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Socialismo traicionado, de Keeran y Kenny
Se trata de un análisis del derrumbe de la Unión Soviética en 1991, una pérdida asombrosa para la humanidad.


Se trata de un análisis del derrumbe de la Unión Soviética en 1991, una pérdida asombrosa para la humanidad. Para establecer la necesidad de tal análisis, los autores reseñan los espectaculares avances sociales en todos los campos en las cinco décadas previas a su desaparición. Es una investigación para hallar las causas y las razones de este colapso, no para agradar a la derecha triunfante ni a la izquierda dogmática, sino para profundizar el conocimiento científico, para llegar “a donde nos condujeran los hechos”. Es, pues, una de las más finas perlas del pensamiento superior, que trata con seriedad el tema del futuro de la humanidad, admirable por la honestidad con que Roger Keeran y Thomas Kenny se plantean preguntas cada vez más profundas en su libro Socialismo traicionado (2004): ¿era posible haber detenido la caída del socialismo? Y explicarlo, dicen, ayudará a tomar una vez más el cielo por asalto y dejar de lado la estrechez de la lucha económica.

Desde el punto de vista de los autores, el colapso de la Unión Soviética se produce primordialmente por las políticas traidoras que implementó Mijaíl Gorbachov después de 1985. Los autores buscan la base material que las hizo posibles, que para ellos radica en el surgimiento de una “segunda economía”, basada en la propiedad privada, dentro del socialismo soviético, y un nivel de corrupción del Partido Comunista, que termina por hacerlo incapaz de oponerse y defender la base social socialista.

La tesis inicial es “La crisis que cayó sobre la sociedad soviética (en los años ochenta) se originaba en alto grado por la crisis en el Partido”. La posibilidad de realización de las ideas de Gorbachov no procedía de vacíos políticos e ideológicos, sino de intereses que las políticas de Stalin no habían dejado desarrollarse, pero sí sus sucesores, Jrushchov y luego Brézhnev, quienes rompieron la continuidad leninista que el georgiano había garantizado. Un momento estremecedor de esta historia es cuando el Comité Central del PCUS, en 1957, expulsa de sus filas a los opositores de las políticas burguesas de Jrushchov, como las calificó Mólotov, uno de los expulsados. El método con que dicho comité –constituido muy a modo por Jrushchov– desobedece a su Buró Político, de mayor jerarquía, y rompe con su estructura leninista, es impactante. El propio Jrushchov después, al final de su vida, evaluó sus ideas como “un error conceptual”… pero el daño fue cruelmente objetivo. Como el hecho de calumniar a Stalin y acusarlo de los más graves delitos, para luego acusar de estalinistas a sus opositores para descalificarlos y anularlos políticamente –igual táctica usó Gorbachov 20 años después–. Paso a paso, los autores confirman que “Las políticas de Jrushchov sembraron la semilla de problemas ulteriores”, particularmente sus relajadas políticas respecto a la membresía del Partido Comunista cuando lo dirigió en Ucrania, fueron el precedente de la debacle y la ulterior caída de la URSS. Luego vendría el golpe de decretar que el Partido Comunista dejaba de ser de la clase obrera y pasaba a ser la vanguardia de todo el pueblo; devino, en los hechos, a ser el desclasado que contempló estólido el hundimiento de su propia creación. Para triunfar, la traición al más grandioso proyecto de la humanidad necesitó tres décadas de creación de sus condiciones.

Vino luego un mayor debilitamiento ideológico con Brézhnev, sucesor de Jrushchov, si bien la inercia propia de la era estalinista aún daba a la Unión Soviética crecimientos económicos asombrosos, pero los seguidores de Jrushchov dominaban tres de los cuatro principales institutos académicos. De allí salió el principal asesor de Gorbachov.

A pesar del esperanzador periodo de Andrópov, casi todos los problemas del Partido, de la economía y de las relaciones internacionales, que habían empeorado bajo Brézhnev, se habían recrudecido hacia 1985, a la muerte de Andrópov y el consecuente ascenso del inepto y traidor Gorbachov. Con él concluyó el proceso iniciado en 1953, el crecimiento constante de una nueva base económica para las ideas burguesas dentro del socialismo: la “segunda economía”, el mercado otra vez; de allí emergió una nueva pequeña burguesía como estrato social que, a fin de cuentas, creció y tomó el poder. La caída de la URSS es la forma más desgraciada de volver a comprobar que el origen de los males de la humanidad radica en la propiedad privada sobre los medios de producción y su concomitante producción intelectual y, en el actual periodo, del imperativo de garantizar la existencia de una organización leninista. 


Escrito por Luis Miguel López Alanís

Periodista y escritor. Autor del libro “Ecos de los organizadores”.


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Fue también editor especialista en la Dirección General de Publicaciones de la UNAM y es autor del célebre manual Cómo presentar originales y corregir pruebas para su edición.

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