Pasquinelli afirma que son las relaciones sociales las que impulsan el desarrollo de los medios de producción y no al revés, como señalan los que absolutizan la tecnología.
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Los trabajadores de la fábrica de autos Volkswagen en Puebla se encuentran en lucha. La compañía alemana rechazó la petición de incrementar el salario global de 17 por ciento porque se encuentra en una “situación financiera” complicada; sin embargo, las cifras de producción han aumentado. La crisis en la industria automotriz a nivel mundial ha alcanzado a la planta alemana instalada en Puebla; pero los empleados se encuentran en mayor riesgo que la empresa. Mientras, una tanda de alrededor de 600 trabajadores ya perdió sus puestos laborales.
Desde junio pasado comenzó la negociación salarial entre el sindicato y la armadora, que ha pasado por diferentes etapas y propuestas; pero los trabajadores han rechazado los planteamientos de la empresa, que pretende imponerles condiciones poco favorables.
Por su parte, los representantes de Volkswagen argumentan que no pueden ceder a la petición inicial del sindicato sobre el aumento global de 17 por ciento, porque la empresa no posee la situación financiera necesaria y, pese a eso, debe mantener la estabilidad, la competitividad y la productividad en un complejo mercado donde compite con marcas principalmente asiáticas y autos eléctricos.
Sin embargo, el último reporte del Registro Administrativo de la Industria Automotriz de Vehículos Ligeros del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) muestra que, hasta los primeros ocho meses de este 2026, la producción total de vehículos de la armadora alemana registró un incremento de 17.3 por ciento.
Desde 2020, los trabajadores han enfrentado una negociación salarial complicada. En un principio, la armadora utilizó el argumento de la pandemia; posteriormente, situaciones económicas nacionales y, recientemente, la crisis que padece esa industria en el mundo.
Juan Carlos Domínguez Vergara, académico del área de Finanzas y Economía de la Universidad Iberoamericana Puebla, aseguró que, debido a los antecedentes, será “una negociación difícil. Creo que seguiremos la historia que se ha registrado en 2023, 2024 y 2025, con negociaciones salariales difíciles de las que se ha logrado salir; pero obviamente el contexto va cambiando”.
En 2020, los trabajadores lograron un incremento directo al salario de 3.62 por ciento, uno de los niveles más bajos, generado por la pandemia de Covid-19; en 2021, el aumento obedeció al 5.50 y en 2022 correspondió al nueve por ciento y fue catalogado como el más alto de la década.
En 2023, el incremento fue de 8.10 por ciento; en 2024 del siete por ciento y en 2025 resultó en cuatro por ciento. Actualmente, la propuesta de la empresa contempla una revisión hasta dentro de 24 meses, con un aumento global de 9.41 por ciento, de los cuales 3.80 será directo al salario y el resto en prestaciones.
Para 2027, la propuesta mantiene un ajuste de 3.50 por ciento al salario y 0.25 al fondo de ahorro con el bono único de 17 mil 800 pesos para seis mil 601 técnicos, así como el regreso de 611 trabajadores dados de baja, además de una garantía sobre la plantilla laboral actual.
La propuesta incluye cambios a la cláusula 75 relacionada con el anticipo de utilidades y modificaciones sobre vacaciones y otras condiciones del contrato colectivo, así como la eliminación del llamado tope “G” y que la siguiente revisión salarial y contractual sería en 24 meses, una condición que forma parte del nuevo acuerdo. Ésta será la propuesta sometida a votación el 15 de octubre.
Sin embargo, los sindicalizados llegan con una propuesta previamente rechazada en una votación realizada el pasado 11 de septiembre; por lo que desde agosto, cuando fue planteada la propuesta en la revisión contractual 2026-2028, se han emitido cinco prórrogas para evitar la huelga.
“El trabajador está buscando incrementar sus salarios y obviamente la empresa está buscando negociar este tipo de aumentos demandados. Lo que está esperando es que este conflicto tenga una solución pacífica, donde tanto la empresa como los sindicatos lleguen a un acuerdo”, destacó el especialista.
El docente de la Iberoamericana reiteró que, en este año, la situación se tensa más por los despidos registrados. Sin embargo, advirtió que la huelga está lejos de concretarse.
“Tiene muchos años que no ha estallado una huelga y esperemos que no la haya, sino que salgan las negociaciones y, a partir de ahí, el trabajador pueda plantear cuáles son las apuestas que el propio trabajador tendría en esta renovación y en esta nueva situación donde la empresa se encuentra con otro tipo de competencia en el mundo”, precisó.
