El adeudo del estado ya está comprometiendo la educación de los universitarios, el pago a los trabajadores y la infraestructura de la institución.
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En Chihuahua, miles de jóvenes están dejando la escuela porque no alcanza el dinero en sus casas. Los estudiantes han tenido que cambiar los libros por una jornada de trabajo para ayudar a sus padres a pagar la comida, la renta o los servicios. No es que no quieran estudiar ni que hayan perdido sus sueños; en la mayoría de los casos, simplemente gana la necesidad.
A las seis de la mañana, cuando el frío todavía se cuela por las rendijas de los hogares en la periferia de Chihuahua, Diego ya está despierto. No para ir a la escuela, sino para trabajar. Tiene 17 años y dejó el bachillerato hace poco más de un año. Su uniforme sigue colgado en el clóset, intacto, como una promesa suspendida.
“Quería estudiar mecánica automotriz. Me gustaban los motores, quería tener mi propio taller. Pero en la casa ya no alcanzaba. Mi papá se enfermó, mi mamá vende comida y alguien tenía que entrarle”, dice mientras acomoda cajas en una bodega de la central de abasto de la ciudad.
En Chihuahua, el abandono escolar en el nivel medio superior alcanzó 29.2 por ciento entre los ciclos 2022-2023 y 2024-2025, de acuerdo con datos del Observatorio de Educación con Rumbo basados en el Sistema de Estadísticas Continuas de Educación. En términos absolutos, 17 mil 833 jóvenes dejaron la escuela en apenas dos ciclos: la matrícula pasó de 61 mil 143 estudiantes a 43 mil 310.
Esta situación se agudizó a partir de la pandemia de Covid-19, cuando muchos adolescentes abandonaron los estudios para trabajar y apoyar a sus familias; pero también mostraron más apatía por los estudios.
En el periodo 2019-2020, Chihuahua registró 11.6 abandonos por cada 100 inscripciones; de 2020 a 2021, subió a 16.5; de 2021 a 2022, bajó a 13.4; de 2022 a 2023, fue de 13.6 abandonos y para el periodo 2023-2024 registró 13.8.
La falta de recursos, las crecientes necesidades económicas en el hogar, la paternidad y maternidad tempranas, el costo para continuar una formación profesional y ahora las plataformas digitales provocan que los jóvenes abandonen sus estudios.
Otro factor importante al que se refieren consiste en que no hay empleos bien remunerados en el área profesional, que también los lleva a desertar desde el nivel medio superior y buscar un empleo o emprender un negocio propio.
La Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), una coalición ciudadana promotora y defensora de los derechos de las infancias destaca que la población en edad de acudir al nivel medio superior deja las aulas para buscar trabajo.
En su documento La Infancia Cuenta en México, la Redim subraya la importancia de inhibir esta situación, ya que son necesarias acciones para prevenir la maternidad y paternidad tempranas; además de establecer mecanismos que cubran el costo de oportunidad para iniciar la vida laboral.
En torno a la disponibilidad educativa, advierte que resulta prioritario revisar la suficiencia y calidad de la oferta desde los contextos más vulnerables, como las escuelas comunitarias, indígenas y población en movilidad.
A la par, menciona que es indispensable considerar servicios educativos que sean flexibles para quienes deseen trabajar y estudiar de forma simultánea pues, en el transcurso de su primer empleo, muchos eligen cortar definitivamente su preparación profesional.
Se puede vivir sin estudiar, pero no sin comer
En los hogares más vulnerables, la educación compite directamente con la supervivencia, y pierde. Chihuahua tiene una población que rebasa los 3.7 millones de habitantes, pero también enfrenta niveles importantes de desigualdad. Cuando el ingreso familiar no alcanza para cubrir la canasta básica, la escuela se convierte en un lujo.
“Mi hijo no dejó la escuela porque fuera flojo”, lamentó María, madre de familia en Delicias. “La dejó porque aquí había que comer. Y con lo que ganaba mi esposo, no alcanzaba. Él decidió trabajar en el jornal y los fines de semana en un puesto de comida. No lo obligué, pero tampoco pude detenerlo”.
En México, más del 54 por ciento de la población ocupada trabaja en la informalidad, lo que implica ingresos inestables, sin prestaciones ni seguridad social. En ese contexto, los jóvenes se incorporan temprano al trabajo como una estrategia de supervivencia familiar. No hay una política oficial que promueva el empleo temprano, pero en la práctica existe. Es silenciosa, cotidiana y masiva.
Luis, de 16 años, abandonó la preparatoria para trabajar en la construcción. “Gano mil 800 a la semana. No es mucho, pero ayuda. En la escuela no veía cómo eso me iba a alimentar ahora”, sentenció. El razonamiento es inmediato: el ingreso actual vale más que la promesa futura.
Ciudad Juárez, un caso crítico
Para miles de adolescentes juarenses, terminar la secundaria no garantiza continuar con sus estudios. La falta de espacios en las preparatorias públicas ha desplazado a dos mil 411 aspirantes sin un lugar este año, de los cuales mil 150 pertenecen al suroriente de la ciudad, una de las zonas con mayor crecimiento poblacional.
Laurencio Barraza, secretario ejecutivo de la Red ¡Tira Paro!, denunció que esta situación vulnera el derecho a la educación y coloca a los jóvenes en un escenario de incertidumbre. Y explicó que el problema no radica en el desempeño académico de los estudiantes, sino en la insuficiente infraestructura educativa para atender la demanda.
La falta de planteles obliga a muchas familias a buscar opciones privadas o trasladarse largas distancias, alternativas que no todos pueden costear. Mientras tanto, cientos de adolescentes permanecen fuera de las aulas, con el riesgo de abandonar sus estudios, incorporarse prematuramente al trabajo o quedar expuestos a problemas sociales y de inseguridad. El crecimiento de Ciudad Juárez, especialmente en el suroriente, no ha sido acondicionado con más preparatorias que la población necesita.
Una estrategia más de la SEP
Con el programa federal “La escuela te extraña”, desarrollado el año pasado, la Secretaría de Educación Pública (SEP) busca reincorporar a los jóvenes que dejaron el bachillerato, aunque las causas del abandono no se atiendan profundamente.
Durante su comparecencia ante la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, en el marco del análisis del Primer Informe de Gobierno de la Presidenta, Mario Delgado Carrillo, titular de la SEP, anunció que el objetivo es evitar que los jóvenes abandonen sus estudios.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) reveló en su informe “Panorama de la Educación 2024”, que México es uno de los países que menos invierte en educación.
El estudio destacó que el país destina 4.2 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) a este sector, en contraste con el promedio de 4.9 por ciento entre los países miembros de la OCDE. La inversión en educación ha disminuido durante los últimos años en México.
Según el informe, México invierte aproximadamente tres mil 513 dólares por estudiante, lo equivalente a 62 mil 460 pesos. En comparación, los países de la OCDE invierten un promedio de 14 mil 209 dólares por alumno, es decir, 281 mil 480 pesos.
En México, la cobertura educativa enfrenta importantes desafíos, especialmente en los niveles de educación media superior, lo que agrava las tasas de abandono escolar conforme avanza la trayectoria escolar. Estas limitaciones reflejan la necesidad de un gasto educativo equitativo, eficiente y de calidad.
El presupuesto destinado a educación, ciencia y cultura para este año sumó un billón 161 mil 164.8 mdp, equivalente al 12.5 por ciento del gasto neto total y 0.4 por ciento más que lo aprobado en 2024. El gasto educativo porcentual al PIB se sitúa en 3.2 por ciento, por debajo de la recomendación internacional de destinar entre 4.9 y seis por ciento.
En contraste, en países como Finlandia, Canadá o Alemania, la deserción en niveles equivalentes al bachillerato es mínima, no porque los estudiantes no enfrenten dificultades, sino porque el sistema está diseñado para sostenerlos.
En estos países existen redes de apoyo que incluyen tutorías personalizadas, atención psicológica, orientación vocacional desde etapas tempranas, modelos flexibles de estudio y vinculación directa con el mercado laboral.
En México, la realidad es distinta. Datos recientes informan que dos de cada 10 jóvenes en el país no están inscritos en educación media superior, lo que significa que millones de adolescentes se quedan fuera del sistema.
El problema no es sólo de acceso, sino de permanencia. Se puede decir, con sus reservas en algunas zonas del país, que el sistema logra que los estudiantes ingresen al bachillerato, pero no que se queden.
“Tenemos un modelo pensado para un estudiante ideal que no existe”, alerta Víctor Valencia, director del Telebachillerato 8648 “Aquiles Serdán”. “Un joven que no trabaja, que tiene estabilidad económica, apoyo familiar, acceso a tecnología. Pero ése no es el perfil real de la mayoría”.
Las políticas públicas suelen cambiar con cada administración. Se anuncian reformas, nuevos planes de estudio y programas emergentes. Pero pocos sobreviven lo suficiente para ser evaluados.
La educación en México se ha convertido en un terreno de experimentación política. “Se toman decisiones desde el escritorio”, estima Víctor Valencia, “Pero nadie pregunta qué pasa en el aula, en la casa del estudiante, en su entorno”.
