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Reportaje
Reaviva Polo incertidumbre en BCS… y años de abandono en comunidad
Para las comunidades cercanas al mar, los huracanes representan un problema recurrente porque, después de cada fenómeno, los afectados deben reconstruir su patrimonio y empezar nuevamente.


El huracán Polo llegó a México justo cuando se transformaba de categorías 2 y 3 a 5 en la escala Saffir Simpson durante los últimos días de septiembre. El fenómeno meteorológico reavivó la incertidumbre entre las diversas comunidades y exhibió la vulnerabilidad de Puerto San Carlos, donde el agua del mar ingresó nuevamente a zonas habitacionales pese a los trabajos de reforzamiento realizados días antes.

Para las comunidades cercanas al mar, los huracanes representan un problema recurrente porque, después de cada fenómeno, los afectados deben reconstruir su patrimonio y empezar nuevamente; en algunos casos, incluso frente a categoría 1, es decir, con daños mínimos a la infraestructura habitacional y carretera; en otros casos, carecen de apoyos y sufren el olvido gubernamental.

Ahora, Puerto San Carlos enfrenta otra vez el problema conocido por habitantes durante años. El paso del huracán Polo por Baja California Sur provocó el ingreso de agua marina a zonas habitacionales de esta comunidad en el municipio de Comondú, ubicada en la costa occidental del estado, a orillas de Bahía Magdalena.

El fenómeno no sólo dejó daños materiales y familias evacuadas; también situó en el centro de la discusión una obra que la población ha reclamado durante años: un muro de contención capaz de resistir las mareas y el oleaje que sobrevienen con los huracanes. La dimensión del problema quedó expuesta durante la madrugada del 29 de septiembre de 2026.

Puerto San Carlos fue una de las comunidades más afectadas por Polo y parte de su población debió trasladarse a refugios temporales. Las autoridades comenzaron la evaluación de daños tras el paso del huracán. Más de 100 personas que habían sido evacuadas regresaban a sus viviendas mientras se efectuaban labores de limpieza.

Pero para los habitantes locales, el problema no comenzó con la llegada de Polo. El huracán sólo puso a prueba una infraestructura que durante décadas ha funcionado como protección de la comunidad y que, según los propios habitantes, ha sido reparada y reforzada temporalmente sin ningún tipo de solución concreta y permanente hasta ahora.

 

 

Miguel Ángel Lizárraga, pescador de Puerto San Carlos, reveló que el comportamiento del mar durante el paso de Polo no representó un hecho inesperado. La combinación entre el fenómeno meteorológico y las condiciones de marea incrementó el riesgo de que el agua rebasara nuevamente la estructura de protección. “Veíamos venir el peligro que se avecinaba porque acaban de pasar los efectos de la Luna llena, que son las mareas más altas que en el ciclo lunar”, explicó.

El problema, entonces, no se reduce únicamente a la intensidad de un huracán. En Puerto San Carlos, las mareas, el oleaje y la ubicación de las viviendas convierten cualquier fenómeno meteorológico considerable en una amenaza para los habitantes cercanos a la costa. La propia documentación oficial del Gobierno de Baja California Sur reconoce que la comunidad, situada en Bahía Magdalena, suele verse afectada por la intromisión del agua marina durante los huracanes, cuando aumenta el oleaje.

Polo prueba de nuevo el bordo

Antes de Polo, el bordo había sido reforzado. Miguel Ángel Lizárraga recuerda haber visto los trabajos unos 20 días antes del fenómeno y cuestiona que la solución utilizada depende todavía principalmente de tierra. “Sí estuvieron trabajando en el reforzamiento del bordo hace como 20 días”, reconoció.

“No es suficiente la tierra, pues es algo que se hace; pero ante los efectos de un huracán con Luna llena, con mareas tan altas, pues el agua no lo detendrá. Es muy peligroso”, lamentó. El nueve de octubre de 2025, el bordo de Puerto San Carlos cedió ante las condiciones generadas por Priscila.

El bordo original había sido construido por habitantes de la comunidad décadas atrás y después ha recibido diferentes trabajos de reforzamiento por las autoridades.

Tras el colapso provocado por Priscila, Roberto Pantoja, presidente municipal del Ayuntamiento de Comondú, anunció una nueva inversión para reconstruir y reforzar el bordo. El monto informado entonces fue de entre cinco y seis millones de pesos (mdp) con el respaldo del Gobierno del estado. La propuesta contemplaba utilizar concreto hidráulico y piedra para incrementar la resistencia de la estructura.

El compromiso fue presentado como respuesta inmediata al problema. Sin embargo, un año después, Polo encontró una estructura vulnerable que permitió el ingreso del agua hacia zonas habitacionales.

Puede seguirse la historia de Puerto San Carlos por la secuencia de anuncios, trabajos preventivos y nuevos daños durante los últimos dos años. En octubre de 2025, después de Priscila, la discusión pública se orientó a la necesidad de sustituir los reforzamientos temporales por una estructura de mayor resistencia.

El alcalde Roberto Pantoja explicó entonces que se buscaba una solución basada en concreto y piedra. La administración municipal informó que se había convocado a empresas para presentar proyectos ejecutivos y que la intención radica en comenzar los trabajos de inmediato con prioridad en las zonas más afectadas.

También se colocó una estructura provisional de aproximadamente 120 metros lineales y se realizaron trabajos de desazolve. De acuerdo con la información publicada en octubre de 2025, cinco familias fueron trasladadas temporalmente a un albergue.

Un año después, la obra de protección permanece en el centro de polémicas, mientras que la reubicación de las familias afectadas ya no es una prioridad después de una emergencia y representa una alternativa frente al costo de una construcción permanente.

Un problema que no comenzó con Priscila

La vulnerabilidad de Puerto San Carlos no se debe sólo a dos huracanes consecutivos. La propia historia del bordo muestra que las autoridades han tenido que intervenir periódicamente para contener el ingreso del agua.

En 2023, por ejemplo, el Gobierno de Baja California Sur informó que, mediante la Junta Estatal de Caminos y con el Ayuntamiento de Comondú, había comenzado otro reforzamiento del bordo de contención. La intervención consistió en colocar material de tierra en uno de los laterales con maquinaria pesada. El propio Gobierno estatal explicó que las acciones tenían el objetivo de prevenir inundaciones durante la temporada de huracanes.

 

 

Los habitantes del lugar han señalado que este tipo de respuesta se ha repetido; frente a la temporada ciclónica, se moviliza maquinaria, se agrega material y se eleva o refuerza la estructura existente. Es una estrategia de prevención que puede ser necesaria ante emergencias; pero que no equivale a construir la infraestructura permanente que la población reclama.

El pescador Miguel Ángel Lizárraga explica a este medio que hace una década hubo un proyecto que generó expectativas entre los habitantes: “hace 10 años tuvimos la esperanza de que se hiciera un proyecto para el que se realizó un concurso; y hubo gente de San Carlos, jóvenes arquitectos. Participaron y aparentaron que se haría y al final no se hizo”, relató.

Según su testimonio, la comunidad ya había participado y esperado una propuesta de infraestructura que finalmente no se concretó. “Ya pasaron muchos años, otra vez la administración del estado y ahorita… pues no se ha retomado ningún proyecto y volvemos a los muros de tierra, los reforzamientos, que son costosos”, denunció.

La percepción de los habitantes es que la discusión regresa al mismo punto cada vez que ocurre un fenómeno meteorológico: reforzar, reparar, esperar la siguiente temporada y volver a intervenir cuando la construcción es rebasada.

El propio Gobierno estatal reporta trabajos de reforzamiento y acciones preventivas. El problema es que, a juzgar por lo ocurrido durante el paso de Priscila, y luego con Polo, esas intervenciones no han eliminado el riesgo para las viviendas ubicadas frente a la bahía.

Después de cada huracán… volver a empezar

Aunque en la entidad, según los reportes institucionales del gobierno del estado, no se perdieron vidas, sí fueron dañadas carreteras y viviendas y resultaron árboles caídos en varias comunidades apostadas a lo largo de la playa del Pacífico.

“Y los habitantes de Puerto San Carlos ya hemos sufrido en varias ocasiones que se nos ha inundado; y entonces la población pierde su patrimonio. Empiezan de cero nuevamente”, sentenció Lizárraga.

Cuando el mar rebasa la protección costera, el daño no termina cuando disminuye el oleaje. Las familias deben limpiar sus viviendas, reparar estructuras, recuperar muebles y buscar recursos para reponer lo que se perdió.

Durante Polo, Lizárraga identificó afectaciones en distintas zonas de la comunidad. Entre ellas reportó la colonia Alcatraz y Nueva Fondeport, una de las áreas más pobladas de Puerto San Carlos.

“Por ahí, la colonia Alcatraz está por acá por la entrada de Capitanía, atrás donde está la plaza pública hacia el mar. Todo eso de esa colonia se inundó. También la colonia Nueva Fondeport, que es una de las más pobladas de San Carlos”, precisó. Y calculó que al menos unas dos mil personas sufrieron afectaciones en sus viviendas.

