Lo que quiero mostrar con la anterior cita no es el no idealismo de Hegel, sino invitar a reflexionar sobre qué quiere decir ser idealista o materialista.
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La era digital ha dado un golpe feroz a la juventud; pero aún quedan personas que se esfuerzan por leer un libro, revistas, periódicos, folletos o documentos en material impreso; “aquí mi trabajo no se trata sólo de encuadernar, para mí también es un trabajo político, pues genero herramientas para el que lo necesita. Aquí rescatamos conocimiento que de otro modo se perdería”, afirma contundente un impresor con años de experiencia.
Hace cuatro décadas era común ver personas leyendo periódicos y libros en el transporte público, en parques y cafeterías, y había revistas en los puestos; sin embargo, paulatinamente se ha olvidado que el formato físico ofrece ventajas para el desarrollo cognitivo y el pensamiento crítico.
A la fecha, las versiones digitales están desplazando a las imprentas; de unos años para acá, la cantidad de materiales para imprimir son menores. La falta de lectores ha obligado a los medios a reducir su tiraje o únicamente a circular en su versión digital.
“Tú veías en el metro o en los camiones a la gente leyendo, y la gente aprendió más a leer, porque aparte de leer bien, aprendes ortografía, se te van quedando cómo van las palabras escritas; la gente tenía la herramienta para seguir el conocimiento de la comunicación; y ahora ya no, ahora ya todo mundo anda en el celular (…) cada vez menos gente compra una revista o un libro”, comentó a este semanario Alberto Pérez Monroy, gerente de producción de impresos Esténtor.
buzos recogió el testimonio de jóvenes de secundaria y preparatoria en dos escuelas de Nicolás Romero, municipio del Estado de México: “pues usualmente como en TikTok no me salen peleas, y ahí en X ya no hay tanta censura, pues ahí miro violencia”; “a Chat GPT sí le he platicado cosas sobre mis sentimientos; a veces sí me ayuda y a veces no”; “la verdad, me da hueva leer”.
La crisis del impreso
El 17 de agosto, Ediciones Era anunció el cierre de sus operaciones tras 66 años de actividad; lo atribuyó a la caída de las ventas y a las transformaciones del mercado del libro. La Asociación de Librerías de México revela que, desde hace más de dos décadas, desaparecen alrededor de 20 librerías al año; pero la crisis no sólo afecta a la industria del libro sino, en general, a los materiales impresos. Por ejemplo, la lectura de periódicos pasó de 49.4 por ciento de consumidores en 2015 a 17.8 por ciento en 2024.
Entre los factores que enfrentan los medios impresos están la falta de presupuesto gubernamental, la digitalización de la información y el aumento en el precio de los insumos. Este último depende, según involucrados en la industria, de factores internacionales, incluidos los conflictos bélicos en Medio Oriente.
“Sí, y el problema es que ahorita, el 70 por ciento del papel es de importación, y de ese porcentaje el 50 por ciento es chino (…) y si consideras que dentro del presupuesto de elaboración el 60 por ciento corresponde a la compra de materia prima (papel); pues ya te imaginarás el impacto (…) la cuestión es que más tarde que temprano Estados Unidos (EE. UU.) dirá ‘¡Hasta aquí!’ Y ahí tendremos que tomar acciones”, sentenció Pérez Monroy.
Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), hasta 2014, el periódico era el producto que más contribuía al volumen de impresiones en el país, con 326.3 billones de ejemplares. Para 2026, las alternativas para las imprentas ya no fueron las revistas, ni los periódicos, sino los empaques y el etiquetado, incluidos productos impresos para EE. UU., mediante el nearshoring.
Pérez Monroy advierte al respecto: “sí, ahora la gente de este medio está buscando otras alternativas, ¿y cuáles son? Pues las del empaque; los empaques para medicamentos, para botellas de licor, todo eso”, aseguró. Los empaques, sin embargo, no contienen información destinada a cultivar a la población, como sí pueden hacerlo las revistas y los libros.
“La palabra impresa siempre es un legado; es el punto de vista de una persona en un momento, que podemos confrontar con lo que pensamos y nos ayudará, siempre nos va a ayudar”, explicó a buzos Salvador Ramírez, catedrático jubilado, quien se dedica a la venta de libros desde hace más de 40 años.
La falta de lectura nos condena
En el texto Hacia un sistema educativo 0-18 que promueva equidad, publicado en la Revista Latinoamericana de Estudios Educativos en 2024, Felipe Martínez Rizo argumenta que al término del tercer grado de primaria “los escolares deben pasar de la etapa de aprender a leer, a leer para aprender”. Quienes no logran dar ese paso, acumulan dificultades durante su vida escolar.
En México, según la prueba PISA 2022, cerca de la mitad de los estudiantes que terminan la educación básica no comprenden adecuadamente lo que leen: 47 por ciento se ubicó por debajo del nivel 2 en comprensión lectora.
El Módulo de Lectura (Molec) 2025, del Inegi, revela que 66.2 por ciento de las personas con educación básica incompleta reportó leer algún material (aunque este dato no evalúa la comprensión), frente a 93.8 por ciento de quienes tienen estudios superiores; pero según la encuesta, la escolaridad promedio nacional alcanza los 9.7 años, equivalentes a la secundaria concluida.
Un informe del Departamento de Educación de EE. UU. señala que los niños de familias de bajos ingresos no desarrollan el lenguaje ni la alfabetización en las mismas condiciones que aquellos con mayores recursos y en México, según el Informe sobre la Desigualdad Social 2026, el uno por ciento más rico concentra una cuarta parte del ingreso nacional.
Estas desigualdades inciden en la formación lectora y en los hábitos de lectura, importantes para mantenerse informado, comunicarse y comprender los problemas del país. Se trata de un círculo vicioso en el que “la pobreza y la desigualdad” perpetúan los bajos niveles educativos y, a su vez, la falta de lectura contribuye a aumentar la pobreza y la desigualdad.
Adrián Peña Farfán, director de la Escuela Preparatoria Oficial Núm. 262 “Crescencio Sánchez Damián” (EPOEM 262), describe la situación: “aquí, en este bachillerato, recibimos una matrícula de alrededor de 700 jóvenes; pero estos alumnos que se matriculan vienen con muy pocos elementos para cursar el bachillerato, porque los han pasado desde la primaria, secundaria sin saber leer ni escribir, mucho menos hacer operaciones básicas y entonces tenemos una crisis; y debemos empezar por que aprendan a leer, después a comprender, luego a redactar; y en tres años, eso es muy difícil (…) los jóvenes de la universidad también están habituados a que el maestro guíe los procesos y ellos no leen por gusto, estudian porque tienen que acreditar una materia; y entonces hacen lo mínimo necesario para pasarla; y por lo tanto, carecen de habilidades de lectoescritura dignas de un universitario. Ésa es la realidad”.
Al respecto, Héctor Antonio Monroy, responsable del área de encuadernación y serigrafía de impresos Esténtor, expresa: “No nos enseñan. En la primaria y secundaria nos hacen leer por obligación. Nunca nos dicen, ‘mira, lee porque es una chingonería. Vas a viajar a mundos desconocidos (…) mete tu imaginación, mete tu pensamiento, hazte preguntas’. Yo me acuerdo cuando en el Colegio de Ciencias y Humanidades leíamos La Ilíada o Los siete contra Tebas; y hasta cuando hacían esas grandes comilonas me llegaba el olor a la carne asada”.
La información en la nube
Los medios digitales desplazan al impreso y a otros medios tradicionales, pero esto no significa que Internet sea mala por definición: “encontrar información” se mantiene como la principal motivación de consumo para 62.8 por ciento de los usuarios adultos; y, según el Molec, 45.7 por ciento de la población alfabetizada lee páginas de Internet, foros o blogs.
