Las insurrecciones, como las lluvias, por fin han llegado.
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Agua, educación, vivienda, salud y salarios dignos son algunas de las principales demandas que se escuchan actualmente en las calles de distintos países, tanto del norte como del sur global. Miles de personas exigen condiciones básicas para vivir dignamente, pero ¿cómo es posible que, en pleno Siglo XXI, necesidades tan elementales sigan siendo una aspiración para la mayoría de las personas del mundo entero?
Históricamente, la pobreza y la falta de acceso a servicios básicos han sido consideradas problemas propios de los países del sur global. Sin embargo, hoy, incluso en los países más ricos, tener una vivienda, acceder a servicios de salud o percibir un salario suficiente se han convertido en un problema para amplios sectores de la población.
En apariencia resulta contradictorio que, mientras el mundo se ha supertecnologizado –al grado de caer en la torpeza de creer que las máquinas y la inteligencia artificial nos dominarán próximamente–, haya millones de personas que no tienen garantizadas siquiera las condiciones mínimas para vivir. No obstante, esa aparente contradicción es una ley que rige y garantiza el funcionamiento y la supervivencia del capitalismo. Carlos Marx descubrió y denunció, hace más de siglo y medio, esa ley de la acumulación del capital, que a la fecha sigue vigente.
En el capitalismo, la producción está orientada a la generación de plusvalía a través de cualquier tipo de mercancía; por eso la vivienda, la educación, la salud y el agua pueden convertirse en mercancías cuyo acceso depende de la capacidad económica de las familias, aun cuando son derechos básicos universales.
El neoliberalismo, como fase actual del capitalismo, ha profundizado brutalmente esa contradicción fundamental, por lo que resulta cada vez más difícil que el trabajo (en muchas ocasiones de más de ocho horas diarias) garantice una vida digna. Por esa misma razón, hoy se evidencia en las manifestaciones que se registran en México, Francia, España, Grecia, India, Brasil, Argentina y Chile, entre otros.
Frente a las políticas neoliberales de recortes presupuestales a la educación, la vivienda y los servicios básicos, la alternativa es precisamente la que han seguido los países antes mencionados: la organización social. Ése es el enemigo principal del neoliberalismo; por ello se ha encargado de censurar y desarticular todo intento de organización por todas las vías a su alcance, desde los medios de comunicación hasta el uso de la fuerza. En Madrid, Guadalajara, París, Santiago y Buenos Aires, los manifestantes han sido reprimidos por la fuerza del Estado neoliberal y, no por casualidad, casi todos son gobiernos que comulgan con ideas de corte fascista. No debemos dejarnos engañar por los medios de comunicación: cuando los comentaristas presentan estas movilizaciones como “desórdenes” o “vandalismo juvenil”, o las descalifican como movimientos vendidos a tal o cual partido electoral, ocultan que detrás de cada una de ellas existe una necesidad real.
No denunciar la indiferencia de los gobiernos ante las necesidades colectivas y callar ante la represión equivale a reproducir esas desigualdades impuestas por un sistema que vive de la explotación de las mayorías.
Las insurrecciones, como las lluvias, por fin han llegado.
Se premia así un nuevo intento por administrar y estabilizar el capitalismo, pero esta vez a la cabeza van los bancos centrales.
Las escenas son muy parecidas a las que actualmente enfrentan los palestinos que sufren el genocidio por el sionismo.
Hoy compartimos con nuestros lectores un fragmento que ilustra la propuesta estética de este poeta, en la que la anáfora juega el papel de consigna.
La verdadera felicidad proviene de condiciones de vida materiales que posibiliten el desarrollo pleno del ser humano.
La represión puede conseguir que las manifestaciones disminuyan mientras las demandas de la población siguen sin ser atendidas.
Defender a quienes bloquean no exige negar las afectaciones que provocan, sino reconocer las demandas y los incumplimientos que los llevaron hasta ahí.
Invito a todos los lectores a conocer la obra de Anwar Shaikh, un verdadero gigante de la ciencia económica.
14 gobiernos recurrieron a la represión policial, seis aplicaron medidas de excepción; otros seis optaron por concesiones o diálogo, nueve mantuvieron una postura de tolerancia y tres negaron o minimizaron los conflictos.
Claudia Sheinbaum anunció recursos federales para infraestructura hidráulica en Guadalajara; se busca financiar las obras sin generar nueva deuda para Jalisco.
Los músicos denunciaron asfixia y afirmaron que nadie debería tener que tocar música para ser tomados en serio
Las restricciones nocturnas comenzaron el 19 de octubre en París y otras ciudades, tras protestas contra el costo de vida y el deterioro de los servicios públicos.
Los iraníes y los griegos de hoy son herederos de dos grandes civilizaciones; no están condenados a repetir las guerras de la Antigüedad.
El acceso al agua es profundamente político.
La lucha de clases constituye, por decirlo así, la ley de leyes del desarrollo de la humanidad: es el principal resorte del desarrollo de las formas sociales.
Escrito por Victoria Herrera
Maestra en Historia por la UNAM y la Universidad Autónoma de Barcelona, en España.