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Tecnología
¿A quién beneficia la IA?
La IA podrá ser una herramienta verdaderamente útil sólo cuando se ponga a disposición del desarrollo social y no de la obtención de ganancias.


En el último año, el uso de la Inteligencia Artificial (IA) se ha vuelto cada vez más recurrente en muchas de las actividades humanas, desde las más sencillas hasta las más complejas. Cuando algún estudiante universitario requiere hacer cualquier tipo de trabajo encargado por sus profesores, ya sea un ensayo sobre un libro, la realización de un gráfico usando programas de análisis de datos o la creación de diapositivas para una exposición en el aula, lo más común es que recurra al uso de IA. Si alguien pretende modificar o editar una fotografía, ya no es necesario contratar a un profesional, basta con hacer el prompt correcto para que ChatGPT lo realice en pocos segundos. Para ordenar sus actividades semanales y mensuales, o hacer un menú para seguir una dieta balanceada y variada, unas cuantas indicaciones a DeepSeek son suficientes para obtenerlos.

Otro caso lo encontramos en el área de la salud; las herramientas basadas en IA pueden ayudar a los médicos a diagnosticar enfermedades, desarrollar nuevos tratamientos y ofrecer atención personalizada a los pacientes, más rápido y con mayor precisión. En el ámbito productivo, la IA también ha desarrollado varias aplicaciones, principalmente para la automatización de los procesos productivos, como el ensamblaje y la inspección, así como en su optimización para la reducción de costos y el aumento de la productividad.

Con estos ejemplos podemos observar que el desarrollo de la IA trae muchos beneficios a la humanidad, pues facilita la realización de tareas, aumenta el grado de precisión en la ejecución de otras y ayuda a la prevención y atención de riesgos en algunas más. Sin embargo, no todo es “color de rosa”.

La IA forma parte activa de los conflictos actuales, como las guerras en Ucrania, Irán o Gaza, donde se potencian las capacidades militares, de logística y de selección de blancos de los países en conflicto. El 18 de febrero de 2025, una investigación publicada por Associated Press evidenciaba cómo se ha incrementado el uso de la tecnología de Microsoft y OpenAI por el ejército israelí, que emplea modelos de IA comerciales, como ChatGPT, para cometer masacres contra el pueblo palestino, asesinando a más de 73 mil personas. El 20 de septiembre de este año, Ucrania lanzó mil 110 drones y otros vehículos aéreos no tripulados sobre instalaciones de la principal refinería petrolera en la capital rusa y sobre un edificio residencial, causando graves daños; otros más se dirigieron directamente hacia Moscú, aunque fueron interceptados. La IA también se ha convertido en una máquina de asesinatos en masa.

No sólo eso: según informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, el Fondo Monetario Internacional y el Foro Económico Global, entre el 45 y el 47 por ciento de los empleos en el mundo corren riesgos por el desarrollo de la IA y la automatización. Además, los resultados de una encuesta realizada por Pew Research Center, publicados el pasado 17 de septiembre, mostraron que, en 34 de 37 países encuestados, 46 por ciento de las opiniones espera que la IA destruya empleos en lugar de crearlos; el 37 por ciento está más preocupado que entusiasmado con el avance de la IA y sólo 13 por ciento se inclina “por el entusiasmo”; Israel es el único país donde los entusiastas superan a los preocupados. Mientras esto ocurre con los trabajadores del mundo, las grandes empresas desarrolladoras de IA, como Nvidia, OpenAI, Alphabet, Anthropic o Microsoft, reportaron ganancias por más de 160 mil millones de dólares el trimestre pasado.

Sumado a esto, el impacto ecológico que esta tecnología ha generado es verdaderamente alarmante. Se estima que para 2027, la demanda de energía en los centros operadores de IA represente el 2.6 por ciento del consumo energético global. Igualmente son necesarios ingentes volúmenes de agua para mantener los sistemas de refrigeración; un ejemplo: Microsoft reportó un incremento de 34 por ciento en su consumo de agua en 2023 y alcanzó 14 mil millones de litros en un solo año.

Ante este panorama, responder a la pregunta inicial puede parecer evidente: la humanidad entera no se beneficia con el desarrollo de la IA, sino unas cuantas empresas a costa de todos y de la naturaleza. La respuesta no depende de la tecnología en sí, sino del enfoque que actualmente cobra su uso. La IA podrá ser una herramienta verdaderamente útil sólo cuando se ponga a disposición del desarrollo social y no de la obtención de ganancias. 


Escrito por Vladimir López Reyes

Ingeniero agrónomo especialista en Sociología Rural por la Universidad Autónoma Chapingo.


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