El especialista reportó que las negociaciones actuales no han tenido tantos altibajos como las de la década de los 80 y 90, que lograron su estabilidad entre 2006 a 2018.
Volkswagen: las justificaciones
La crisis mundial de la industria automotriz ha sido utilizada por Volkswagen-Puebla para anteponer sus condiciones. Es cierto que la planta enfrenta las presiones globales, que incluyen recortes laborales y hasta ahora tienen en vilo su permanencia en Puebla, que no sólo impactaría en los puestos de la empresa, sino que se extendería hacia sus proveedores; pero Volkswagen-Puebla reporta líneas de ensamblaje que incrementan producción y ventas, porque pasó de 220 mil 922 a 259 mil 193 unidades. Con este volumen, la armadora se ubica como la segunda con mayor actividad nacional, sólo por debajo de Stellantis, que creció 20 por ciento, con 309 mil 688 vehículos.
Al desglosar las cifras, la producción específica del modelo Q5 pasó de 34 mil 438 a 35 mil 634 unidades, lo que representa un crecimiento de 3.5 por ciento frente al mismo periodo del año anterior. En cuanto al mercado interno, las ventas de la firma alemana en el país aumentaron 2.3 por ciento, ya que se comercializaron 89 mil 41 unidades frente a las 86 mil 495 registradas en el mismo lapso del año pasado.
En el tema de exportación, la armadora alemana también mantuvo “racha firme”. El mismo documento del Inegi reveló que las exportaciones de vehículos crecieron 19.4 por ciento, porque se elevaron de 176 mil 934 a 211 mil 306 unidades. En el caso de Audi, planta que también se ubica en Puebla, la exportación aumentó 7.4 por ciento y su principal destino es Alemania.
Los vehículos armados en la Volkswagen de Puebla se venden principalmente en Estados Unidos –modelos como Jetta, Taos y Tiguan– y Canadá, cuyo repunte mostró 13 por ciento frente a las 43 mil 844 unidades enviadas previamente. Destaca el caso de Brasil, país que pasó de recibir 86 vehículos a 20 mil 876 unidades, impulsado principalmente por el envío de 14 mil 721 camionetas Taos del modelo correspondiente.
En este rubro, hoy, Volkswagen enfrenta retos como competir con fabricantes de vehículos eléctricos, reducir costos y la transformación hacia nuevas tecnologías, como lo indica el plan corporativo 2030, que incluye electrificación, digitalización y ajustes a la capacidad productiva, explicó Anselmo Chávez Capó, profesor investigador del Decanato de Negocios de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).
“La planta poblana deberá competir por la asignación de futuras plataformas de vehículos eléctricos e híbridos; y por su ubicación, infraestructura y personal capacitado, hoy la armadora tiene factores relevantes para enfrentar la situación”, precisó el investigador.
Sin embargo, Chávez Capó señaló que el reto más fuerte será la transformación tecnológica, ya que, si se logra, fortalecerá la seguridad, la certeza jurídica y la capacitación laboral que activarían y diversificarían la economía de la empresa y del estado. “La planta de Puebla se mantiene en el corazón estratégico de Volkswagen en Norteamérica”, sentenció el experto.
Una industria histórica que domina la economía de Puebla
Desde octubre de 1967, cuando se produjeron los primeros vehículos en la planta de Volkswagen instalada en Cuautlancingo, la armadora se convirtió en una pieza central de la economía poblana.
Su importancia puede reflejarse en las cifras estatales. Ejemplo de esto es que, según el académico de la UPAEP, Anselmo Chávez Capó, la armadora y su cadena de proveedores generan entre 35 y 40 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de la capital poblana y su zona conurbada.
Además, según cifras de la Secretaría de Economía (SE) el valor de la industria automotriz es mayor cuando se observa su participación en la economía exterior del estado; ya que, durante 2025, el sector concentró 90.8 por ciento de la Inversión Extranjera Directa (IED) de Puebla y 81.6 por ciento de sus exportaciones.
A esta actividad de la planta se suma la dinámica generada con otras industrias que le prestan servicios y a quienes también sostiene, como las empresas que suministran piezas, transportan materiales, almacenan productos y prestan otros servicios, incluyendo el consumo local.
“La planta poblana es, además, la segunda más grande del consorcio Volkswagen fuera de Alemania”, señaló el académico Chávez Capó, quien argumentó que cualquier cambio en las operaciones de la armadora puede repercutir más allá de la fábrica.
