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Reportaje
Tecno-oligarquía, la gran electora en EE. UU.
Esta campaña confirmó que, en EE. UU., corporaciones y megamillonarios pueden comprar una elección.


Las donaciones de Silicon Valley están diseñando la política del Capitolio. El peso de corporaciones tecnológicas sin precedentes y el sector de criptomonedas definen la agenda de desregulación en la hiperpotencia bélica.

Esta elección de medio término para el Congreso se efectúa con varios frentes bélicos abiertos al exterior de Estados Unidos (EE. UU.), y una difícil situación doméstica por la inflación de 3.56 por ciento, precios altos y crisis energética que enturbian el futuro de la clase trabajadora.

Diez días antes llegó un golpe inesperado para la Casa Blanca: la reelección del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, que frenó el porfiado avance neocolonial estadounidense. De esa humillación, Donald Trump sólo se resarció con la reelección del neofascista israelí Benjamín Netanyahu, que así cumplía el deseo de su protector.

En ese clima externo e interno se desarrollarán las votaciones que definirán el próximo Congreso de EE. UU. Aunque el aspecto más relevante deriva de que ha sido la contienda más costosa en la historia del país; porque a finales de octubre se habían recaudado más de 15 mil millones de dólares (mdd) en donaciones privadas, cifra que dibuja el futuro al gusto del gran capital.

En corto tiempo, el poder de la tecnopolítica evolucionó: de optimizar datos hasta alcanzar una fuerza que ya trastocó la estructura democrática de la superpotencia, porque ha escalado la influencia política de los apoyos financieros privados por encima del valor del voto ciudadano.

La clave del sistema son las donaciones multimillonarias. La mayor parte ha sido en efectivo y en secreto: “Quizá nunca se conozca su origen”, alerta el analista Michael Waldman.

Ahí es donde el dinero rompe el equilibrio político en la contienda entre republicanos y demócratas. Los primeros buscan mantener su mayoría legislativa favorable a Donald Trump; y los segundos pretenden recuperar su liderazgo y cambiar una presidencia polémica.

Esos millones sirven a los partidos que disputan 435 escaños en la Cámara de Representantes, 35 asientos del Senado y 39 de las gubernaturas en la elección del tres de noviembre.

El resultado afecta a México, pues para algunos, si Donald Trump pierde no tendrá poder para atacar a nuestro país. Olvidan que, tras su derrota legislativa en 2018, él mantuvo el control de la política.

Lo cierto es que permanecerán intactas las facultades y agendas de Trump hacia México, pues los demócratas sólo influirían en supervisar su actuar. Por tanto, mantendrá su política de presión sobre México y las expulsiones a migrantes.

Donar e influir

Esta campaña confirmó que, en EE. UU., corporaciones y megamillonarios pueden comprar una elección. En sólo unos lustros ese segmento de la sociedad, ese uno por ciento de la población global, aumentó sus donaciones partidistas para su propio interés.

Este año vio la escalada de inversión de multimillonarios a los comicios de medio término. Las aportaciones pasaron de 32 mil mdd en 2010, a 1.7 billones este 2026, según la coalición Fondo de Acción de Estadounidenses por la Equidad Fiscal.

En abril ya habían derramado mil 600 millones para esta contienda; y al 28 de agosto, unas 170 familias multimillonarias habían donado más de mil 700 mdd para influir en el Congreso. Sólo 17 de ellas donaron en grupo 363 mdd; suma superior al récord de mil mdd invertidos en el mismo ciclo electoral de 2022.

La lista de grandes donadores a las campañas ostenta el interés del gran capital por usar esa inversión a su favor, porque definen la agenda y curso del Congreso estadounidense. Basta observar quiénes, cuánto y a qué partido se orientan esas aportaciones; aunque muchos permanecen fuera de la lente.

 

 

Se sabe que Elon Musk, el fundador de Tesla, SpaceX y X, donó 366 mdd a grupos como America PAC (76 mdd), Fundación para el Liderazgo en el Senado (158 mdd) y a la Fundación del Liderazgo en el Congreso (20 mdd) a favor de los republicanos.

Entre los grandes donadores del “Big Tech” –incluido el sector de la inteligencia artificial (IA)– figuran: Greg y Anna Brockman, quienes dieron entre 25 y 50 mdd a Maga Inc., y contribuciones al rubro de criptomonedas por unos 377 mdd para ambos partidos.

Ahí están los 42.8 mdd de Marc y Laura Andreesseen; 45.3 mdd de Ben y Felicia Horowitz; 65.7 mdd de Chris Larsen, de Laboratorios Ripple y criptomonedas, con 52.6 mdd de Tyler y Cameron Winklevoss.

