La resistencia ha estado en Cuba históricamente; con el marxismo-leninismo ha aguantado los embates del imperialismo.
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La Rusia zarista entró en la guerra con dinero ajeno, con dinero prestado, y ya había pactado con las potencias territorios de anexión en caso de que su bando triunfara. De la misma manera, las cabezas del Gobierno Provisional no pensaban poner fin a la guerra –a pesar de ser la bandera del pueblo ruso cuando tomaron el poder en febrero– porque respondían a los intereses de los guerreristas: desde su ascenso al poder estaban atados ya de pies y manos al capital financiero, era “un agente de la firma financiera Inglaterra y Francia”, y en sus comunicados habían prometido respetar la deuda de los zares, seguir en la guerra para controlar Armenia, Turquía y Galitzia, y contratar nuevos créditos para la guerra. Lenin señaló claramente esta situación y, con sus Tesis de Abril, convenció a su partido de encaminar sus esfuerzos, mediante una cuidadosa labor de propaganda y organización, para que fueran los soviets quienes gobernaran Rusia. Finalmente, el camino y la labor del partido de Lenin triunfó en octubre de 1917.
La Rusia soviética no solamente salió de la guerra, sino que también repudió la deuda contraída por los zares y el gobierno provisional. Fiel y consecuente a la autodeterminación de los pueblos, la deuda de naciones otrora oprimidas por el imperio zarista fue cancelada e incluso se pactaron reparaciones por Rusia hacia ellas. Francia era el enemigo declarado de la Rusia soviética porque el repudio de la deuda le afectaba directamente: los bonos rusos se habían emitido ahí y la propiedad de la deuda rusa era mayoritariamente francesa. Veamos las cifras que da Eric Toussaint, portavoz del CADTM (Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas): “los títulos rusos representaban el 33 por ciento de las obligaciones extranjeras en manos de los residentes en Francia. Eso representaba el 4.5 por ciento del patrimonio de los franceses, así que de un 40 a un 45 por ciento de la deuda rusa se encontraba en Francia”. Fue tan importante este repudio de la deuda que hasta la fecha es el mayor en la historia; de aquí el velo con que se oculta este episodio.
Una decisión de tal naturaleza afectaba de muchas maneras al imperialismo: directamente a sus intereses económicos y también porque ponía el ejemplo a muchas naciones de cómo construir alternativas para la organización de la vida social, económica y política. Por ello, las grandes potencias imperialistas intentaron sabotear desde su mismo surgimiento este gran experimento. Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Japón, Grecia y Canadá enviaron cerca de 180 mil elementos durante la guerra civil (1918-1922) para derrotar al Estado recién creado. Finalmente, el Ejército Rojo triunfó, pero la URSS, durante toda su existencia, estuvo siempre bajo asedio. En 1922 hubo intentos de negociaciones para resolver el asunto de la deuda entre las potencias imperialistas y Rusia (por ejemplo, Rusia aceptaba pagar parte de las deudas contraídas por el zarismo hasta dentro de 30 años, una vez recuperados de la guerra), pero las primeras no estaban dispuestas a ceder en nada, y la deuda fue repudiada nuevamente. Cuando cayó la URSS, Gorbachov, en el colmo del entreguismo, aceptó pagar una parte de la deuda de los viejos bonos repudiados por la Revolución de 1917. La Revolución de Octubre demuestra, entonces, que una liberación completa y sistemática de los pueblos oprimidos sólo podrá lograrse con la derrota final del imperialismo.
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Escrito por Gladis Eunice Mejía
Maestra en Economía por la UNAM.