Alejados por razones geográficas e ideológicas, la profunda amistad compartida entre Ramón y Miguel trasciende las fronteras temporales.
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El Shijing, o Libro de la poesía, es la antología poética más antigua que se conserva de la literatura china; está compuesto por 305 poemas que datan desde principios de la dinastía Zhou hasta los siglos XI y VII a.n.e.
“A diferencia de la India, con las epopeyas del Mahabharata y el Ramayana, de Grecia con la poesía homérica del Siglo VIII y de Mesopotamia con el largo Poema de Gilgamesh, China nunca produjo poesía épica. La poesía china es lírica desde sus orígenes y en dichos orígenes encontramos poemas tanto de tipo popular como letrado”.
Los poemas que hoy compartimos “nos permiten saber cómo era la vida del pueblo llano de entonces, sino también unos versos de los más hermosos que produjo la humanidad de aquellos tiempos y que, sorprendentemente, llegan con suma facilidad al lector moderno por la forma en que nos hablan de cuestiones, sentimientos e ideas que nos preocupan y afectan, que vivimos y sentimos hoy día, como son el rechazo a la guerra, el descontento con el mal gobierno, la separación de los seres queridos, el amor, el desamor y el deseo, el desaliento ante cómo nos zarandea la vida, el afán por tener auténtica libertad de expresión, la búsqueda de la tranquilidad interior o la invitación a disfrutar de la vida «mientras quede tiempo», como dice un poema que, como muchos otros, recuerda al carpe diem romano. Así es. Ha resultado que muchos de estos temas que creíamos «típicamente nuestros», nacidos en nuestra tradición grecolatina, eran también desde hacía muchos siglos (…) entre el mundo chino y el nuestro hay muchas más semejanzas e identidades de las que se pueden percibir a simple vista”. Tomado de Poesía popular de la China antigua. Selección, traducción y prólogo de Gabriel García-Noblejas, 2008.
Las avutardas aleteando
Zas, zas, hacen las avutardas aleteando
reunidas entre robles frondosos.
Sigo al servicio del rey
sin poder sembrar mijo ni trigo
mis padres, ¿de qué vivirán?
Cielo azul allá lejos, lejos,
¿cuándo todo estará en su lugar?
Zas, zas, hacen las avutardas revoloteando
reunidas entre azufaifos frondosos.
Sigo al servicio del rey
sin poder sembrar mijo ni trigo
mis padres, ¿qué comerán?
Cielo azul allá lejos, lejos,
¿cuándo todo esto terminará?
Zas, zas, hacen las avutardas volando
reunidas entre moreras frondosas.
Sigo al servicio del rey
sin poder sembrar mijo ni trigo
mis padres, ¿cómo vivirán?
Cielo azul allá lejos, lejos,
¿cuándo estará todo como tiene que estar?
Bajo un palo por dintel
Bajo un palo por dintel
se puede vivir en paz
con el agua de una fuente
vivir contento y sin hambre.
Cuando comemos pescado,
¿por qué ha de ser besugo del Río?
Cuando buscamos mujer,
¿por qué ha de ser princesa de Qi?
Cuando comemos pescado,
¿por qué ha de ser carpa del Río?
Cuando buscamos mujer,
¿por qué ha de ser princesa de Song?
Ratas grandes
Ratas grandes, ratas grandes,
no os comáis nuestro mijo.
Señor, tres años que os servimos
y nunca nos habéis considerado;
juro que os dejamos aquí,
partimos a una tierra feliz.
A una tierra feliz, a una tierra feliz
donde tener nuestros hogares.
Ratas grandes, ratas grandes,
no os comáis nuestro trigo.
Señor, tres años que os servimos
y nunca nos habéis remunerado;
juro que os dejamos aquí,
partimos a un Estado feliz.
A un Estado feliz, a un Estado feliz
donde tener nuestros derechos.
Ratas grandes, ratas grandes,
no os comáis nuestros brotes.
Señor, tres años que os servimos
y nunca nos habéis pagado;
juro que os dejamos aquí,
partimos a un campo feliz.
A un campo feliz, a un campo feliz,
¿quién quiere lamentarse sin fin?
En el séptimo mes
En el séptimo mes fluyen las lumbres
y en el noveno se reparte la ropa.