Los oligarcas apuestan a ganar; por eso no sorprenden sus donaciones para ambos partidos. Así ocurrió con los 10 mdd del cofundador de LinkedIn, Reid Hofmman, para el candidato demócrata al Senado, James Talarico. Y los cinco mdd del exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg para el asambleísta demócrata Micah Lasher.

La mayoría de los megamillonarios donó mediante grupos, como Fairshake, a candidatos –sin importar el partido– que apoyan a tecnológicas y criptomonedas, según estudios de la National Public Radio y el canal Consumer News and Business. Este proceso de donación se ha legitimado en el sistema legal estadounidense.

Desde 2010 se abrió la compuerta a donaciones ilimitadas de multimillonarios y corporaciones, cuyo fallo por el caso Citizens United vs. Federal Election Commission, la Suprema Corte estableció que donar dinero a las campañas “es una forma de libertad de expresión” y la protege la Primera Enmienda.

Desde entonces, ese gasto político del gran capital se ha multiplicado por 53. Menos del 20 por ciento de esas donaciones pasan por los Comités de Acción Política (PAC), que sólo aceptan donaciones limitadas de particulares y restringen la interacción con los candidatos.

En cambio, las grandes aportaciones fluyen por los “Super Pac” –grupos de “gasto independiente”– que se dirigen hacia entidades donde hay gran rivalidad entre republicanos y demócratas, y que reciben sumas ilimitadas de corporaciones, sindicatos, asociaciones o personas.

Destaca que las contribuciones fluyan hacia el bando republicano más que para demócratas; tanto, que la proporción alcanza el dos a uno. El objetivo definitivo de los donadores es influir sobre las políticas regulatorias de esos sectores y, fundamentalmente, adjudicarse contratos federales.

Empresas de IA y criptomonedas gastaron más de 127 mdd en las elecciones primarias desde febrero. Todo ese dinero tendrá impacto en la gestión gubernamental.

Y aunque organizaciones civiles y los mismos estadounidenses exijan más transparencia, parece no aplicarse en este sustantivo rubro de la relación Estado-donantes.

El alcance e influencia de la tecnopolítica en Washington se manifestó durante esta campaña. Se sabe que sus asesores sugerían a candidatos demócratas no abordar el escabroso asunto de las regulaciones a la IA, pues temían convertirse en objeto de acoso y hostilidad de las empresas tecnológicas, reveló el medio especializado en temas legislativos, Politico.

Mientras tanto y sin trabas legales, centros de inversión financiera y empresas de juegos de azar habrían aportado unos 377 mdd, indican estudios del Centro Brennan por la Justicia.

Ante ese poder e influencia, los ciudadanos, incluso la prensa corporativa, denuncian que existe corrupción, inequidad y opacidad en las elecciones.

“Año tras año se denuncia la corrupción, pero los políticos no aprueban leyes más estrictas sobre financiamiento de campañas. El próximo Congreso debe tener ese objetivo”, publicó en agosto The New York Times.

Choque Trump-Congreso

La tensión entre el Ejecutivo y el Capitolio creció por las decisiones unilaterales de Trump, que insiste en no solicitar autorización formal al Legislativo, so pretexto de que ahí se filtra la información de sus operativos bélicos al exterior.

Sin autorización del Congreso emitió su ofensiva contra Irán que, para la Cámara de Representantes, rebasa el Memorando de Entendimiento firmado con Teherán. Por ello, el cuatro de junio, esa Cámara emitió la resolución que limita los poderes bélicos de Trump, que calificó la medida como “antipatriótica”.

Y el 29 de junio, todo el Congreso aprobó una Resolución Concurrente de la Ley de Poderes de Guerra (1973), que obligaba a Trump a concluir su guerra contra Irán. Y aunque, según sondeos de CNN, el 78 por ciento de los estadounidenses quiere terminar ese conflicto ahora, el magnate no lo atendió.

El representante demócrata por California, Ro Khanna denunció: “esos ataques son una violación flagrante a la Resolución; Trump debe detener esta guerra ahora; de lo contrario, lo llevaremos a los tribunales para obligarlo”. Incluso algunos republicanos lo plantean como “error político”.

Ello favorece al Partido Demócrata, si bien se anticipa un gobierno dividido y más choques en el Congreso, pese a que la tecnopolítica está optando por más guerras en el exterior a corto y mediano plazo.

Consciente de que su gestión concluye en enero de 2029 y que, si pierde su mayoría en el Congreso, luchará por sus iniciativas durante dos años, Trump se involucró en esta elección y visitó Alaska, Arizona, Montana y Ohio, con el llamado: “Finjan que mi nombre está en las boletas”.

Ansioso por cerrar la brecha con los demócratas, el magnate recurrió a estímulos y amenazas –recortar recursos federales o dar ayudas extraordinarias–. Y para conservar la capacidad de movilización de su base trumpista –por si lo requiere–, difundió más amenazas violentas contra Irán.

