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Reportaje
Prosperidad en el discurso; Laguna de Chiconautla en el abandono
En La Laguna de Chiconautla no se nota progreso ni prosperidad, sino el abandono y olvido de la autoridad municipal y estatal desde hace 30 años.


“Todo marcha sobre ruedas en México”, es el mensaje que ha destacado la Presidenta de la República durante el recorrido efectuado en el país para presumir los avances de su Segundo Informe de Gobierno. Pero en La Laguna de Chiconautla, en el Estado de México, ese discurso se desmorona. Ahí no se nota progreso ni prosperidad, sino el abandono y olvido de la autoridad municipal y estatal desde hace 30 años.

A 25 kilómetros de Palacio Nacional, en el perímetro de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) se encuentra el Ejido Santa María Chiconautla, en una franja que se conoce como La Laguna de Chiconautla, que se mantuvo en disputa entre los municipios de Ecatepec de Morelos y Acolman por más de 30 años y cuyo diferendo finalmente fue resuelto el pasado mes de abril; ahí, los pobladores no conocen la prosperidad pregonada por Claudia Sheinbaum Pardo.

Según el decreto de la LXII Legislatura del Edomex, publicado en la Gaceta del Gobierno el 24 de abril de 2026, “se determina que las Colonias ‘Prado San Juan, (con excepción de las calles denominadas Girasol, Laurel, Gardenias y Bugambilias), Lázaro Cárdenas, La Laguna, y Ejido Santa María Chiconautla’, así como los Juzgados Penales de Ecatepec de Morelos y el área conocida como el tiradero, con un área de 272.82 hectáreas, forman parte del Municipio de Ecatepec de Morelos”.

Al municipio de Acolman se le “reconoce que las Colonias ‘Prado San Juan (únicamente las calles denominadas Girasol, Laurel, Gardenias y Bugambilias), Guerrero y Pirules’, así como la Termoeléctrica e instalaciones de Petróleos Mexicanos, con un área de 202.18 hectáreas forman parte del Municipio de Acolman”.

De acuerdo con el Estudio de la disputa limítrofe entre los municipios de Ecatepec y Acolman, Estado de México, a cargo de un grupo de investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), la zona empezó la lotificación de las parcelas pertenecientes al Ejido Santa María Chiconautla en 1990. La zona de La Laguna de Chiconautla inició su lotificación en 1996; los primeros pobladores tienen treinta años viviendo en el lugar y desde entonces no cuentan con agua potable y drenaje.

De la franja en disputa y de acuerdo con la información municipal de Ecatepec, ya que el Inegi no posee información de zonas irregulares, “actualmente hay 15 mil 487 viviendas que albergan a 50 mil 641 habitantes”; de acuerdo con la extensión territorial del resolutivo, 13 mil 500 lotes de 120 m2 y 47 mil 500 habitantes, aproximadamente, le corresponden a La Laguna.

Según el texto de los investigadores de la UAM, el puntaje de preferencia, tanto el Indicador de Arraigo Ciudadano como el Indicador de Predominio de Actividades Cotidianas, de los lagunenses, son 37 vs. 3, y 80 vs. 14 puntos a favor de Ecatepec, respectivamente. Pero a los políticos poco les interesan estos valores, pues los propios ciudadanos han dirigido sus reclamos a las autoridades ecatepequenses.

Dejaron crecer el problema. A 30 años de la llegada de sus primeros pobladores, ninguna de sus casi 70 calles recibe agua potable, tiene drenaje ni calles pavimentadas. Reciben agua potable a través de pipas y el costo por tambo de 200 litros es de 40 pesos. La Organización Mundial de la Salud recomienda dotar con 400 litros de agua potable a cada hogar, 100 por persona.

Para el académico del Tecnológico de Monterrey, José Antonio Benjamín Ordóñez, “existe un abismo en el consumo per cápita de agua potable; un ejemplo es Ecatepec, donde el uso promedio es de 50 litros al día por persona; mientras que en algunas zonas residenciales de Naucalpan se tiene una utilización aproximada de 400 litros al día por habitante… Tlalpan y Ecatepec, donde carecen de suministro durante todo el año, se surte de agua con pipas porque no hay instalaciones o porque son asentamientos irregulares, donde reciben menos de 30 litros al día”, es decir, menos del promedio de consumo que, por sí mismo, ya resulta bajo, según suscribió en un artículo publicado en 2022 en el Heraldo de México.

Un tambo de agua apenas les alcanza para uno o dos días; las pipas a veces tardan más de una semana en surtir. La necesidad despierta el ingenio, por ejemplo: la señora Juana Gasoriano ha colocado un tubo para el desagüe de la regadera, ubicada en el segundo piso de su casa y, desde ahí, llena un depósito para ocupar el agua en labores de limpieza doméstica.

