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Poesía
Enuma Elish, el poema babilónico de la creación
El mito cuenta la historia de la victoria del gran dios Marduk sobre las fuerzas del caos y cómo éste establece el orden en la creación del mundo.


El Enuma Elish (también conocido como Las Siete Tablillas de la Creación) es el mito mesopotámico cuyo título se deriva de las primeras líneas de la misma obra: “Cuando en lo Alto”. El mito cuenta la historia de la victoria del gran dios Marduk sobre las fuerzas del caos y cómo éste establece el orden en la creación del mundo. Todas las tablillas que contienen el mito, encontradas en Asur, Kish, la biblioteca de Asurbanipal en Nínive, Sultantepe y otros sitios excavados datan de alrededor de 1200 a.C., aunque muchas parecen ser copias de una versión mucho más antigua del mito, anterior a la caída de Sumeria, hacia 1750 a.C.

La historia, una de las más antiguas, si no la más antigua del mundo, trata del nacimiento de los dioses y la creación del Universo y de los seres humanos. En el principio, sólo había agua indiferenciada arremolinándose en el caos. De este remolino, las aguas se dividieron en agua fresca y dulce, conocida como el dios Apsu, y agua salada y amarga, la diosa Tiamat. Una vez diferenciadas, la unión de estas dos entidades dio origen a los dioses más jóvenes, que eran extremadamente ruidosos, perturbando el sueño de Apsu por la noche y distrayéndolo de su trabajo durante el día.

 

Cuando en lo alto el cielo aún no había sido nombrado,

y, abajo, la tierra firme no había sido

mencionada con un nombre,

solos Apsu, su progenitor,

y la madre Tiamat, la generatriz de todos,

mezclaban juntos sus aguas:

aún no se habían aglomerado los juncares, 

ni las cañas habían sido vistas.

Cuando los dioses aún no habían aparecido,

ni habían sido llamados con un nombre, 

ni fijado ningún destino,

los dioses fueron procreados dentro de ellos.

Lankhmu y Lakhamu aparecieron 

y fueron llamados con un nombre.

Antes de que se hicieran grandes y fuertes,

fueron producidos Anshar y Kishar, superiores a aquéllos.

Tras prolongar sus días, multiplicados sus años,

Anu fue su hijo, igual a sus padres;

Anu, su primogénito, igualó a Anshar,

y Anu procreó a su imagen a Nudimmud.

Nudimmud fue el campeón entre sus padres,

de vasta inteligencia, sabio, y de poderosa fuerza,

mucho más fuerte que Anshar, el procreador de su padre,

sin tener rival entre los dioses, sus hermanos.

Estos dioses hermanos se concertaron entre sí,

y molestaban a Tiamat cuando se revolvían,

pues perturbaban el interior de Tiamat.

Con su jolgorio molestaron en lo alto de los cielos;

Apsu no podía disminuir su clamor

y Tiamat permanecía impasible ante ellos.

Sus acciones le eran aborrecibles,

su conducta no era buena, pero ella los perdonaba.

(Tablilla I)

 

Siguiendo el consejo de su visir, Mummu, Apsu decide matar a los dioses jóvenes. Tiamat, al enterarse de su plan, le advierte a su hijo mayor, Enki (también llamado Ea), quien pone a Apsu a dormir y lo mata. A partir de los restos de Apsu, Enki crea su hogar.

 

Ea, que conoce todas las cosas, concibió un plan,

planeó y agenció un proyecto de conjuntos contra él:

hábilmente, ajustó en su contra su encantamiento

más sobresaliente,

se lo recitó y con un filtro le provocó el reposo.

El sueño le invadió y quedó profundamente dormido.

Cuando hubo dormido a Apsu, invadido por el sueño,

y Mummu, el consejero, estuvo demasiado aturdido como para ejercer la vigilancia.

Le partió los tendones (a Apsu), le quitó su corona,

le despojó de su divino resplandor y se lo revistió a sí mismo.

Después de encadenar a Apsu, le dio muerte,

a Mummu lo encerró, atrancándole la puerta;

luego estableció su morada sobre Apsu,

y se apoderó de Mummu, sujetándole con una soga.

 

Tiamat, una vez partidaria de los dioses jóvenes, ahora está furiosa porque han matado a su pareja. La diosa consulta con el dios Kingu, quien le aconseja hacer la guerra a los dioses jóvenes. Tiamat recompensa a Kingu con las Tablillas del Destino, que legitiman el gobierno de un dios y controlan los destinos, y las usa con orgullo como coraza. Con Kingu como su campeón, Tiamat convoca las fuerzas del caos y crea once horribles monstruos para destruir a sus hijos.

 

Cuando Tiamat los oyó, estas palabras le agradaron:

“¡Puesto que lo habéis decidido juntos, fabricaremos tempestades!”.

Además, habiendo venido allí, a su interior, otros dioses

que habían concebido también el mal contra los dioses, sus creadores,

apiñados en círculo ante Tiamat,

furiosos, cavilando sin cesar noche y día.

Partidarios del combate, pataleando y rabiosos,

tuvieron un consejo para maquinar la guerra.

La madre Khubur, que había formado todas las cosas,

acumuló armas irresistibles, dando a luz a dragones gigantes

de dientes agudos, con mandíbulas despiadadas.

