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Alejandro Alito Moreno, presidente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), encontró en Estados Unidos (EE. UU.) un escenario para llevar sus acusaciones contra el gobierno de Morena. Jorge Romero Herrera, presidente nacional del Partido Acción Nacional (PAN), realizó lo propio en Europa: viajó a Bruselas, se reunió con dirigentes de la derecha europea y desde el Parlamento Europeo denunció una supuesta asociación entre el narcotráfico y el gobierno mexicano. No son hechos aislados. Los dirigentes nacionales del PRI y el PAN parecen haber decidido que una parte de su batalla contra Morena también debe librarse fuera de México. Pero vale la pena preguntarnos: ¿qué busca el “PRIAN” llevando sus acusaciones ante poderes políticos extranjeros?
Y no es que Morena carezca de problemas qué denunciar. México atraviesa una crisis de desapariciones y violencia que golpea a miles de familias; la deuda pública está creciendo, mientras hospitales y clínicas padecen carencias de medicamentos, personal e insumos básicos. A esto se suman casos de corrupción y derroche en el movimiento mismo que llegó al poder con la promesa de combatirlos, así como carreteras, escuelas, calles y servicios públicos que evidencian años de inversión insuficiente. Es decir, el descontento no necesita fabricarse ni importarse, abundan causas concretas en la vida cotidiana de millones de mexicanos. Es decir, materia para construir una oposición política seria existe de sobra, el problema es si el PRI y el PAN están a la altura de esa responsabilidad.
Sin embargo, frente a ese enorme campo para construir una alternativa, Alito Moreno y Jorge Romero parecen haber elegido un camino más “audaz”: internacionalizar su disputa con Morena y buscar interlocutores entre las derechas de EE. UU. y Europa. No se trata de una coincidencia menor. Mientras el PAN estrecha vínculos con sectores conservadores europeos, el PRI lleva sus acusaciones a Washington, justo cuando la derecha estadounidense endurece su discurso contra México bajo el argumento del narcotráfico y la seguridad fronteriza. Ante este panorama, las preguntas son obligadas: ¿qué esperan conseguir en el extranjero? ¿Presión política, legitimidad internacional, cobertura mediática o aliados para debilitar al gobierno mexicano? Cualquiera que sea la respuesta, resulta difícil encontrar en esa estrategia un camino para acercarse a las clases populares.
El problema se vuelve todavía más grave cuando la denuncia internacional ya no representa una herramienta política y se confunde con llamados explícitos o implícitos, a una mayor intervención extranjera en los asuntos de México. No es lo mismo denunciar corrupción, violencia o vínculos con el narcotráfico que esperar que Washington utilice su poder económico, diplomático, incluso militar para resolver nuestros problemas internos. En otras palabras, quienes pretenden presentarse como una alternativa para gobernar el país, depositan parte de sus expectativas en una potencia que históricamente ha sometido a México en prácticamente todos los ámbitos, incluso de manera humillante.
Y es precisamente ahí donde aparece un problema más: ninguna denuncia, conferencia de prensa o escándalo mediático podrán sustituir el trabajo político cotidiano. Si el PRI y el PAN realmente pretenden convertirse en una oposición seria, deberán volver a las calles, recorrer colonias y comunidades, tocar puertas, escuchar demandas y organizar a quienes padecen diariamente los problemas que ellos mismos denuncian. Pero ese camino es mucho más largo y difícil que conseguir un titular alarmante o una fotografía en el extranjero para publicar en sus redes sociales. Construir una fuerza política exige trabajar las bases sociales, formación de cuadros políticos y presencia permanente entre los líderes populares. La simpatía de la gente no se gana sólo gritando más fuerte a Morena, sino demostrando que existe un proyecto realmente diferente, serio y capaz.
Por eso, es un grave error que el PAN, pero sobre todo el PRI, prefieran coquetear con la ultraderecha internacional que ya gobierna en distintos países de América Latina. Basta mirar lo que está pasando en la región para preguntarnos si ése es realmente el camino que necesita México. Varios gobiernos de derecha y “libertarios” prometen crecimiento económico y prosperidad, pero han impulsado fuertes recortes presupuestales, mayores concesiones al capital extranjero y medidas contra protestas sociales. ¿Es eso lo que quieren el PAN y el PRI para México? Si es así, que Dios nos libre.
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Escrito por Dante Montaño Brito
Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM.