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Al término de la Segunda Guerra Mundial, Italia vivió una transición política en la que los partidos más influyentes sobre las masas eran el Partido Democracia Cristiana (PDC), el Partido Comunista Italiano (PCI) y Partido Socialista Italiano (PSI). A pesar de que el PCI tuvo una presencia amplia durante mucho tiempo (más de un tercio de los votantes), contaba con los antiguos combatientes partisanos en sus filas –que realmente lograron derrocar a Mussolini y promovieron la caída de la monarquía para convertir a Italia en una República–, fue el partido de la alta burguesía italiana, el PDC, el que logró hacerse del poder. En esto jugaron su papel dos factores principales: el apoyo de Estados Unidos (EE. UU.) y Reino Unido a ese partido, y el hecho de que el PCI nunca fue un verdadero partido marxista-leninista, porque sus objetivos y su estructura siempre coincidieron con la socialdemocracia; en ninguna parte de Europa o del mundo, el reformismo se propuso instaurar un régimen donde realmente gobernara el proletariado.
Incluso, en los años 70 del Siglo XX, el PCI ya había comenzado su transformación en un partido “eurocomunista” (o sea, el abandono completo de la teoría marxista por la doctrina socialdemócrata, cuya lucha nunca ha sido por el comunismo científico, sino por la “democracia”, por lo que es necesaria la conciliación de clases, postura que en los hechos significó claudicar ante la burguesía); fue tal la traición de los partidos “eurocomunistas” que se empantanaron en apoyar incluso a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la monstruosa organización militar al servicio de las aves de rapiña más genocidas e imperialistas que ha conocido la humanidad, encabezadas por EE. UU.
En el contexto de esa correlación de fuerzas políticas y sociales, al término de la Segunda Guerra Mundial surgió el llamado neorrealismo en el cine italiano; esta corriente mostró que el cine de arte no necesariamente debe ser de grandes superproducciones, con las mejores locaciones, los actores más renombrados, los recursos tecnológicos más avanzados, etc., sino con recursos limitados y con talento artístico, se pueden lograr verdaderas obras de arte. Así, en 1945 fue la cinta de Roberto Rossellini, Roma, ciudad abierta, la que inauguró esta corriente.
Rossellini utilizó las calles de Roma como sets cinematográficos, empleó a actores no profesionales (algunos totalmente desconocidos), filmó secuencias en las que aparecen grupos numerosos de seres humanos (cine coral), que tienen un alto protagonismo en la temática que abordó. Rossellini logra captar con gran realismo la lucha de la resistencia antifascista, y mostró el heroísmo acendrado y genuino de personajes que murieron a manos de los invasores nazis.
Este nuevo cine utilizó las viejas técnicas fílmicas producidas en la época de la dictadura de Mussolini; pero su enfoque era totalmente distinto, pues en la sociedad italiana, al término de la Segunda Guerra Mundial, había un fuerte descontento con la oligarquía que había encumbrado primero al fascismo; luego, un sector de esa oligarquía, al ver cómo se estaban dando los acontecimientos en la guerra (observaban las derrotas de la Wehrmacht de Hitler en la Unión Soviética y cómo los yanquis y británicos asediaban ya el sur de Italia) buscaron un entendimiento con ambos.
La población italiana veía cómo la guerra había dejado al país en bancarrota, una monarquía que desaparecía y surgía una República a partir del referéndum de 1946. En esa Italia de la postguerra, la infraestructura carretera, las vías férreas, puertos, puentes, presas, etc., estaban destruidos. Pero lo que más resentían los italianos era la falta de trabajo, la escasez de alimentos, la inflación galopante… en síntesis: el crecimiento desorbitado de la miseria. Por eso el neorrealismo italiano se desarrolló como corriente artística que hacía eco de esa estremecedora problemática, dado que reflejaba tales condiciones, esa gran precariedad económica y social. A Roma, ciudad abierta le siguieron otras cintas con directores como Luchino Visconti, Vittorio de Sica, Michelangelo Antonioni, Federico Fellini, Ettore Scola y otros realizadores que adoptaron esa corriente y lograron cintas de enorme belleza estética y de alto contenido crítico hacia la realidad social.
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Escrito por Cousteau
COLUMNISTA