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Poesía
Los poemas de amor más antiguos del mundo
Éste es el poema de amor más antiguo, cuyo original se haya en el Museo Arqueológico de Estambul, donde se expone la placa de arcilla con el número 2461.


La Canción de amor para Shu-Sin

Hace unos 4000 años, alguien grabó sobre una plancha de arcilla fresca una serie de caracteres cuneiformes que hoy constituyen el primer poema de amor conservado. Fue en Sumeria, una región al sur de la antigua Mesopotamia. Aquella tablilla se conservó, se perdió entre las ruinas de la civilización que la había creado y se descubrió miles de años después. Y con ella muchas otras, que nos hablan del amor entre la diosa Inanna y el dios-pastor Dumuzi. Un amor de la estepa y el río, de dulzura y de muerte; un amor recreado para hacer brotar la semilla en los campos y garantizar la abundancia.

Éste es el poema de amor más antiguo, cuyo original se haya en el Museo Arqueológico de Estambul, donde se expone la placa de arcilla con el número 2461; redescubierto en 1951 por el eminente sumeriólogo Samuel Noah Kramer, quien recuerda el descubrimiento con estas palabras: “La tablilla (…) estaba en uno de los cajones, rodeada de otras piezas. La primera vez que puse mis ojos en ella, su característica más llamativa era el estado de conservación. Pronto me di cuenta de que estaba leyendo un poema, dividido en cierto número de estrofas, que celebraba la belleza y el amor y homenajeaba a una novia jubilosa y a un rey llamado Shu-Sin (…). Al leerla una y otra vez, no había duda sobre su contenido. Lo que tenía entre mis manos era uno de los poemas de amor más antiguos escritos por la mano del hombre”. 

 

 

Hombre de mi corazón, amado mío,

tu encanto es dulce, dulce como la miel.

Muchacho de mi corazón, amado mío,

tu encanto es dulce, dulce como la miel.

Me has cautivado;

por mi propia voluntad iré hacia ti.

Hombre mío, déjame huir contigo

a la alcoba.

Me has cautivado;

por mi propia voluntad iré hacia ti.

Muchacho mío, déjame huir contigo

a la alcoba.

Hombre mío, déjame hacerte

las cosas más dulces.

Dulzura preciosa mía,

déjame llevarte miel.

En la alcoba, que destila miel,

gocemos una y otra vez

de tu dulce encanto.

Muchacho mío, déjame hacerte

las cosas más dulces.

Dulzura preciosa mía,

déjame llevarte miel.

Hombre mío, te has prendado de mí.

Habla con mi madre

y me entregaré a ti;

habla con mi padre

y él me dará a ti como regalo.

Sé dónde dar placer a tu cuerpo.

Duerme, hombre mío,

en nuestra casa hasta la mañana.

Sé cómo llevar alegría a tu corazón.

Duerme, muchacho mío,

en nuestra casa hasta la mañana.

Ya que te has enamorado de mí,

muchacho mío,

¡ojalá hicieras conmigo

tu dulce cosa!

Mi señor y mi dios,

mi señor y mi protector,

mi Shu-Suen, que alegra el corazón de Enlil:

¡ojalá tocaras tu dulce lugar,

ojalá tomaras en tus manos

tu lugar dulce como la miel!

Pon allí tu mano por mí,

como la cubierta de un recipiente de medir.

Extiende allí tu mano por mí,

como la cubierta de un recipiente de virutas. (*)

 

Los sumerios celebraban un ritual sobre el que han corrido ríos de tinta: el Matrimonio Sagrado. En él, según parece, se actualizaba la unión erótica entre Inanna, diosa del amor y la fertilidad, y el dios-pastor Dumuzi, unión que, en la mitología, traía consigo la fecundidad y la abundancia. El rey, en representación de Dumuzi, desposaba a una sacerdotisa de Inanna y se unía a ella sexualmente –de forma real o simbólica–, con el doble objetivo de legitimar el poder real y propiciar buenas cosechas.

Es posible que este antiguo poema de amor fuera recitado durante la celebración de este ritual. El texto está en boca de la enamorada, que se dirige al rey Shu-Sin para expresarle su pasión e incitarle a la unión erótica. Si bien la recitación del poema por parte de la ‘novia’ cumplía una función religiosa y social en la comunidad al garantizar la prosperidad, también es una composición profundamente personal y cariñosa, cantada en voz femenina, sobre el amor romántico y erótico.

Según el historiador Stephen Bertman, además de este poema, “Shu-Sin también fue el protagonista masculino en una serie de poemas eróticos en acadio escritos en forma de diálogo similar al Cantar de los cantares posterior”.

 

Un antiguo poema de amor no correspondido

Se dice que el poema de amor no correspondido más antiguo fue hallado en Siria y data del año 2400 a.C.; fue descubierto en la ciudad antigua de Ebla, a unos 55 km al sureste de Alepo. Según los arqueólogos y expertos, el poema grabado en una tablilla de arcilla cuenta la historia de un amor no correspondido:

 

Oh, mujer,

cuyo nombre está grabado en las hachas

                        [de los guerreros…

Cuando te amaba,

sabía que la luz escribiría

expresiones de glorificación en la puerta de mi casa…

y mi nombre estaría escrito en los rayos del Sol.

 

Entonces,

¿qué debo hacer, mi amor, para ser digno de ti?

¿Debo colorear las entradas
                        [y muros de la ciudad en blanco?

Me prometo a mí mismo que nunca te haré sufrir.


Escrito por Redacción


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