Antes de 2020, el estado ya enfrentaba indicadores que encendían las alertas. La cobertura en el nivel medio superior apenas alcanzaba el 70 por ciento, lo que significaba que miles de jóvenes quedaban fuera de las aulas. A esto se sumaba una eficiencia terminal cercana al 60 por ciento, reflejo de que una gran cantidad de estudiantes abandonaba sus estudios antes de concluirlos. Los índices de reprobación también resultaban elevados; esto evidenció que el aprendizaje y el acompañamiento académico ya presentaban serias deficiencias.
Becas sin un plan
De acuerdo con Claudia Sheinbaum Pardo, entre 2019 y 2026 se habrán destinado 341 mil 786 millones de pesos (mdp) a este rubro. El principal programa de apoyo económico en educación media superior ofrece alrededor de mil 900 pesos bimestrales por estudiante.
La Presidenta también estableció que el gobierno de México proyectó una inversión histórica en Becas para el Bienestar, con la entrega estimada de 129.5 millones de apoyos a estudiantes de todos los niveles educativos hacia 2030.
De acuerdo con la información presentada en una de sus conferencias matutinas, el monto total previsto asciende a un billón 136 mil 692 mdp, junto a una estrategia orientada a fortalecer la educación pública y reducir la deserción escolar por motivos económicos.
Para muchos, ese dinero representa una ayuda importante. Pero no suficiente. “Con eso pago el camión”, declaró Karla, estudiante de bachillerato en Chihuahua capital. “Pero en la casa seguimos igual. A veces tengo que faltar para trabajar”.
El problema no es sólo el monto, sino el enfoque. Las becas no siempre están dirigidas a quienes más las necesitan. Se distribuyen de manera generalizada, sin considerar el nivel de riesgo de abandono. Además, no incluyen acompañamiento académico ni emocional. “La beca ayuda, pero no te sostiene en la escuela”, resume un orientador educativo.
En México, concluir la educación básica no garantiza aprender y, al transitar a la educación media superior, se profundizan las brechas formativas, sociales y emocionales que conlleva el sistema desde etapas anteriores.
Muchos jóvenes ingresan al bachillerato con rezagos en lectura, matemáticas y pensamiento crítico, lo que condiciona su desempeño y aumenta el riesgo de abandono. Esta transición, en lugar de representar una oportunidad de movilidad o desarrollo, suele marcar el momento en que las desigualdades se consolidan y reflejan un modelo educativo que no ha logrado articular la escuela con la vida cotidiana, el trabajo ni los proyectos personales de los estudiantes.
El proyecto “La escuela te extraña” se queda en buenas intenciones, sin atender las causas estructurales del abandono escolar. No basta con promover el retorno del estudiantado a las aulas si no se transforman las condiciones que originan el abandono. El verdadero desafío radica en construir un sistema de educación media superior pertinente, capaz de responder a las necesidades, intereses y contextos de las y los jóvenes, mediante experiencias de aprendizaje significativas, acompañamiento integral y trayectorias formativas flexibles que fortalezcan su permanencia y desarrollo personal, destacó uno de los maestros entrevistados.
El adeudo del estado ya está comprometiendo la educación de los universitarios, el pago a los trabajadores y la infraestructura de la institución.
El problema para los padres de familia consiste en sostener los estudios de los hijos, pero con trabajos precarios e inestables en el mercado laboral, poco se puede hacer.
La búsqueda de argumentos complacientes conduce a una justificación inútil que no está a la altura de los cambios que México, América Latina y el mundo están experimentando.
Este nuevo cine utilizó las viejas técnicas fílmicas producidas en la época de la dictadura de Mussolini; pero su enfoque era totalmente distinto.
El mayor filtro del sistema educativo ocurre en media superior, donde se pierden 30 estudiantes.
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A 41 días de la muerte del docente, profesores, estudiantes y padres de familia cuestionan el actuar del IEMS y demandan una investigación independiente sobre el proceso que enfrentó por una denuncia de abuso sexual; acusan amenazas contra quienes protestan.
Los índices de pobreza y marginación se concentran precisamente en la población indígena.
El sistema capitalista, para mantener las relaciones de explotación, necesita no solamente los mecanismos económicos que ya conocemos, sino también mecanismos como la prensa o la educación.
La consigna era esperanzadora: “arte para todos”.
Zacatecas, Guerrero y Morelos registran afectaciones al inicio de clases por violencia, obras de remodelación y un paro laboral, respectivamente.
Nuestro país es de los más ricos del mundo, pero con un pueblo sumido en la pobreza, y un reflejo de esto es la situación del campo.
La salida de una comunidad significa también dejar las actividades de las que dependía el ingreso familiar. Quienes vivían de la agricultura, la ganadería o trabajos realizados en sus localidades, deben buscar nuevas fuentes de sustento en las ciudades.
La promesa de tener una casa propia, símbolo de estabilidad y progreso durante décadas, hoy se desvanece para millones de mexicanos.
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Escrito por Noel González Jiménez
@noel1656