Stream 2. Esto ocurrió un día después de que Polonia y Noruega abrieran el gasoducto alternativo Baltic Pipe, con gas del Mar del Norte, que cruza Dinamarca para evitar el gas ruso.
En torno al juicio por sabotaje que se sigue en Alemania, buzos de la Marina ucraniana aprovecharon maniobras de la OTAN en el mar Báltico para colocar explosivos en tuberías de los dos Nord Stream, que tres meses después detonaría la Armada noruega.
El periodista francés y Premio Pulitzer Seymour Hersh no descarta que EE. UU. estuviese detrás de ese sabotaje para forzar el quiebre del suministro.
Ya no habrá precios ba
En la segunda semana de octubre, en pleno otoño y a 15 días de que EE. UU. renueve su Congreso, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) pronosticó el incremento de 2.6 millones de barriles diarios en la demanda global de petróleo para 2027, frente a lo que este 2026 ha sido un crecimiento casi nulo.
Aunque Rusia se apresta para liberar ese combustible, en EE. UU. los precios se mantienen (6.30 dólares por galón). Lo cierto es que el mercado seguirá bajo presión, con precios de crudo altos en 2027. Tampoco se espera que países ajenos a la (OPEP+) aumenten la oferta ni se acerquen al ritmo previo a la reducción de las reservas mundiales de diésel.
Mientras tanto, los gobiernos se ven obligados a reponer sus existencias. En esa urgencia, importadores netos de petróleo, como Japón, buscan crear lo que llaman una Gran Reserva Estratégica de Petróleo para Asia Oriental.
Las Mariposas de Minab no pretende ser únicamente un homenaje artístico. Es también una invitación a no acostumbrarse al sufrimiento ajeno.
Los republicanos tienen miedo y los demócratas ven la oportunidad y la esperanza de que en las elecciones del tres de noviembre tomen el control de la Cámara de Representantes o del Senado.
La cooperación ocurre sólo en la medida en que las dos potencias no pueden vivir separadamente.
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Se espera que la reunión ocurra los días 18 y 19 de noviembre, en el marco del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico.
El presidente de Ucrania afirmó que su país necesita poner fin al conflicto lo antes posible y confió en que Estados Unidos y Europa ayudarán a detener la guerra.
Rusia y Ucrania podrían retomar las negociaciones trilaterales en noviembre, con la participación de Estados Unidos, en un nuevo intento por encontrar una salida a la guerra que ya dura más de cuatro años.
La decisión fue aprobada el 20 de octubre en una reunión encabezada por el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir; su instalación está prevista para los próximos meses.
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Escrito por Nydia Egremy
Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.