La magnitud de la emergencia obligó a recurrir nuevamente a los refugios. Y decenas de familias acudieron a un albergue instalado en el seminario; otras familias permanecieron en zonas más altas, mientras los que tenían viviendas inundadas o consideradas inseguras, fueron trasladados.

Las autoridades también realizaron evacuaciones durante el paso de Polo. Alrededor de 100 personas fueron trasladadas a un refugio situado en Ciudad Constitución; de donde luego regresaron a Puerto San Carlos.

El costo de vivir frente al mar

El impacto económico tampoco terminó con la emergencia. Para una comunidad cuya tarea principal es la pesca y las actividades portuarias, cada fenómeno meteorológico significa la interrupción de actividades y un gasto adicional para las familias afectadas.

En el caso de la actividad pesquera –a la que se dedica Lizárraga– después de un fenómeno, deben recuperar parte de lo perdido por cuenta propia. Recordó, además, que, en años anteriores, la comunidad recibió apoyos provenientes de otras ciudades, incluyendo materiales para las familias que habían perdido bienes.

 

 

“En anteriores ocasiones sí mandaron ayuda de La Paz; mucha gente cooperó para colchones y para la gente que había perdido todo. Y sí se mandó aquí a Puerto San Carlos el apoyo de las ciudades más grandes. Y llegó por ahí, en aquellos años, material, cemento y madera; a través de los puertos llegaron”, subrayó.

Pero esa capacidad de recuperación no sustituye a una política de prevención permanente. Después de cada fenómeno, los habitantes pueden reparar una vivienda, limpiar una calle o recuperar parte de sus bienes; pero no pueden modificar, por cuenta propia, las condiciones estructurales que permiten que el mar ingrese de nuevo.

Una obra… en proyecto

Después de Polo, el debate sobre el bordo cambió de dimensión. El gobernador Víctor Manuel Castro Cosío reconoció que una obra permanente de las dimensiones necesarias representa un costo elevado; y que antes de determinar su construcción, se requiere un análisis técnico. A decir del gobernador, el costo de la obra de aproximadamente 800 metros equivale a más de 100 mdp.

Castro Cosío planteó que la obra debe ser analizada desde la ingeniería y desde la disponibilidad presupuestal. El gobernador también reconoció que el problema existe desde hace tiempo y que las viviendas ubicadas en las zonas más expuestas enfrentan todavía el riesgo de inundaciones.

El dilema es complejo para las autoridades; pero para las familias que viven en la zona el problema es concreto. Una obra permanente implica una inversión que supera los recursos anunciados un año atrás; no construirla significa mantener una estructura que falla cada vez que aparecen fenómenos meteorológicos.

Por su parte, los pescadores cuestionan la falta de una solución definitiva y aseguran que se han destinado recursos durante años a intervenciones que, desde su perspectiva, no han garantizado la seguridad de las viviendas.

“Antes cobraban el dinero y la verdad no se hacía; y muchos millones se le han metido a ese bordo sin que, la verdad, nos asegure nada. Estamos siempre con el peligro de las calles inundadas”, denunció Miguel Lizárraga. Ante el costo de una obra permanente, el Gobierno del estado planteó la opción de reubicar a las familias habitantes de las zonas más expuestas.

Para los pobladores de la zona, esto no es una decisión menor. Reubicar no significa sólo construir nuevas viviendas; implica determinar qué familias deberían salir de sus casas, dónde serían trasladadas, bajo qué condiciones recibirían una vivienda, qué ocurriría con sus terrenos actuales y cómo se garantizaría que el nuevo asentamiento tenga acceso a servicios, infraestructura y fuentes de empleo.

En el caso de Puerto San Carlos, además, el vínculo con el mar define la actividad económica de la población. La pesca, las actividades portuarias y el movimiento relacionado con Bahía Magdalena conforman la vida diaria de la comunidad.

Una comunidad asentada frente a una bahía

Puerto San Carlos se localiza en la costa occidental de Comondú a orillas de Bahía Magdalena. Documentos municipales sitúan la localidad a una altura promedio de tres metros sobre el nivel del mar y reconocen su ubicación en el margen de la bahía.

Su relación con el mar no es circunstancial. La localidad se desarrolló como puerto y centro de actividad pesquera. Un documento presentado ante el Congreso de Baja California Sur señala que Puerto San Carlos resultó determinante para el desarrollo del Valle de Santo Domingo ya que se convirtió en un puerto de altura. 


Escrito por Rocío Casas .

Colaboradora


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