No debe sorprendernos que los políticos salten de un partido a otro como chapulines. Cambian de siglas, de colores y de discursos, pero no de los intereses esenciales que representan.
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El domingo pasado, miles de personas salieron a las calles de Guadalajara para exigir algo tan elemental como agua limpia. Llevan meses recibiendo en sus hogares agua cada vez más que turbia, de mal olor y cuya calidad ha despertado serias preocupaciones. La respuesta del gobernador de Movimiento Ciudadano (MC), Pablo Lemus, incluyó un pésimo operativo policial que terminó en represión violenta y decenas de detenidos. Sin embargo, sería un error pensar que esta crisis comienza o termina en Jalisco. En México, millones de familias de colonias populares, periferias urbanas y comunidades rurales llevan décadas viviendo entre tandeos, pipas, cortes recurrentes y agua de mala calidad. Pero si el acceso al agua es un derecho universal, ¿por qué disponer de ella “limpia, suficiente y todos los días” depende todavía del lugar donde vivimos y de cuánto dinero tenemos?
El verdadero problema es que, en México, la crisis del agua tiene una larga historia de desigualdad que hemos normalizado. Mientras su escasez en las grandes ciudades provoca preocupación pública y ocupa titulares de periódicos y noticieros, en las colonias populares, periferias urbanas y pueblos campesinos, millones de personas llevan décadas padeciendo este problema en silencio. Ahí, depender de pipas, recibir agua por tandeo o pasar días enteros sin una gota en la llave forman parte de la vida cotidiana. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en 2024 apenas el 53.4 por ciento de la población contaba con suministro diario de agua en su vivienda. Es decir, para millones de mexicanos, la crisis no es una situación extraordinaria ni reciente, sino una condición permanente de vida que históricamente ha recibido poca o nula atención de los gobiernos de todos los partidos.
Pero esta desigualdad no es casual. El acceso al agua es profundamente político. Dónde se construye infraestructura, cuánto se invierte en mantenerla y qué sectores de la población reciben atención prioritaria. Mientras algunas zonas cuentan con mejores redes de abastecimiento y servicios, en otras ni siquiera está garantizado que el agua llegue con regularidad y con calidad. Además, cuando el suministro falla, las consecuencias tampoco son iguales, pues quienes tienen recursos económicos, pueden encontrar alternativas, mientras las familias más pobres deben resolver como puedan. En un país con profundas desigualdades económicas, recibir agua limpia, suficiente y todos los días, más que un derecho garantizado, es un privilegio de clase.
Pero esta desigualdad no es producto de la casualidad, proviene de decisiones políticas concretas. El Partido Revolucionario Institucional y Acción Nacional comparten una responsabilidad histórica, pero tampoco la llegada de Morena y MC ha conseguido revertir este problema. Y lo ocurrido en Guadalajara exhibe las contradicciones de esta supuesta “nueva política”; a saber: un gobierno que no logra garantizar agua limpia, pero que paradójicamente reprime la protesta social con chorros de agua a presión. Porque cambiar de colores, renovar rostros y hacer campañas electorales “fosfo fosfo” o con canciones “pegajosas” no hace a un gobierno diferente. La verdadera transformación no se mide en discursos, eslóganes ni estrategias de mercadotecnia, sino en las condiciones materiales de vida de la gente.
Frente a este panorama, resulta necesario recuperar el papel de la organización popular, porque las necesidades de las colonias pobres, las periferias urbanas y los pueblos campesinos no deben ser ignoradas hasta que los problemas alcancen a los sectores más acomodados. Hace falta que las colonias, los barrios y los pueblos nos organicemos para convertir una necesidad cotidiana en una exigencia colectiva capaz de demandar soluciones reales y vigilar su cumplimiento. Después de todo, se trata de un recurso indispensable para la vida, no de una mercancía cuya disponibilidad deba quedar subordinada a las desigualdades económicas. Es decir, lo que hoy funciona como privilegio de unos, debe convertirse en un derecho efectivo para todos.
No debe sorprendernos que los políticos salten de un partido a otro como chapulines. Cambian de siglas, de colores y de discursos, pero no de los intereses esenciales que representan.
En Jalisco, miles de personas protestaron por segunda semana consecutiva para exigir agua limpia en 320 colonias. En Yucatán, más de 3 mil manifestantes rechazaron la participación de empresas israelíes en la gestión hídrica y expresaron su solidaridad con Palestina.
El avance de la derecha representa un retroceso para la región, ya que las conquistas sociales se ven amenazadas, tal como ocurre en Brasil.
La jefa de Gobierno Clara Brugada asegura que no habrá incrementos al impuesto. Por su parte, el secretario de Planeación, Enrique Irazoque, sostiene que el programa no puede, por sí mismo, aumentar el predial, modificarlos usos de suelo ni ordenar subastas de propiedades.
Hoy, todos admiten que la crisis de vivienda en España es estructural. Los españoles adultos y jóvenes que rentan vivienda, aparecen como las víctimas principales de la especulación del sector.
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El secretario de Seguridad estatal, Juan Pablo Hernández González, reconoce posibles abusos y uso indebido de la fuerza durante la movilización del 11 de octubre.
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Luego de las denuncias sociales, la autoridad estatal liberó a todos los detenidos.
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El ciclón alcanzó la categoría 4 y mantendrá condiciones adversas en el Pacífico mexicano, con lluvias extraordinarias, vientos intensos y oleaje elevado.
La izquierda ha dado la batalla sin reconocer el problema, ha querido salvar a las naciones discursivamente dejando en su lugar el camino abierto a la derecha al fracasar estrepitosamente con su política sin principios, sin fundamentos, sin una teoría correcta, revolucionaria.
Las formas para seleccionar candidatos cambiaron, pero el oportunismo, los cacicazgos y la disputa por posiciones todavía encuentran espacio para reproducirse.
El gobierno de Jalisco suspenderá el uso de agua de la presa Las Pintas y del sistema antiguo de Chapala ante el deterioro de la calidad del líquido; especialistas advierten que la medida podría afectar a 944 mil personas.
Cinco familias reportaron decesos entre marzo y septiembre de 2026; IMSS reconoció brotes de Klebsiella pneumoniae y Candida albicans y FGR investiga
Escrito por Dante Montaño Brito
Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM.