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Sextante
Muerte en Venecia
Apegado a la novela de Mann, Visconti presenta una historia aparentemente simple y lineal.


El Neorrealismo italiano evolucionó de tal forma que algunas de sus características cambiaron su configuración estética. Un ejemplo de esa transformación es la cinta de Luchino Visconti Muerte en Venecia. Esta cinta está basada en la novela homónima del célebre escritor alemán Thomas Mann. La narración versa sobre la vida del músico Gustav Von Aschenbach (todo parece indicar que Mann mezcló vagamente, en un tono autobiográfico –como alguna vez reconoció–, las peripecias de su viaje a Venecia en 1911 con lo acontecido al músico bohemio-austriaco Gustav Mahler, respecto a la muerte de su hija), un músico que huye de su natal Baviera para refugiarse en Venecia, ya decadente y asolada por una epidemia de cólera.

Aschenbach (interpretado por el actor británico Dirk Bogarde), viaja a la ciudad mediterránea, en apariencia huyendo de su fracasado matrimonio, de la severidad de la vida germana; se aleja del fantasma de la muerte de su hija, de su enfermedad, etc. Sin embargo, la obra (tanto la de Mann como la de Visconti) muestra a Gustav Von Aschenbach fugándose de sí mismo para encontrar un camino que le permita sobrevivir a la crueldad de sus propias circunstancias, donde se encuentra solo en aquel mundo distinto, en aquella vieja ciudad italiana (que a principios del Siglo XX, era un refugio para una aristocracia europea cuya decadencia se asemejaba a la de la misma Venecia).

Apegado a la novela de Mann, Visconti presenta una historia aparentemente simple y lineal, sin complicaciones; pero para el buen cinéfilo y el lector de buena literatura, la mirada fenoménica deja en la superficie mucho del contenido profundo sobre los personajes, su psicología, sus hondos sentimientos, las aspiraciones más ocultas; abandona sus verdaderas inclinaciones y motivaciones existenciales en las sombras.

No es que yo crea –como los idealistas y metafísicos– que la conciencia, la voluntad, etc., sean las que determinen al ser social. Por el contrario, son la conciencia, los sentimientos, la voluntad y las mismas inclinaciones de cada individuo productos de la vida material, resultado de las circunstancias concretas en las que se ha desenvuelto. En esa tesitura, Aschenbach encuentra el sentido de su vida (y de su homosexualidad) porque se enamora de Tadzio (interpretado por el actor sueco Bjorn Andersen), un joven aristócrata polaco cuya apostura deslumbra a Gustav desde el primer momento.

Luchino Visconti hace un retrato psicológico del personaje central mediante el lento empleo de las secuencias y en muy pocos diálogos trata de reflejar el gran tormento que se desata en el espíritu del músico alemán por no poder establecer una relación, al menos espiritual, con la persona amada.

La historia se desarrolla en una Venecia azotada por el cólera, contexto en el que la historia adquiere, particularmente en la novela de Mann, un alto nivel de dramatismo, sobre todo porque Aschenbach decide quedarse en medio de ese ambiente enrarecido y sórdido, arriesgándose al contagio y a la muerte; todo ello para estar cerca de Tadzio. Finalmente, Aschenbach muere de un paro cardiaco en medio de la playa, observando al joven polaco que se dispone a retirarse de la envenenada Venecia con su familia.

Visconti fue uno de los más importantes creadores de la corriente del Neorrealismo Italiano. Sus primeros filmes, como La tierra tiembla (1949), contenían todos los rasgos de esa importante corriente. Para la década de los 60 y 70, Visconti ya no utilizaba actores amateurs, ya no empleaba a las masas (cine coral), que habían impreso tanta fuerza y belleza a sus obras; ya no narraba historias de personajes del pueblo. En sus últimas películas, Visconti, se vale de grandes estrellas de cine; es un Neorrealismo dulcificado y un tanto alambicado; en Muerte en Venecia, el escenario ya no son las calles de los barrios populares, ahora es una escenografía barroca. La elegancia del decorado sustituye a la magia del cine coral. De cualquier forma, Muerte en Venecia es un filme muy recomendable, con la factura del maestro Visconti. 


Escrito por Cousteau

COLUMNISTA


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