Llenó sus cuerpos de veneno en lugar de sangre;

revistió de terror a los temibles leviatanes,

los coronó con aureolas, haciéndoles semejantes a los dioses:

“¡Quien los contempla cae aniquilado de espanto,

una vez lanzados, no retroceden jamás!”.

Ella hizo surgir, además, hidras, dragones formidables

y monstruos marinos,

leones colosales, perros furiosos, hombres-escorpiones,

monstruos agresivos, hombres-peces y bisontes gigantescos,

blandiendo todos armas despiadadas y sin temer el combate;

sus poderes eran desmesurados y ellos irresistibles.

En total, a estos once monstruos es así como los hizo.

De entre los dioses, sus primogénitos,

que habían tenido consejo de ella,

exaltó a Kingu, confiriéndole entre ellos el más alto rango:

ir el primero delante del ejército, dirigir el consejo de guerra,

reclutar la tropa para el alistamiento, conducir la batalla,

la autoridad sobre los combatientes.

 

Ea, Enlil y los dioses jóvenes luchan inútilmente contra Tiamat hasta que, de entre ellos, surge el campeón Marduk, quien desafía a Tiamat, le reprocha su rebeldía y la mata disparándole una flecha que la divide en dos; de sus ojos fluyen las aguas de los ríos Tigris y Éufrates. A partir del cadáver de Tiamat, Marduk crea los cielos y la Tierra, designa dioses para varios deberes y ata a las once criaturas de Tiamat a sus pies como trofeos antes de colocar sus imágenes en su nuevo hogar. También toma las Tablillas del Destino de Kingu, legitimando así su reinado.

 

“¿Por qué eres agresiva y arrogante,

y meditas desencadenar el combate?

¡Por tu falta tus hijos han huido y ultrajado a sus padres,

y tú, que los has engendrado, rechazas toda piedad!

Has nombrado a Kingu para ser tu esposo;

tú lo has instalado indebidamente sobre el trono supremo.

Contra Anshar, el rey de los dioses, tú maquinas el mal

y contra los dioses, mis padres, has confirmado tu perversidad.

¡Que se equipe tu ejército, que ciñan sus armas,

y acude a mi encuentro para que yo

y tú choquemos en combate!”.

Al oír Tiamat estas palabras

enloqueció y perdió su razón.

Tiamat gritó fuerte y ferozmente;

sus extremidades inferiores se agitaron,

murmuró entonces sus encantamientos

y no cesó de lanzar conjuros.

Mientras tanto sus dioses (preparados para la batalla)

afilaban sus armas;

y habiéndose acercado Tiamat a Marduk,

el más Sabio de los dioses,

se lanzaron al combate y se enzarzaron

en un cuerpo a cuerpo.

Pero el Señor, desplegando su red, la envolvió con ella,

luego soltó contra ella el Viento Malvado,

que lo seguía detrás.

Y, cuando Tiamat abrió su boca para engullirlo,

él hizo penetrar en ella el Viento Malvado

para impedirle cerrar sus labios.

Entonces todos los Vientos furiosamente llenaron su vientre

y su cuerpo quedó hinchado

y su boca desmesuradamente abierta.

Él disparó su flecha y le atravesó su vientre;

cortó su cuerpo por la mitad y le abrió el vientre.

Así triunfó de ella, acabando con su vida.

 

Después de que los dioses terminaron de elogiarlo por su gran victoria y el arte de su creación, Marduk consulta con el dios Ea (dios de la sabiduría) y decide crear seres humanos a partir de los restos del dios que instigó a Tiamat a la guerra. Kingu es encontrado culpable y es ejecutado. De su sangre, Ea crea al primer hombre, para ayudar a los dioses en su eterna tarea de mantener a raya el caos. Como dice el poema: “Ea formó la humanidad / Impuso sobre ella el servicio de los dioses, liberando a éstos.” (Tablilla VI). Después de esto, Marduk “organizó el inframundo” y distribuyó a los dioses a sus estaciones designadas (Tablilla VI). El poema termina en la Tablilla VII con un largo elogio a Marduk por sus logros.

Más tarde, el Enuma Elish sería la inspiración para los escribas hebreos que crearon el texto ahora conocido como el libro bíblico del Génesis. Relatos famosos como la Caída del Hombre y el Diluvio Universal fueron originalmente concebidos y escritos en Sumeria, traducidos y modificados más tarde en Babilonia y reelaborados por los asirios antes de que fueran utilizados por los escribas hebreos para las versiones que aparecen en la Biblia. Aunque el paradigma básico de las narrativas bíblicas y mesopotámicas se alinean estrechamente, existen diferencias significativas entre ellas.

El relato puede leerse no sólo como un gran cuento del triunfo del orden sobre el caos y la luz sobre la oscuridad, sino como una parábola del surgimiento de Babilonia y la cultura babilónica sobre el antiguo modelo sumerio de civilización. Además, el cuento puede servir para ilustrar que, en la vida, la única constante es el cambio. Los viejos dioses estáticos del relato son reemplazados por dioses más jóvenes y dinámicos que luego introducen el concepto de cambio y mutabilidad en el Universo a través de la creación de seres mortales. Estas criaturas tienen la tarea de ayudar a los dioses a mantener su creación y, por lo tanto, aunque no son seres eternos, juegan un papel integral en el trabajo eterno de los dioses. 


Escrito por Redacción


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