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Reportaje
El cierre de AHMSA en Monclova, mineros en el abandono
Trabajar en la siderúrgica significaba más que conseguir un empleo: representaba estabilidad, ingresos para sostener una familia.


Durante décadas, miles de familias construyeron su vida alrededor de Altos Hornos de México (AHMSA). Trabajar en la siderúrgica significaba más que conseguir un empleo: representaba estabilidad, ingresos para sostener una familia y, en muchos casos, la posibilidad de que una generación alcanzara mejores condiciones de vida que la anterior. Pero el cierre de la empresa es una verdadera desgracia para los trabajadores.

Cuando AHMSA disminuyó sus operaciones, entre finales de 2022 y 2023, el problema rebasó rápidamente las puertas de la siderúrgica; luego demostró que los trabajadores, fundamentales durante sus años de bonanza, ahora se encontraban desamparados.

Con la suspensión, se contaban seis mil obreros y entre dos mil y tres mil empleados de confianza. Es decir, aproximadamente ocho mil o nueve mil trabajadores estaban vinculados directamente a AHMSA cuando se detuvieron los trabajos, de acuerdo con la investigación Monclova ante el cierre de AHMSA. Un enclave siderúrgico reconfigurado, de Eleocadio Martínez Silva y Georgina Rojas García, publicada en 2026 por la Revista Mexicana de Sociología de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Por cada trabajador hay una familia que dentro de la economía local ha dependido directa o indirectamente de la actividad siderúrgica durante décadas. Comercios, proveedores, transportistas, pequeños negocios y servicios conformaban una cadena económica en cuyo centro estaba AHMSA.

En septiembre pasado, el Juzgado Segundo de Distrito en Materia de Concursos Mercantiles reconoció a nueve mil 857 trabajadores y extrabajadores de AHMSA como acreedores laborales. Si se incluye a Minera del Norte, filial de la siderúrgica, la cifra asciende a 13 mil 907 personas.

Pero los números sólo cuentan una parte de la historia. Detrás de esas cifras están quienes pasaron años trabajando entre hornos, minas y líneas de producción con la expectativa de que el trabajo garantizaría cierta estabilidad. Cuando los hornos ya no produjeron, miles descubrieron que aquella seguridad podía desaparecer sin haber sido consultados.

Cuatro años después, Monclova está esperando una respuesta a la pregunta que trasciende el futuro de la empresa: ¿qué ocurre con la ciudad cuando la industria alrededor de la cual organizó buena parte de su vida económica ya no funciona?

Una vida construida alrededor del acero

La historia de AHMSA en Monclova comenzó en medio de la coyuntura internacional que transformó la industria mexicana. Durante la Segunda Guerra Mundial, la escasez de materiales siderúrgicos llevó al gobierno mexicano y a empresarios a constituir una nueva siderúrgica integrada que garantizara el acero requerido para la industrialización nacional.

De acuerdo con la historia institucional publicada por la propia AHMSA, la decisión de establecer la siderúrgica en Monclova se produjo por su cercanía con los yacimientos de carbón y mineral de hierro, materias primas indispensables para la producción de acero. La empresa fue constituida formalmente en julio de 1942 con participación de capital público y privado; la producción comenzó en 1944. Sin embargo, investigaciones académicas permiten observar que detrás de aquella decisión también se generaron intereses económicos y estratégicos más amplios.

Así, la siderúrgica se integró a la política de sustitución de importaciones del Estado mexicano para activar el desarrollo regional en el centro de Coahuila, a decir del estudio de la Revista Mexicana de Sociología.

A su vez, la construcción de AHMSA también estuvo relacionada con los intereses estadounidenses para garantizar la producción, por estar cerca de su frontera durante la Segunda Guerra Mundial. Según la investigación, el ingeniero Harold R. Pape fue enviado a buscar condiciones adecuadas para la producción metalúrgica y las encontró en Monclova: disponibilidad de agua, conexión ferroviaria en el vecino municipio de Frontera y cercanía con el carbón de la cuenca situada al norte de la ciudad.

Es decir, AHMSA no llegó a Monclova como un proyecto destinado a beneficiar a sus habitantes. La ciudad reunía condiciones estratégicas para la industria que necesitaba materias primas, agua, transporte y fuerza de trabajo.

Después se trasformó profundamente a la región: entre 1942 y 1990 AHMSA no sólo fue la principal generadora de empleos locales, alrededor de ella se estableció una cadena de empresas proveedoras cuya estabilidad creció con el funcionamiento de la siderúrgica. Además, permitió consolidar proveedores locales como La Sierrita, S.A.; Construcciones Mecánicas Monclova, S.A.; Refractarios Básicos, S.A. (REBASA); y Fundición Monclova. De esta manera, el impacto económico de Altos Hornos trascendía a sus propios trabajadores: alrededor de su producción se desarrolló una red industrial que vinculó el destino económico de Monclova, Frontera y Castaños al desempeño de la acerera.

