Los productos y servicios relacionados con el Día de Muertos elevan sus precios.
Cargando, por favor espere...
Si hay algo que nos excede a todos es morir a manos de otro ser humano, escribió alguna vez el poeta Raúl Zurita al plantear la barbarie padecida por Chile bajo la dictadura de Augusto Pinochet, inaugurada con el bombardeo al Palacio de La Moneda y el derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular, el 11 de septiembre de 1973. Pero si existe algo humano en este mundo, lo contrario de esa violencia, radica en salvar, cuidar y reconocer a los otros como nuestros semejantes. En eso consistió el proyecto de Salvador Allende, convertir el poder político en instrumento para transformar la vida de los trabajadores y el pueblo.
Entre las medidas impulsadas por Allende destacó el medio litro de leche diario contra la desnutrición infantil, la nacionalización de la banca y el crédito, la reforma agraria y la búsqueda de una economía independiente. Además, hubo otra batalla menos visible: la cultural, como un derecho popular y no como un privilegio para unos cuantos.
El programa de gobierno contenía las llamadas 40 medidas inmediatas a implementar, la última diseñaba la creación del Instituto Nacional del Arte y la Cultura y de escuelas de formación artística en las provincias. La consigna era esperanzadora: “arte para todos”. De aquella voluntad nació una de las experiencias culturales más singulares del Chile socialista: el Tren Popular de la Cultura.
En febrero de 1971, más de sesenta artistas de distintas disciplinas abordaron un tren en la Estación Central de Santiago y, durante cuarenta días, recorrieron más de mil kilómetros hacia el sur del país, donde poetas, músicos, actores, folcloristas, cantantes y artistas plásticos llevaron sus obras a ciudades, pueblos y comunidades donde el acceso a la cultura era escaso o un lujo inexistente.
En una imagen, el proyecto fue un tren que, en lugar de mercancías, transportó cultura. Y no fue un arte disminuido para los pobres, sino expresiones artísticas de calidad profesional. El arte salía de sus recintos habituales y viajaba hacia el pueblo a través del ferrocarril, el principal sistema de comunicación chileno, ungido como un puente entre la intelectualidad y el pueblo.
Esta experiencia tenía antecedentes en las Misiones Pedagógicas y en La Barraca, el teatro universitario impulsado por Federico García Lorca durante la Segunda República española, que llevó las obras dramáticas a pueblos alejados de los grandes centros culturales. Pero en el país sureño adquirió una dimensión propia: la cultura debía arraigarse en las provincias y ser construida también desde ellas. Por eso, el tren no sólo llevó cultura, también transportó una idea de país donde la belleza no perteneciera a una clase social; donde la poesía pudiera llegar al trabajador, el teatro al campesino, la música al minero y la pintura a quien nunca había pisado una galería. Mientras, se discutía quién debía poseer la tierra, las fábricas o los bancos.
Pero aquel viaje duró poco. Los embates que comenzaron a mediados de 1971 recrudecieron hasta desembocar en una tragedia nacional. El golpe militar de 1973 destruyó el proyecto de la Unidad Popular e inauguró una dictadura que persiguió también a artistas, intelectuales y expresiones culturales populares. El Tren Popular de la Cultura no volvió a recorrer Chile como aquella experiencia.
Rescatar del olvido y la ignominia aquellas experiencias ocultas por las más horrorosas tragedias de la humanidad también significa recuperar los sueños que alguna vez impulsaron a los pueblos cuando se propusieron erigir una nación acorde con sus intereses de clase por su propia voluntad. Los atilas de hoy están levantando nuevos himnos de calumnia y edifican monumentos a imagen y semejanza de su bestialidad con las ruinas de este mundo. Contra ellos, rememoremos los emprendimientos de un sueño posible donde nos exceda la fraternidad y la unidad por nuestros semejantes.
Los productos y servicios relacionados con el Día de Muertos elevan sus precios.
La poesía china es una de las más antiguas del mundo.
Nora Lustig expone que, además de México, otros ocho países registran un impacto negativo en la economía familiar por efectos tributarios.
La iniciativa de ley para modificar el Artículo 2º constitucional, dicen los denunciantes, contiene cientos de artículos que harán retroceder sus derechos.
A pesar de que el gobierno actual dice buscar un mayor reconocimiento de sus derechos, éstos viven con carencias en salud, educación y alimentación.
En Quintana Roo se genera cada vez más riqueza, pero la distribución permanece desigual.
El discurso oficial sostiene que estos eventos representan una inversión y no un gasto.
Se trata de un análisis del derrumbe de la Unión Soviética en 1991, una pérdida asombrosa para la humanidad.
Compartimos hoy para nuestros lectores dos poemas de Juan Bañuelos que dan cuenta de su poesía terrenal, humana, personalísima, pero también telúrica, cósmica, trascendente.
El ingreso que reciben los hogares por la venta de su fuerza de trabajo, o porque son beneficiarios de algún programa social, resulta insuficiente.
La lucha de clases constituye, por decirlo así, la ley de leyes del desarrollo de la humanidad: es el principal resorte del desarrollo de las formas sociales.
Schiller presenta la gesta heroica de todo un pueblo que se organiza para liberarse y resistir la dominación extranjera.
"La poesía china es lírica desde sus orígenes y en dichos orígenes encontramos poemas tanto de tipo popular como letrado".
Para las comunidades cercanas al mar, los huracanes representan un problema recurrente porque, después de cada fenómeno, los afectados deben reconstruir su patrimonio y empezar nuevamente.
Las grandes editoriales las regalías significativas fluyen casi exclusivamente hacia los bolsillos de los escritores “consagrados”
Escrito por Gerardo Almaráz
Autor del libro Vestigios (Esténtor, 2022), actualmente es becario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA, Oaxaca), 2025 en el área de poesía.