El lector puede terminar repugnando el tour, luego de leer este libro venezolano de 2017.
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En Asomo a la poesía de Jesús Arellano (1967), la potosina Juana Meléndez de Espinosa, una de las primeras estudiosas del autor, señala que éste “nace en momentos en que la poesía de toda América Latina emprendía la obsesionante aventura de elevación. Se levantan las torres de marfil de los estetas y comienza una poesía desgarradoramente subjetiva, de ojos cerrados y de oídos sordos a todo lo que no fuera música interior. Aparece el aislamiento contemplativo, el irracionalismo y son contados los poetas a quienes interese el mundo como circundancia”. Pero el jalisciense no se dejó atrapar en el limbo de la poesía sin compromiso; su obra evoluciona desde las formas y temas clásicos hasta una enérgica ruptura con lo establecido, arribando a una propuesta experimental en que las palabras rompen filas y se reordenan en el espacio, poniéndose al servicio del mensaje.
Corre el año 1975 y Jesús Arellano Meléndrez es ya un reconocido poeta, ensayista y editor, caracterizado por su aguda crítica al monopolio de la cultura en México, en manos de una élite beneficiaria de becas, premios y apoyos. Ha publicado ya 13 poemarios y da a la imprenta el decimocuarto: El Canto del gallo. Poelectrones, en el que abandona la forma tradicional de versificación y diagramación del texto y presenta cada página como un acto de rebeldía no sólo formal, sino política: es un espacio para denunciar al capital, para desenmascarar al Estado burgués y a sus plumíferos y exhibir las lacras sociales detrás de su discurso.
Este libro se inscribe en la antigua poesía visual, de origen oriental, resignificada a principios del Siglo XX por Guillaume Apollinaire y algunos representantes de las vanguardias latinoamericanas; pero a diferencia del exotismo de los haikus del mexicano José Juan Tablada, la intención de Arellano Meléndrez va más allá de plasmar bellas formas en el papel; así, las palabras saltan bruscas hacia el lector desprevenido, altisonantes, neuróticas, “antipoéticas”, contestatarias.
El Canto del gallo está compuesto por 50 caligramas. Un caligrama es un mensaje (o poema) cuyos caracteres se ordenan de tal manera que formen una figura relacionada con el tema; con el subtítulo Poelectrones, Arellano vincula su creación con las nuevas técnicas tipográficas y de composición, ligadas a las primeras computadoras. Pionero tecnológico, este antipoeta lo expresa así en MOZART EN FM E IBM, que hace las veces de presentación de su libro:
Estoy diagramando ahorita, en este momento
para la MT72 composer programación 256 y poelectronizo
consustanciada la emoción con los códigos jota eme 360
y coma estop
en caja tipográfica de 30 □ y baskerville médium e itá-
lico de 11 en 12 puntos
soberanía de la niña de mis ojos contra las hordas de re-
presión.
soberanía de la repercusión de mi electrónica voz entre
la ya inexplicable servidumbre popular
soberanía del electrón que moviliza letras, sílabas, pala-
bras, frases, líneas, párrafos y espacios
para conmocionar la expresión figurativamente hasta el
poelectronema
soberanía del código ce para dar en el centro del ele para
fundar la izquierda y el ere para ir a la derecha.
denme un electrón y muevo el mundo
(…)
Fuera de contexto, lo anterior podría parecer un texto esperpéntico o un simple ejercicio de “escritura automática”, pero en la obra no es sino el comienzo de un manifiesto político en el que las palabras se organizan para formar los rostros de Benito Juárez, Lenin, El Ché y Salvador Allende (De puro Chile, en protesta por el golpe de Estado de 1973); interpelar a poetas como Carlos Pellicer (Undigenista) o Efraín Huerta (Cocodrialéctico); denunciar el intervencionismo yanqui formando un mapa de México (Geográfico); el falso sindicalismo de la UNAM (A los piratas) y la masacre del 2 de octubre de 1968 (Tribilín), identificando los dibujos animados de Walt Disney con el imperialismo cultural de Estados Unidos.
El lector puede terminar repugnando el tour, luego de leer este libro venezolano de 2017.
Los conflictos bélicos, al servicio del aparato estatal, funcionaron como mecanismos de legitimación del poder del Faraón.
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El hecho de que los estudiantes mexicanos no alcancen los niveles básicos en comprensión lectora, matemáticas y ciencias se debe a que la política educativa es errónea de principio a fin.
Si en México la educación es pública, universal, laica y gratuita, el Estado debería cumplir con esos principios básicos de nuestra Carta Magna.
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Fue también editor especialista en la Dirección General de Publicaciones de la UNAM y es autor del célebre manual Cómo presentar originales y corregir pruebas para su edición.
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La hoja de vida de Dolores Correa Zapata resulta excepcional en una época en que las mujeres no tenían cabida en el quehacer intelectual.
Escrito por Tania Zapata Ortega
Correctora de estilo y editora.