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Entrenamiento, Bases y Militarización en América Latina, de Pablo Ruiz Espinoza
Este libro es una manera de comprobar una vez más que las ideas que presentan al Estado como una blanca palomita por encima de las clases sociales, es una fantasía


Mientras usted lee esta nota, ocurre un febril entrenamiento a policías y militares de Latinoamérica para prepararlos como cuerpos “antidisturbios”, para enseñarles a reprimir “alteraciones a la paz” en las que usted, pacífico ciudadano, muy probablemente ya participa o vaya irremediablemente a participar; todo para ponerle a usted, pues, un democrático estatequieto. Eso queda claro, entre otras razones, después de leer la compilación que hizo Pablo Ruiz Espinoza, apenas hace unos meses, en el libro titulado Entrenamiento, Bases y Militarización en América Latina: La OTAN y Estados Unidos en América Latina,que presenta 18 estudios, ensayos y artículos de diversos autores, de esos que brotaron de las venas abiertas del subcontinente.

Todo al amparo y con recursos del Comando Sur de Estados Unidos, la ILEA, el Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad o WHINSEC (antes Escuela de Las Américas), la CIA, USAID y muchas ONG alimentadas con dinero gringo y hasta de la propia OTAN. Y no son infundios: el libro da sobradas pruebas de sus denuncias y de que Estados Unidos no es una mera influencia externa, sino un actor directo, involucrado totalmente en la violencia que ejercen las clases opresoras subordinadas al Capitolio, siempre dispuestas a aceptar sumisamente la invasión directa, como el secuestro de Maduro –que pasó apenas un mes después de que apareciera este libro–. En él se da cuenta de cómo “…se utilizan mecanismos represivos de índole ideológica, mediática, jurídica, militar, por sectores de las clases dominantes, el bipartidismo, las Fuerzas Armadas y el Estado, para perseguir a los adversarios sociales y políticos…”.

Este libro es una manera de comprobar una vez más que las ideas que presentan al Estado como una blanca palomita por encima de las clases sociales, es una fantasía. En realidad, es una máquina para reprimir violentamente, una banda de bestias sin escrúpulos, para garantizar la extracción de recursos y de plusvalía. Desde Washington señalan su tarea: “…seleccionar personal civil y militar con miras a un entrenamiento clandestino en operaciones de resistencia, (…) y, en la medida en que sea necesario, ejecutar actividades paramilitares, de sabotaje y/o terroristas, contra partidarios del comunismo conocidos” (es decir, contra quienes razonen de forma independiente a lo que impone Estados Unidos).

El compendio da cuenta, además, de que el origen verdadero del terrorismo y, más aún, del terrorismo oficializado, de Estado, se encuentra en la injerencia gringa. Ésos tampoco son infundios, Ruiz proporciona cinco aspectos centrales de esta intromisión que le tocará a usted encontrar en el libro, antes de que se la apliquen o cuando menos para que sepa usted que lo atropelló un efecto de esa ingeniería de la destrucción.

Un ejemplo: Es falso que hayan desaparecido las bases militares gringas en Colombia; y no son siete, actualmente son entre 40 y 50 bases militares, son dinámicas. Con ellas y las del Caribe, de la Amazonía y de la zona andina se fue creando un cerco geoestratégico a Venezuela que se fue reforzando en los últimos 15 años y dio como resultado el secuestro del tres de enero. Pero para garantizarlo hubo que destinar por décadas 82 mil militares fuertemente armados a la entrada de cada mina, cada puente, refinería e infraestructura estratégica de Colombia; asesinar a más de 450 mil personas y desplazar a ocho millones: militarización comprobada, claro, con asesoría gringa para actuar con “espectro completo”, es decir, para derrotar al adversario a como haya lugar, sin limitación o condicionamiento jurídico o moral de ninguna clase.

Esta inmoralidad incluye hacer experimentos químicos y bacteriológicos con personas sin que ellas supieran o dieran su consentimiento para tales pruebas. La denuncia es clara: mientras usted sigue leyendo (o ve videos en su celular) nos preparan una futura guerra biológica. Y otra vez: no es alarmismo, las evidencias aportadas son abrumadoras.

Este proceso se desarrolla en un marco de creciente autoritarismo y tendencias de fascistización, privatización de la función policiaca y militar, mercenarismo y criminalización de casi cualquier protesta.

Admirable es la cantidad de encomiables propuestas que hacen los diversos autores de este libro, aunque la inmensa mayoría se limita a medidas jurídicas, mas “Lo que está en juego no es sólo la soberanía… sino… la existencia misma de los pueblos… y la posibilidad de construir sociedades justas, pacíficas…”. Ante semejantes amenazas, en la era en que ninguna ley vale para el imperialismo si no es su propia voluntad, no es demagogia decir que sólo los pueblos organizados y en lucha pueden detenerlas, imponiendo la voluntad popular. 


Escrito por Luis Miguel López Alanís

Periodista y escritor. Autor del libro “Ecos de los organizadores”.


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