En los días del primero sopla frío el viento
en los del segundo, todo se hiela,
¿cómo vamos a llegar a fin de año
si no tenemos ropas largas ni cortas?
Los días del tercero vamos al arado
los del cuarto levantamos los pies;
mi mujer, mis hijos y yo
llevamos de comer al campo Sur
y al capataz le place.
En el séptimo mes fluyen las lumbres
en el noveno se reparte la ropa.
En primavera los días son templados
y canta la oropéndola;
las muchachas llevan cestas bonitas
por las sendas pequeñas
buscando hojas tiernas de morera.
En primavera los días son más largos
y se va a coger ontinas en tropel;
tristes y apenadas las muchachas
temen partir con su señor casadas.
En el séptimo mes fluyen las lumbres
en el octavo hay juncos y carrizos.
En el mes de los gusanos
podamos las moreras
con las hachas y las hacheras
corramos las altas, las alejadas
y con cuerdas tiramos de las blandas.
En el séptimo mes canta el alcaudón
en el octavo hilamos el cáñamo
se hila negro, se hila amarillo;
resplandecen las telas coloradas
para ropa del señor.
En el cuarto mes dan flor las yao
en el quinto canta la cigarra
en el octavo es la cosecha
en el décimo se caen las hojas.
En los días del primero es la batida
cogemos pieles de zorro y de gato montés
para abrigo del señor.
En los días del segundo
es la batida en grupo
y así continuamos
con las cosas de las armas;
nos guardamos los gorrinos chicos
y los grandes regalamos al señor.
En el quinto mes
mueve el saltamontes las patas
en el sexto se frota las alas la cigarra
y en el séptimo están en los montes
en el octavo en los tejados
en el noveno en las viviendas
en el décimo los grillos
se nos meten bajo las camas;
tapamos huecos,
echamos las ratas con humo
condenamos ventanas, cerramos puertas;
miramos a esposas e hijos
y decimos: «Llega el Año Nuevo
venid y vivamos aquí adentro».
En el sexto mes
comemos ciruelas y cerezas,
en el séptimo guisamos
con malvas y legumbres.
En el octavo vareamos las azufaifas
en el décimo cogemos el arroz
y hacemos el vino de primavera
y nos deseamos larga vida.
En el séptimo comemos melón
en el octavo cortamos calabazas
en el noveno segamos el cáñamo
cortamos el euforbio,
hacemos leña de ailanto
para poder comer
nosotros, los campesinos.
En el noveno mes construimos
y aplanamos el terreno
en el décimo guardamos la cosecha
el sorgo y el mijo tardío o tempranero
el arroz, el cáñamo, la alubia, el maíz.
Oh, campesinos,
nuestra cosecha está entonces terminada
subamos a trabajar en el palacio del señor
a segar hierba de mañana
a trenzar sogas de tarde;
hay que reparar los tejados
y así hasta que viene
el tiempo de la siembra.
En los días del segundo cortamos
el hielo con hacheras
en los del tercero entramos
en las casas de hielo
en los del cuarto madrugamos
para ofrendar corderos y ofrecer cebollas.
En el noveno mes caen las escarchas
en el décimo desbrozamos el campo;
con dos vasijas de vino celebramos
y matamos un cordero lechal
y subimos al salón del señor
y alzamos los cuernos de rinoceronte
y gritamos: ¡Larga vida y salud!
Qué oscuro está
1
Qué oscuro está, qué oscuro está,
¿por qué no volvemos a casa?
Si no fuera por el señor y sus intereses,
¿estaríamos en plena escarcha?
Qué oscuro está, qué oscuro está,
¿por qué no volvemos a casa?
Si no fuera por el señor y su bienestar,
¿estaríamos en pleno barro?
2
Qué pocos quedamos,
qué pocos quedamos,
¿por qué no volvemos a casa?
Si no fuera por el señor y sus intereses,
¿estaríamos en plena escarcha?
Qué pocos quedamos,
qué pocos quedamos,
¿por qué no volvemos a casa?
Si no fuera por el señor y su bienestar,
¿estaríamos en pleno barro?
Alejados por razones geográficas e ideológicas, la profunda amistad compartida entre Ramón y Miguel trasciende las fronteras temporales.
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Escrito por Redacción