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Las imágenes de las madres buscadoras son indignantes y conmovedoras. El hecho de que una madre tenga que buscar el cadáver de su hijo con sus propias manos es un evento que necesariamente debe analizarse. No es una tarea que le corresponda a los colectivos de búsqueda, sino a las autoridades federales y estatales. Y, sin embargo, se ha vuelto una escena común. Además, quienes buscan se exponen a amenazas, agresiones e incluso a perder la vida.
Un problema de esta gravedad debería ocupar un lugar central en la agenda del Estado. El hecho de que miles de familias deban buscar por sí mismas a sus desaparecidos demuestra que algo fundamental está fallando. En marzo de 2026, el propio gobierno reconoció que 132 mil 534 personas seguían registradas como desaparecidas o no localizadas, de esos casos, 43 mil 128 aparecían sin registro de actividad posterior, y sólo tres mil 869 contaban con carpeta de investigación o averiguación previa.
La Presidenta de la República ha presentado nuevas alertas, cambios legales y mecanismos de búsqueda, y ha expresado públicamente “respeto y admiración” por las madres buscadoras. Ojalá bastara con el reconocimiento verbal; es importante hacerlo explícito, pero no basta. Cuando en marzo se le preguntó si recibiría directamente a los colectivos, respondió que ya estaban siendo atendidos por Gobernación y que una reunión con ella se valoraría. En junio explicó que recibía personalmente a algunas madres, pero no a los colectivos. De modo que la crisis existe, el gobierno la conoce, pero los hechos permiten cuestionar si ocupa realmente el lugar central que su gravedad exigiría.
Si existen situaciones tan graves como ésta, ¿por qué al mismo tiempo hay personas que sienten que México está avanzando? Una parte de la respuesta es que el gobierno sí tiene cifras favorables que mostrar. Por ejemplo, la pobreza multidimensional bajó a 29.6 por ciento en 2024. Pero las cifras aisladas muestran sólo una parte de la realidad. El problema aparece cuando una cifra verdadera se presenta como si resumiera la situación completa del país. Un avance concreto no debe convertirse automáticamente en la prueba de que “México está bien”.
Hay ámbitos que muestran deudas enormes. La violencia es uno de ellos. El reciente asesinato de Claudia Tacoronte, estudiante española de 21 años en Morelos, investigado como feminicidio, provocó incluso reclamos de justicia desde España. No es un asunto menor. El gobierno debería comenzar por reconocer con mayor claridad las deudas pendientes y escuchar más directamente a la población y a las organizaciones populares que viven estos problemas todos los días.
En este sentido, debemos ser cautos y críticos con la comunicación social que el gobierno y los medios despliegan. Un gobierno puede repetir una y otra vez las cifras que le favorecen hasta que terminen ocupando casi toda la imagen que tenemos del país. Ni siquiera necesita inventarlas. Basta con hablar mucho de unas cosas y muy poco de otras. Así, problemas enormes pueden quedar opacados detrás de las cifras de avance. La apariencia consiste también en mostrar una parte verdadera de la realidad como si fuera la realidad completa.
Por eso las madres buscadoras poseen una gran importancia política. Al buscar ellas mismas lo que las instituciones deberían buscar, hacen materialmente visible una contradicción del Estado. Su actividad obliga a preguntar qué asuntos consiguen movilizar la atención y los recursos del Estado y cuáles permanecen durante años en espera.
Esto importa porque el Estado no es una institución neutral situada por encima de todos los conflictos sociales. Actúa dentro de una sociedad atravesada por intereses y relaciones de poder. Por eso no basta con observar lo que un gobierno declara prioritario; hay que mirar aquello frente a lo cual efectivamente moviliza su capacidad.
Las organizaciones de buscadoras, los colectivos civiles y las instituciones que documentan estos casos hacen visible lo que de otra manera podría quedar relegado y mantienen el problema dentro de la discusión pública, al mismo tiempo que muestran dónde el Estado no está cumpliendo suficientemente con su responsabilidad.
Colectivos como el de las madres buscadoras obligan al país a mirar lo que queda fuera de la imagen mediática. Mientras sigan teniendo que hacer con sus propias manos el trabajo que corresponde a las instituciones, y mientras persistan otros problemas graves –como los feminicidios, la violencia, las carencias educativas o el abandono cultural–, no podemos tomar algunas cifras favorables como prueba suficiente de que México está bien o de que el país, en su conjunto, va avanzando.
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Escrito por Betzy Bravo García
Investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales. Ganadora del Segundo Certamen Internacional de Ensayo Filosófico. Investiga la ontología marxista, la política educativa actual y el marxismo en el México contemporáneo.