El inicio de una nueva forma de trabajar
El crecimiento de la producción ocurre mientras Volkswagen enfrenta la presión internacional y la competencia de vehículos eléctricos a menor costo, por lo que hoy “la empresa atraviesa la crisis operativa más severa en sus últimos 87 años”, indicó el académico Anselmo Chávez Capó.
En Puebla, el impacto más visible es el anuncio de un recorte de entre 800 y mil 200 trabajadores, acompañado por la cancelación indefinida del tercer turno de producción.
Para el académico, las consecuencias pueden extenderse a las empresas proveedoras. Su estimación reporta que, por cada puesto suprimido en Volkswagen, podrían verse afectados dos o tres empleos adicionales en la cadena de suministro, particularmente entre proveedores.
El efecto también llegaría a los negocios que dependen del movimiento generado por los trabajadores, especialmente durante el turno nocturno: transporte, establecimientos de comida, comercios y actividades relacionadas con el consumo diario.
Chávez Capó alertó que la desaparición del tercer turno podría representar una reducción importante del dinero circulante entre las comunidades cercanas; y estimó que el impacto alcanzaría entre tres y cinco por ciento del PIB regional.
Ante este escenario, el especialista planteó la necesidad de construir acuerdos entre la empresa, los trabajadores, el sindicato y los gobiernos para enfrentar los cambios y mantener la actividad productiva.
Para el académico de la UPAEP, el proceso actual en la armadora no implica que se vaya de Puebla, pero su operación sí se transformaría, porque generará cambios en la productividad y, sobre todo, en los acuerdos laborales; es decir, “este movimiento representa el certificado de nacimiento de una nueva era industrial” para la economía poblana, advirtió.
Detrás de la fábrica, miles de familias
Lejos de cifras y datos de ventas, otra de las formas de medir el impacto de Volkswagen en Puebla se manifestaría en los hogares que sostiene.
Enrique G. fue trabajador de la armadora y aseguró que su vida dio un giro de 360 grados luego de que su relación laboral terminó cuando estaba a punto de obtener la base. Trabajaba como eventual en la nave seis del cigüeñal, pero no logró firmar su contrato definitivo.
“Yo estaba en la lista cuando me dijeron que ya no iban a renovar mi contrato. Fue un golpe duro porque tenía un trabajo estable, con buen sueldo y ya veía una vida a futuro ahí; cuando salgo, pues todo cambió: de entrada, nunca volví a conseguir un trabajo igual y sí fue muy complicado empezar”, señaló.
Datos recabados indican que la planta genera directa e indirectamente 15 mil 320 empleos formales en Puebla, cifra equivalente al 2.3 por ciento de los 660 mil 609 puestos de trabajo formales registrados en el estado ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
De ese total, más de 12 mil trabajadores forman parte de la plantilla directa de Volkswagen, entre personal sindicalizado y de confianza. En la planta trabajan empleados que se encargan de distintas etapas de fabricación automotriz, además de técnicos, especialistas, personal administrativo y directivo; pero el empleo relacionado con Volkswagen no termina en sus instalaciones.
Organizaciones como la Federación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (FROC) y la Confederación Sindical Republicana (CSR), con representación en empresas proveedoras de la armadora, estiman que existen al menos tres mil 320 empleos indirectos vinculados con su actividad.
Esos trabajadores se distribuyen en alrededor de 50 empresas proveedoras relacionadas con los distintos proyectos de Volkswagen, entre ellos Jetta, Tiguan y Taos. La cadena de empresas dependientes de la armadora alemana incluye compañías dedicadas a la fabricación de autopartes, componentes metálicos y plásticos, ensamble de piezas, transporte, logística, almacenamiento y servicios industriales.
En conjunto, los empleos directos e indirectos suman 15 mil 320, y a cada uno de ellos corresponde una familia; cada vehículo producido en la planta está relacionado con una cadena de trabajadores, empresas y hogares cuyos ingresos dependen de que Volkswagen funcione.
Pese al reacomodo en la planta, ubicada en Cuautlancingo, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) teme que pueda impactar en la estabilidad económica del estado luego de que la economía de miles de familias depende de la armadora alemana.
En un comunicado precisaron que la coyuntura puede incidir en la permanencia de inversiones, la continuidad de empresas proveedoras y empleos, así como, la capacidad del estado para mantener su posición como uno de los principales polos automotrices del país.
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Escrito por Norma Herrera
@Norma_HG