Los trabajadores no provocaron esta crisis

La caída de AHMSA tampoco ocurrió de un día para otro; los antecedentes financieros de la crisis pueden rastrearse décadas atrás. El primer antecedente ocurrió en 1999, cuando la siderúrgica debió restaurar una deuda por el desplome internacional del precio del acero y por la crisis financiera asiática.

En este contexto, documentos de la propia compañía muestran que el problema permaneció durante años. En su información financiera correspondiente a 2015, AHMSA reportaba una deuda consolidada de 20 mil 841 millones de pesos (mdp), cuyos 13 mil 488 millones correspondían todavía a deuda de AHMSA en suspensión de pagos. Para septiembre de 2019, AHMSA reportaba pasivos con costos por 982.9 millones de dólares (mdd).

Pero la crisis de AHMSA no puede explicarse únicamente por las condiciones del mercado internacional. Detrás de la historia financiera de la siderúrgica aparecen también empresarios, decisiones gubernamentales y una relación con el poder político que atravesó distintas administraciones federales.

Uno de los momentos decisivos ocurrió en 1991, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, cuando AHMSA se privatizó y fue adquirida por Grupo Acerero del Norte (GAN). Sus principales socios provenían de las familias Autrey Maza y Ancira Elizondo.

La operación colocó a dos personajes fundamentales para entender los procesos posteriores al frente de una de las empresas siderúrgicas paraestatales más importantes: Xavier Autrey Maza asumió la presidencia del consejo de administración de Grupo Acerero del Norte, mientras Alonso Ancira Elizondo quedó como vicepresidente del grupo y director general ejecutivo de AHMSA.

Fue vendida por 145 mdd. Entre las condiciones de la operación, los compradores asumieron una deuda de aproximadamente 350 mdd y se comprometieron a invertir otros 535 millones en la rehabilitación y modernización de la siderúrgica.

A ocho años de la privatización, en mayo de 1999, AHMSA se declaró en suspensión de pagos debido a la crisis económica. Sin embargo, la relación entre AHMSA y el poder político salió a relucir de nuevo en la discusión pública años después. Uno de los episodios más importantes ocurrió durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, cuando Petróleos Mexicanos, entonces dirigido por Emilio Lozoya Austin, adquirió a AHMSA la planta de fertilizantes Agronitrogenados.

En 2013 se concretó la operación por 275 mdd. Años después, la compra fue investigada judicialmente. La Fiscalía General de la República sostiene que un dictamen contable determinó un sobreprecio de 216 millones 664 mil dólares por la adquisición y señaló a Alonso Ancira en la investigación relacionada con la operación.

En esa historia, mientras gobiernos, empresarios, bancos y acreedores negociaban el futuro financiero de la siderúrgica, miles de salarios laborales en Monclova dependían de ella para sostener a sus familias.

Cuando los hornos se apagaron 

A finales de 2022 se redujo la producción y, para marzo de 2023 la empresa estaba casi paralizada. La investigación de Martínez Silva y Rojas García recoge testimonios de trabajadores que ni siquiera tenían certeza de que la suspensión terminaría en un cierre prolongado desde aquellos primeros meses. Algunos trabajadores narraron a los investigadores que, si hubieran conocido la gravedad de la situación, habrían intentado ahorrar o preparar su economía.

 

 

Pero la crisis ya había comenzado. Cada trabajador que ya no percibió regularmente su salario, significó una familia con menos recursos. La reducción de sus gastos significó menos ventas para comercios, restaurantes, talleres y prestadores de servicios.

Durante 2023, la incertidumbre salió de las plantas y llegó a las calles de Monclova. Conforme pasaron las semanas sin salario, los trabajadores organizaron protestas, bloquearon accesos a las instalaciones y exigieron respuestas tanto a la empresa como a las autoridades.

La inconformidad tenía otro objetivo: impedir que el patrimonio restante de la siderúrgica desapareciera mientras ellos continuaban sin cobrar. Durante aquellos meses, grupos de trabajadores permanecieron en los accesos de las plantas para evitar la salida de maquinaria, carbón y otros activos de AHMSA.

El reclamo no tardó en llegar al Gobierno Federal. En septiembre de 2023, una comisión de trabajadores viajó hasta la Ciudad de México y entregó una carta en Palacio Nacional solicitando la intervención del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO). En ese momento, los trabajadores describían la situación de Monclova como una crisis que se había convertido en problemas económicos y dificultades sociales.

En la plaza principal de Monclova también aparecieron mantas dirigidas al Presidente. Trabajadores y extrabajadores exigían apoyo federal para obtener salarios, finiquitos y prestaciones pendientes. El entonces alcalde Mario Dávila se sumó al reclamo y pidió recursos extraordinarios para los afectados, y mecanismos para preservar sus derechos laborales.

La presión situó a AHMSA en la agenda de las conferencias presidenciales. En mayo de 2023, AMLO afirmó que el Gobierno Federal estaba dispuesto a facilitar una reestructuración de los adeudos que la siderúrgica mantenía con instituciones públicas, siempre que llegaran nuevos inversionistas, se invirtiera capital y se garantizara una administración distinta. Calculó entonces que las obligaciones con el Gobierno oscilaban entre tres mil y cinco mil mdp.

