Las familias ricas destinan menos porcentaje de su ingreso a pagar el impuesto predial que las familias pobres.
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La vida en los hogares mexicanos dista mucho de la supuesta felicidad que, según el gobierno del bienestar, priva a lo largo y ancho del país. El ingreso que reciben los hogares por la venta de su fuerza de trabajo, o porque son beneficiarios de algún programa social, resulta insuficiente. Se ha difundido mediante diversos análisis y estudios que nadie sale de la trampa de pobreza por estas vías. El salario mínimo, aun cuando se reporte que ha aumentado, en los hechos, no tiene tales incrementos: en primer lugar, porque no vigilan a las empresas para que realmente se efectúe; y en segundo lugar, porque el 98 por ciento de las empresas en México son tan pequeñas, la mayoría labora en la informalidad, que no pueden sufragar tales aumentos, aunque quisieran.
Aun cuando el gobierno no actualice sus datos estadísticos, las cifras creíbles pertenecen a 2018; y las actuales han empeorado porque, en estos ocho años de gobierno morenista, la economía viene en caída libre; y sin un crecimiento económico, las buenas intenciones sólo quedan en discurso demagógico; aun cuando las cifras “se maquillen”, la población sigue vulnerable en relación con el empleo: 33 millones de trabajadores están en situación económica informal, y más de 11 millones de trabajadores no alcanzan el salario mínimo.
Mientras un trabajador formal gana 13 mil pesos mensuales en promedio, los que se emplean en el sector informal no alcanzan los siete mil. Para los deciles más bajos, la sobrevivencia diaria representa un verdadero predicamento. Los gastos de los hogares están al día; aunque en promedio hay cuatro miembros por familia, entre más pobre, la prole es más numerosa, en muchos casos con más de siete integrantes.
Los gastos diarios orillan a las familias a hacer malabares para estirar el ingreso; esta necesidad obliga a que la esposa o los hijos mayores se incorporen al mercado laboral, además del jefe de familia. Sus ingresos no alcanzan para cubrir los gastos que parecen “un barril sin fondo”: se gasta en las necesidades primarias, como alimentos y, si alcanza, algo de ropa y calzado. El ingreso nos recuerda quiénes somos, aunque no se quiera o no se acepte, porque éste determina todos los aspectos de la existencia. La vida se muestra tal cual es, desde el nacimiento hasta la muerte.
Por ejemplo, la precariedad del hogar, el hacinamiento, la desnutrición de la madre son las primeras cosas que descubre el niño en los hogares más humildes; pertenecen al mundo de oportunidades que más tarde le venderán: desde que nace ya está en desventaja, no alcanza ni el peso promedio de un bebé normal; desde ahí, el mundo se muestra como una selva donde hay que sobrevivir. Para los estratos más bajos, el ingreso apenas alcanza para malcomer: alimentos chatarra o inferiores como refrescos, botanas, frijoles, arroz, tortillas serán su dieta diaria; por ello, las enfermedades relacionadas con la pobreza acuden en tropel, causando estragos y muerte en las primeras etapas de la vida. No hay cómo evadirse, la educación, la cultura, sus creencias estarán también marcadas por los bajos ingresos.
El disfrute del ocio, entretenimiento y diversión ya están igualmente determinados, sin tiempo para pensar en el rol que desempeñan en la sociedad y cómo liberarse, sólo se dejará llevar como una hoja en medio de un océano. Vive para trabajar; si no trabaja, no come ni él ni los suyos, y casi siempre sueña en un golpe de suerte que lo saque de la pobreza; pero ésta no se va, ni siquiera se ahuyenta, por más que se empeñe en el empleo, por más que trabaje más horas o que pruebe suerte como migrante en Estados Unidos, o caiga en los brazos del crimen organizado. El problema estará siempre ahí porque sus bajos ingresos no cambiarán por bondad divina; a menos que un día ya no sueñe y decida cambiar las reglas del juego. Hasta entonces.
Las familias ricas destinan menos porcentaje de su ingreso a pagar el impuesto predial que las familias pobres.
La lucha de clases constituye, por decirlo así, la ley de leyes del desarrollo de la humanidad: es el principal resorte del desarrollo de las formas sociales.
Para las comunidades cercanas al mar, los huracanes representan un problema recurrente porque, después de cada fenómeno, los afectados deben reconstruir su patrimonio y empezar nuevamente.
Las grandes editoriales las regalías significativas fluyen casi exclusivamente hacia los bolsillos de los escritores “consagrados”
El 72 por ciento no gana lo necesario y 66 por ciento se encuentra en la informalidad.
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Los malos resultados en PISA 2025 son el reflejo de años de desigualdad social acumulada.
Entre 2020 y 2025, la proporción de viviendas con teléfono celular aumentó de 88.1 a 94.5 por ciento, mientras que el acceso a internet creció más de 21 puntos porcentuales, de acuerdo con el Inegi. En contraste, disminuyó la presencia de radios, teléfonos fijos y televisores de paga.
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Las grandes fortunas se mantendrán exentas de pagar mayores impuestos debido a que no se contempla una nueva reforma fiscal.
Cuando veían la solución cerca, un amparo interpuesto por un diputado de Morena está retrasando nuevamente el proceso.
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Escrito por Capitán Nemo
COLUMNISTA