 

 

El presidente de EE. UU. se adelantó a todo pronóstico y ofreció cinco mil dólares en efectivo a cada ciudadano si los republicanos ganan el Congreso. Esa oferta de compra de votos se emitió el nueve de septiembre cuando, por primera vez, él aparecía con 27 puntos negativos en el índice de aprobación.

Es una cifra reveladora y refleja a un Ejecutivo muy impopular, por lo que se prevé una catástrofe electoral para él y su partido. Las encuestas exhiben niveles de desaprobación nunca vistos, según NBC News y The Washington Post ABC News-Ipsos, The Economist, CNN, The New York Times y otros.

Los sondeos muestran otro hecho revelador: el sector de los latinos decidió no respaldar a Trump, a pesar del respaldo inédito otorgado en 2024. En cambio, se han volcado hacia los demócratas con casi 20 puntos a favor.

Los candidatos demócratas centraron su campaña en desenmascarar el espejismo de MAGA; sin embargo, no atinan a presentar propuestas efectivas sobre cómo lograrán detener el alza de precios en alimentos y energía.

Mientras este partido desarrolla toda su actividad política con reclamos a Donald Trump desde 2017 y “la creación del enemigo externo”, insiste en la hipótesis de una “amenaza exterior” –en particular de Rusia– contra las bases de registro electoral.

Sin embargo, la Agencia de Seguridad e Infraestructura y Ciberseguridad y la Oficina de Investigación Federal (FBI) concluyeron que nunca se confirmó tal versión ni aportaron evidencias. Si ganan el Congreso, los demócratas insistirán en esa política exterior que, como ocurrió con Joseph Biden, tanto lesionó la relación de EE. UU. con el mundo.

Se aferran a las simpatías convencidas de que ellos “no hacen la guerra”; aunque sigue presente que Barack Obama y Joseph Biden reactivaron el conflicto contra Rusia en Ucrania que el magnate neoyorquino intenta desactivar.

En todo caso, a ocho días de los comicios, los demócratas ganaban por nueve puntos a los republicanos en la Cámara de Representantes. Entretanto, casi dos tercios de los electores (70 por ciento) estiman que Trump no aceptará un resultado adverso, según el Pew Research Center.

Para la clase trabajadora, ése es un escenario opuesto; por ello, se cuestionan si de la elección surgirán representantes y senadores que realmente velen por sus intereses y contengan la concentración de poder de los tecno-oligarcas. Son las mismas interrogantes que se formulan desde México, donde en 2027 habrá elecciones legislativas y de gobernadores. 

 

Perfil de un tecno-oligarca

Silicon Valley creó una élite de supermillonarios directivos de la más avanzada tecnología del Siglo XX que pretenden diseñar la acción del Congreso. Uno es el creador de Palantir, Peter Thiel, emprendedor tecnológico y neofascista que postula la reducción del Estado. Para ello, proyecta su fortuna tecnológica –unos 300 mil mdd– con herramientas de análisis de big data e IA.

 

 

Thiel resulta fundamental en la geopolítica de la defensa y vigilancia global, porque provee tecnología antiterrorista al Pentágono, estructura de vigilancia a la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Centro de Control de Enfermedades y el Servicio de Control Migratorio (ICE) para su agenda de deportaciones masivas.

En 2016, Thiel financió la campaña presidencial de Trump y es gurú de otros empresarios y políticos libertarios como Javier Milei, a quien usa para “crear sociedades automatizadas” y conservar la supremacía de Occidente.

Él sostiene: “No soy político, Trump tampoco; él es un constructor, y es tiempo de construir a EE. UU.”. Thiel, como otros multimillonarios de Silicon Valley, tienen recursos para comprar a ambos partidos en una elección de EE. UU., advierte el analista Gil Durán.

Entretanto, millones denunciaron los riesgos de esos centros de datos en 150 videos y exigen a candidatos de ambos partidos que ese poder tecnológico no se revierta contra las personas.

 

 

Dura realidad

 

 

La inflación de EE. UU. fue de 3.7 por ciento en septiembre, arriba de lo esperado.

Elección del Congreso. Se renuevan 435 escaños de la Cámara de representantes y 35 de 100 en el Senado. Además 36 gobernadores.

Posibles triunfos demócratas en: Carolina del Norte, Iowa, Texas, Kansas y Ohio.

La Base MAGA representa al 30 por ciento del electorado 

Trump va a donde están y enardece su intolerancia hacia otros candidatos hasta llegar a la violencia, así ocurrió en su campaña.

Las encuestas al 27 de octubre arrojan un 49.9 por ciento para los demócratas y otros 41.3 por ciento para los republicanos.

 


Escrito por Nydia Egremy

Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.


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