El drenaje no existe, las descargas domiciliarias paran en fosas sépticas; las escuelas inundadas son desaguadas por los mismos padres de familia con bombas de achique, cuyas mangueras recorren cientos de metros para verter las aguas negras a “El Canalito”. El costo por ocupar la maquinaria de desazolve para las letrinas es de mil doscientos pesos; aunque la representación vecinal ha logrado que el ayuntamiento disminuya drásticamente el costo.

Si la falta de agua y drenaje empeoran su vida, la situación en las calles no mejora. Desde que surgió la colonia, los pobladores han enfrentado el problema de las inundaciones, que resolvieron rellenando las calles. En palabras de doña Flor, las calles ya consumieron de seis a siete capas de relleno y de 25 a 30 centímetros de espesor, por lo que las casas se han quedado sepultadas metro y medio; en los lugares más críticos, el agua de las calles entra a sus domicilios que están por debajo del nivel de la calle.

 

 

El último intento fallido por resolver el problema del drenaje ocurrió cuando “un juez aceptó una demanda de los ejidatarios de Santa María Chiconautla para que la Comisión de Aguas del Estado de México (CAEM) pague cinco millones de pesos (mdp) de indemnización por las tierras donde se construye el colector”, que no se concluyó, según informaron medios locales.

La avenida Lago Kokonor es la principal arteria de la comunidad, tiene aproximadamente 2.5 kilómetros de longitud; por sus calles se observa a adultos y niños brincar entre grandes encharcamientos para llegar a sus hogares. Los niños llegan a las escuelas con zapatos y uniformes sucios por el lodo de los charcos o polvorientos por las tolvaneras en temporada de sequía.

Y cuando los vecinos se organizan y exigen resolver las necesidades de La Laguna de Chiconautla, la cerrazón es la respuesta o, en el peor de los casos, la represión, como el violento desalojo que sufrieron a manos de los policías estatales y municipales durante el gobierno de Indalecio Ríos Velázquez, cuyo saldo fue de 30 heridos y un número indeterminado de detenidos; esto sucedió en 2016, siendo gobernador Eruviel Ávila, recuerda don Fernando Gutiérrez, habitante de “El Canalito”, que recuerda todas las puertas que han tocado para resolver sus necesidades más elementales.

“Si bien la disputa no es nueva, se reactivó por cuestiones coyunturales en la política local” revelan los investigadores de la UAM. Abundan en la lucha interna entre los grupos de poder de Morena, pues la propuesta de incluir más territorio a Ecatepec tiene fondo económico. “Gobernar un municipio como Ecatepec otorga una preeminencia política indiscutible al depositario de la alcaldía, debido al presupuesto con que cuenta el municipio”, subraya también el Estudio de la disputa limítrofe entre los municipios de Ecatepec y Acolman, Estado de México, de la UAM.

La tesis de los académicos se sustenta en el conocimiento de Azucena Cisneros Coss, presidenta municipal de Ecatepec, sobre la resolución legislativa respecto al diferendo limítrofe desde enero de este año, tres meses antes de su publicación en la Gaceta del Gobierno mexiquense; sin embargo, han transcurrido ocho meses, y poco o ningún interés real muestra por resolver un problema que afecta a 50 mil mexiquenses, a pesar de los mil 232 millones de presupuesto que debería destinarse exclusivamente para obras y servicios.

El gobierno también tiene conocimiento de las necesidades en La Laguna de Chiconautla; porque si algún territorio no está definido municipalmente, está dentro del territorio estatal y, por lo tanto, es su obligación resolverlo. La sensibilidad de la gobernadora Delfina Gómez tampoco merece calificativo aprobatorio, pues no ha mostrado voluntad para dar solución a las peticiones del grupo de representantes vecinales, que demandan los servicios más elementales.

La representación vecinal de La Laguna de Chiconautla presentó, ante la gobernadora mexiquense, desde el inicio mismo de su administración, un documento con las necesidades sobre este asentamiento sin que hayan recibido respuesta favorable; y tampoco les ha concedido la audiencia solicitada.

De algo están seguros los representantes, que se reúnen semanalmente para revisar el avance de la gestión ante la máxima instancia gubernamental: únicamente la constancia y la persistencia de su lucha y su esfuerzo organizativo resolverán tal injusticia cometida en su colonia; los políticos los visitan para pedir sus votos pero, en 30 años, nadie ha hecho algo por ellos. Lo poco que hay: como escuelas, la electrificación y los centros de salud (a los que niegan la asignación de médicos), son resultado de su esfuerzo y trabajo.