En 1997, el diseñador gráfico uruguayo Carlos Palleiro declaró a la revista DEDISEÑO que “hoy es imposible pensar en el mundo sin la computadora”. Las plataformas digitales han transformado la vida social y los hábitos de consumo. No se trata de negar las redes sociales ni la Inteligencia Artificial (IA) en la educación y la cultura, sino de preguntar qué papel desempeñan en la formación de las nuevas generaciones.
Según el Estudio Digital 2026, de We Are Social y Meltwater, 74.9 por ciento de la población mexicana accede a redes sociales: 99 millones de personas. El estudio reporta un crecimiento anual de 9.3 por ciento y un promedio de 25 horas y 39 minutos semanales en esas plataformas. Las más usadas son Facebook (92.5 por ciento), WhatsApp (91.4 por ciento), Instagram (79.9 por ciento) y TikTok (79.6 por ciento); YouTube registra 71.6 por ciento y X, 46.2 por ciento. (Se trata de estimaciones, pues una persona puede tener varias cuentas).
Fernanda Bravo y Andrea Campos, estudiantes de segundo año de preparatoria, opinan sobre la serie colombiana La reina del Flow, disponible en Netflix, que trata de un narcotraficante que, según Fer, “quiere vender droga en los conciertos de su sobrino para lavar todo el dinero que tiene”. En El estudio de la narcocultura mexicana: Trayectoria y enfoques, América Tonantzin Becerra Romero, investigadora de la Universidad Autónoma de Nayarit, explica que la narcocultura se expresa en corridos, literatura, periodismo, cine, televisión y prácticas asociadas con la transgresión, la riqueza y el poder.
Al preguntarles por libros de su interés, las estudiantes aseguraron que no leían. Sobre noticias de actualidad, una comentó: “Sí, yo vi que encontraron los dientes de quién sabe quién, en no sé dónde”. Probablemente se refería a los hallazgos del colectivo Buscando Cuerpos en Todo México en un crematorio clandestino en Zacapu, Michoacán, noticia difundida el mes anterior. Una de ellas también reconoció haber realizado un trabajo sobre el cansancio visual por el uso excesivo del celular; pero, al preguntarle qué le había impactado de la investigación, respondió: “no, pues descubrí que el 50 por ciento de los alumnos… ¿qué?... ese dato ya se me olvidó”.
Odet García, de 15 años, aclaró haber terminado la “frutinovela” de Cocardo, (novelas hechas con IA, cuyos personajes tienen características de frutas) “ésas también las veo en los reels de Facebook”. Evelyn Sánchez, de la Secundaria Técnica 112, Felipe Ángeles, respondió algo similar: “Terminé de ver Cocardo, que trata de que congela fresas y las convierte en helado”, comenta entre risas. Daniela Vázquez, de 15 años, asegura ver Naruto y El Señor de los Cielos, otra serie sobre narcotraficantes. Otro joven de 13 años reveló aficionarse a South Park, caricatura clasificada como TV-MA, es decir, diseñada exclusivamente para público adulto.
Pero, ¿por qué los jóvenes tienen acceso a estos contenidos?, la respuesta está en los algoritmos, que recopilan información sobre las preferencias del usuario y le ofrecen contenido para mantenerlo conectado. “Y está claro que sus algoritmos están diseñados para optimizar un objetivo: que las personas hagan clic, que pasen más tiempo enganchadas con el contenido”, explicó a BBC News Brasil Stuart Russell, profesor de la Universidad de California en Berkeley. Según el experto, “Las redes sociales crean adicción, depresión, disfunción social, extremismo, polarización de la sociedad, y tal vez contribuyen a difundir desinformación”.
El 25 de noviembre de 2025, Amnistía Internacional acudió al centro de operaciones de TikTok con la petición #FixTikTok para exigir regulaciones. La organización advierte que los usuarios jóvenes sienten que la plataforma es tóxica y adictiva, y que pueden quedar expuestos a contenido nocivo. También señala que la personalización del feed busca mantener a las personas deslizando contenido y presentarles anuncios con riesgos para la privacidad, la salud y la libertad de pensamiento.
La llegada de la IA
También es necesario considerar La IA Superior en América Latina 2026, del Digital Education Council y el Instituto para el Futuro de la Educación del Tecnológico de Monterrey; este documento señala que, durante el último año, el 92 por ciento de los estudiantes de educación superior de América Latina utilizó al menos una herramienta de IA, frente a 86 por ciento en el ámbito global. ChatGPT es la más utilizada, seguida de Gemini y Meta AI. Los estudiantes recurren a estas herramientas para buscar información, generar ideas, comenzar borradores y revisar textos. Los estudiantes entrevistados expresaron utilizarla para hacer tareas: fotografían la libreta, piden a la IA resolver el problema y transcriben la respuesta.
Un joven de secundaria habló de su relación con ChatGPT: “Yo además de la tarea, también hablo con él, porque el mío (ChatGPT) es como más normal, como gente, no me habla como un robot. Le puse para que hablara como una persona normal, como un adolescente”, refiere. Sin embargo, la misma encuesta señala que “seis de cada diez estudiantes temen que la IA vuelva el aprendizaje más superficial y desaliente el pensamiento crítico”.
El director Luis Adrián Peña explica: “aquí, en la preparatoria, no estamos en contra del tema del desarrollo tecnológico; creemos que sí son herramientas útiles, pero solamente como fuentes de consulta; y hoy en día los jóvenes las ocupan para hacer todo tipo de actividades. El famoso ChatGPT, al que el alumno le da una indicación y ya te hace lo que tú le indiques, esa parte ha hecho que el joven no se esfuerce, que no desarrolle su pensamiento, que el joven no experimente lo genial que es la lectura. Creo que esta parte también ha impactado mucho en su ánimo, porque actualmente los jóvenes tienen padecimientos, crisis de ansiedad, depresión y estrés”, advirtió Adrián Peña.
Pero el problema principal es que la información en Internet se aloja en plataformas controladas por un número reducido de empresas, cuyos intereses no precisamente coinciden con los de la educación y el desarrollo social. De acuerdo con el informe Communications, Media and Internet Concentration in Mexico (2019-2022), elaborado por Global Media and Internet Concentration Project (GMIC), Google y Meta concentran más del 80 por ciento del mercado publicitario digital en México. En 2021, Google generó 20 mil 705 millones de pesos y Meta –empresa matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp–, 25 mil 590 millones.
El auge de la IA también ha creado grandes fortunas. Este año, Forbes incorporó a 45 nuevos millonarios vinculados con ese sector, entre ellos Jensen Huang, cofundador de NVIDIA; Alexandr Wang, quien ha trabajado con Mark Zuckerberg, principal accionista de Meta Platforms; y Sam Altman, director de OpenAI, fundada también por Elon Musk, el hombre más rico del mundo, según el mismo listado.
Y entonces cabe preguntar: ¿quién controla nuestra imaginación, nuestra memoria y nuestra capacidad de razonamiento? La respuesta es clara: por eso, hoy más que nunca, es necesario el impreso como herramienta educativa y un primer paso para ampliar el conocimiento, la autonomía y el control de la ideología.
“Claro que existe un ataque feroz que ha recibido la juventud contra la lectura, porque es contra la lectura; tengo dos hijos, son profesionistas, pero no leen por gusto, sino por obligación, leen sólo lo que está relacionado con su trabajo; yo en cambio tengo gusto por los libros, tengo muchos libros en mi casa y no todos los leo, pero es mi gusto tener libros y rescatarlos, y los cuido y los apapacho. Claro que hay un golpe a la lectura, si antes se leía poco, ahora se lee menos, y la razón es ésa: lo que han hecho con la educación”, lamentó Héctor Antonio Monroy, y agregó: “creo que, aquí, mi trabajo no se trata sólo de encuadernar, aquí rescatamos conocimiento que de otro modo se perdería”. Tomar el libro impreso en nuestras manos es empuñar y apuntar nuestra mejor arma ideológica.
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Escrito por Fernando Landeros
Periodista