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Política
Leer es comprender
El sistema educativo está diseñado, por lo menos eso hemos constatado, para utilizar el alfabeto y decir lo necesario


Un profesor solía afirmar, durante su primera clase en la preparatoria, que con saber leer bien las preguntas en el examen se obtendría el cincuenta por ciento de las respuestas. Su consejo, en principio, me pareció extraño, como si se tratara de un disparo a la mitad de un concierto de arpas, porque estábamos en la materia de Agronomía y no en la asignatura de Expresión Oral y Escrita. Al avanzar el semestre, como gran lector, nos sugirió libros de literatura y, en repetidas ocasiones, recomendaba consultar el pequeñísimo Larousse. La exhortación cobra ahora sentido cuando revisamos nuevamente los resultados de 2025 sobre comprensión lectora en México del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA), perteneciente a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE): de los 38 países miembros evaluados, nuestro país quedó en el lugar 37 en esta área.

Los temores sobre nuestra involución son ciertos. En 2003 obtuvimos 400 puntos, el más bajo en la historia de esta evaluación; en 2018 alcanzamos un máximo de 420 puntos, y en 2025 retrocedimos a 408 (IMCO, 2026). Podemos decir que es el peor resultado en 20 años, si lo comparamos con los 410 puntos obtenidos en 2006, o que apenas hemos avanzado ocho puntitos desde aquel piso histórico. Los 503 puntos de Japón, el país de la OCDE con mayor puntuación, también están muy lejos de los 535 y 527 puntos de Singapur y China respectivamente, que, aunque no son miembros de la OCDE, obtuvieron los mejores puntajes en comprensión lectora.

Pero saber leer y comprender lo leído son dos cosas diferentes, aunque integrales. Leer no sólo consiste en la capacidad de unir una palabra con otra o de codificar el lenguaje escrito cuya intención es comunicar. El autor de Pedagogía del oprimido, Paulo Freire, proponía ahondar más allá: leer es un acto que parte del conocimiento de la realidad y se entrelaza con ella. En otras palabras, la misma OCDE (2009) define, en su método, que la reading literacy, traducida como competencia o “capacidad lectora”, derivan de la comprensión, el empleo, la reflexión y el compromiso personal con los textos escritos para alcanzar metas propias, desarrollar el conocimiento y el potencial personal y, en consecuencia, participar en la sociedad.

Quienes responden el examen PISA son jóvenes que cursan el último año de la secundaria o el primero de la preparatoria, entre los 15 y 16 años. La comprensión lectora no consiste simplemente en contestar un examen de conocimientos básicos (del que tampoco hemos evolucionado bien, por cierto, si pensamos en los desconcertantes resultados del examen de ingreso a la Universidad Nacional Autónoma de México 2026), sino en saber, como puntualiza Domingo Argüelles en su artículo Problemas de lectura y comprensión, inferir cosas derivadas de la lectura, incluso aquellas relacionadas con el sistema legal de nuestro país que, a su parecer, para los jóvenes son pura ciencia ficción, y compararlas con las experiencias de estudiantes de la misma edad en Alemania, Austria, Finlandia o Francia.

Si entendemos por qué los estudiantes mexicanos ocupan nuevamente los últimos lugares en comprensión lectora, diremos que no es simplemente porque no sepan leer. El sistema educativo está diseñado, por lo menos eso hemos constatado, para utilizar el alfabeto y decir lo necesario. Pero comprender supone una tarea más ardua, incluso un amor hacia el conocimiento que va más allá de la práctica de la lectura, de la acumulación de un léxico, de la lectura rápida o de la implementación de la lectura obligatoria. Comprender también significa establecer una relación entre lo que se lee y la realidad que nos rodea. ¿Hasta dónde sabemos comparar, por ejemplo, el derecho internacional con su aplicación en nuestro sistema de justicia? Leer con un enfoque diferente comienza cuando somos capaces de preguntarnos qué significa aquello que acabamos de leer y qué relación tiene con el mundo en que vivimos. 


Escrito por Gerardo Almaráz

Autor del libro Vestigios (Esténtor, 2022), actualmente es becario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA, Oaxaca), 2025 en el área de poesía.


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