Ecatepec recibe el presupuesto más alto en el Edomex

El argumento para negarles obras y servicios, incluso los más elementales, es la falta de recursos. Sin embargo, Ecatepec siempre ha recibido la asignación presupuestal más elevada en la entidad.

Además de ser el municipio que más presupuesto ejerce, es el más poblado en territorio mexiquense. De acuerdo con los resultados del Censo 2020 del Inegi, Ecatepec ya no es el más poblado: pasó a ocupar el quinto lugar, después de Tijuana, Iztapalapa, León y Puebla; sin embargo, en esta entidad federativa con un millón 645 mil habitantes, es la concentración humana más grande en esta parte del país.

En 2026, recibió siete mil 569.9 mdp, “de los cuales mil 232 millones serán para obra pública, lo que representa 85 por ciento más que el año pasado”, el más elevado en el Edomex, según lo aprobado. Pero ese millonario presupuesto no se nota en obra pública.

 

 

Gobiernos van y vienen

Por la presidencia municipal de Ecatepec han desfilado todas las expresiones políticas: el Partido Revolucionario Institucional gobernó por 65 años consecutivos, hasta el año 2000, cuando perdió su hegemonía a manos de una alianza Acción Nacional y Verde Ecologista de México; posteriormente estuvo otros cuatro trienios en el poder, tres de ellos en alianza con PVEM, Alianza o Convergencia; el de la Revolución Democrática también gobernó un trienio. Después, ya cristalizado como Morena, desde 2018 está al frente del municipio. En ocho años, el gobierno morenista tampoco ha resuelto las necesidades; todo sigue como hace 30 años.

Para los habitantes de La Laguna nada cambia. Ven desfilar a los candidatos o, ya electos, a sus gobernantes; para ellos, la vida sigue igual. En palabras de don Fernando Gutiérrez, vecino de “El Canalito”, “hasta ahora ya sabemos a qué municipio pertenecemos; pero ni Ecatepec se hace responsable y Acolman no ha puesto un pie por aquí para resolver el problema”.

“El Canalito” es denominado así debido a un canal de aguas negras sin entubar, que llevan las aguas residuales de la Central Termoeléctrica Valle de México, que funciona desde 1960, conocida como la Termo y el Sector Ductos Venta de Carpio, una planta de la paraestatal Petróleos Mexicanos.

Ante la indiferencia de partidos políticos y gobernantes, nuestro interlocutor y “Don Juve” (DEP), su vecino, con otros más, se consiguieron unos tubos para “fabricar” un puente y quitar la costalera que desbordaba el canal hacia sus domicilios.

El pobre vive donde puede

La reforma del Artículo 27° Constitucional del seis de enero de 1992 otorga a los ejidatarios, en términos generales, el dominio pleno sobre sus parcelas; pueden vender, alquilar o enajenar sus tierras a terceros; esto abrió la posibilidad de vender sus parcelas, ya copadas por el crecimiento de la mancha urbana, para que los ejidatarios pudieran “hacerse de un dinerito”; pero también abrió la “Caja de Pandora”: los males se cebaron en los más humildes.

Aunque la Ley Agraria pone coto a las ambiciones de ejidatarios y delimita los actos de gobierno de autoridades federales, estatales y municipales, ésta no impide que los gobernantes puedan resolver las carencias de servicios en los nuevos asentamientos; antes bien, es utilizada como pretexto para declarar como zonas irregulares los nuevos asentamientos y negar las obras y servicios.

Los ejidatarios venden sin permisos de fraccionamiento y no se ocupan de otorgar los servicios a sus compradores; tampoco dejan áreas para el equipamiento urbano como escuelas y parques. Un caso curioso: aquí no se ven iglesias; y los mercados, parques, y escuelas fueron construidos por iniciativa de los vecinos que debieron cooperar para este fin.

 

 

Era frecuente la venta de un lote a más de un comprador y la invasión por grupos de paracaidistas “aprovechando que mucha gente abandonaba los lotes cuando veía que no había servicios y el lugar era muy inseguro”, relata Florencia Borja, vecina del lugar desde hace 24 años y una de las representantes de La Laguna que amablemente nos acompañaron durante el recorrido por las calles inundadas.

Un aforismo popular resume la desigualdad urbana: “los pobres viven donde pueden vivir, los ricos donde quieren”. Eso ocurre en las colonias populares; con sus ahorros, la gente compra un lote donde sus posibilidades lo permiten: en un cerro o en una zona pantanosa, en tiempo de lluvias y polvorienta durante el estiaje, como La Laguna; “vivimos junto a un canal porque aquí encontramos un lugar donde vivir, lo poco que teníamos nos alcanzó para esto”, recuerda don Fernando. 


Escrito por Alejandro Torres

Colaborador.


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