Dos meses después, AMLO reanudó el tema y aclaró que conocía la situación que atravesaba Monclova y sostuvo que su administración buscaba una solución para preservar las fuentes de empleo. La propuesta federal consistía en no condonar las obligaciones de AHMSA, sino permitir que nuevos propietarios las pagaran gradualmente.

Pero AMLO también subrayó una condición política y empresarial: Alonso Ancira debía dejar el control de la siderúrgica y permitir la entrada de nuevos inversionistas.

Por otro lado, el cambio de gobierno estatal no significó el final de la crisis. Manolo Jiménez asumió la gubernatura de Coahuila en diciembre de 2023 y encontró a AHMSA prácticamente paralizada y a sus trabajadores todavía en la incertidumbre. En enero de 2024 calificó el caso como complicado e incierto.

En junio de 2026, incluso el Senado de la República reconoció la dimensión del problema. Una proposición presentada ante la Comisión Permanente advirtió que AHMSA suspendió la producción en diciembre de 2022 y fue declarada en quiebra en 2024, por lo que se acumularon deudas superiores a 61 mil mdp. El documento explicaba, además, que las familias de Monclova llevaban más de cuarenta meses esperando salarios, liquidaciones y otros pagos pendientes.

Para entonces, la discusión sobre AHMSA había atravesado administraciones empresariales, dos gobiernos estatales y dos gobiernos Federales. Habían cambiado los funcionarios, las propuestas de rescate y las rutas jurídicas. Los trabajadores, sin embargo, seguían esperando.

Las voces de AHMSA

Para los trabajadores que dedicaron buena parte de su vida a la siderúrgica, las consecuencias de esta crisis continúan presentes. Después de casi cuatro años de incertidumbre, la posibilidad de que se concrete la venta de AHMSA representa una esperanza, aunque también despierta el temor de otra decepción.

Alfredo Reyna Saavedra, trabajador de AHMSA e integrante de la representación del Grupo de Defensa Laboral, ha participado en las gestiones emprendidas por los obreros para exigir soluciones a la crisis. En 2024 se integró a las solicitudes de apoyo social y asesoría jurídica presentadas ante autoridades estatales y, posteriormente, participó en reuniones relacionadas con el reconocimiento de los créditos laborales.

Su participación en estos procesos le ha permitido conocer las dificultades que enfrentan sus compañeros, que están esperando una solución que garantice sus derechos laborales. Al referirse a la posibilidad de que un inversionista adquiera la siderúrgica, Reyna Saavedra expresó una esperanza acompañada de cautela: “Esto no es un juego. No creo que él esté jugando”.

El representante obrero también cuestionó a quienes minimizan la situación de los afectados: “A lo mejor es gente que no ha sufrido lo que hemos sufrido nosotros”, lamentó, en referencia a los casi cuatro años transcurridos desde la paralización de la empresa.

Aunque manifestó su deseo de que la oferta prospere, reconoció que los trabajadores no pueden esperar indefinidamente. “Lo que a nosotros nos afecta es el tiempo; porque nosotros ya estamos al límite”, sentenció.

Las palabras de Reyna Saavedra reflejan la situación de una parte de los extrabajadores de AHMSA: la esperanza de recuperar los recursos correspondientes frente al desgaste económico y social acumulado durante años de incertidumbre.

La magnitud del problema se refleja también en las cifras del procedimiento concursal. De acuerdo con los datos recabados para este reportaje, 13 mil 907 extrabajadores de AHMSA y Minera del Norte figuran entre los afectados reconocidos, de los cuales nueve mil 857 corresponden a la siderúrgica.

En septiembre de 2026 se reportó una bolsa de 19 mil 248 mdp correspondiente a créditos laborales. Sin embargo, el reconocimiento de estos adeudos no significa que los trabajadores hayan recibido sus liquidaciones. El pago continúa vinculado al desarrollo del procedimiento concursal y a la realización de los activos en las empresas.

No están perdiendo solamente una empresa. Se está desarticulando una estructura económica, laboral y social construida durante ocho décadas.

El costo de depender de un gigante

Durante 15 años, José Miguel Jaime Aguirre encontró en AHMSA la estabilidad económica que necesitaba para sostener a su familia y construir un patrimonio. Su salario y las prestaciones laborales le permitieron adquirir un terreno, construir una casa y mantener una vida sin dificultades económicas básicas.

Sin embargo, aquella estabilidad desapareció con la paralización de la siderúrgica a finales de 2022. José Miguel recuerda especialmente el destino de su último cheque: lo utilizó para celebrar los 15 años de su hija. En aquel momento no imaginaba que sería el último salario que recibiría de la empresa a la que había dedicado década y media de trabajo.

 

 

La noticia de la suspensión de los pagos llegó a través de los medios de comunicación y de la información proporcionada por el sindicato. Inicialmente, los trabajadores esperaban que se tratara de una interrupción temporal. Se hablaba de esperar algunos meses para conocer nuevas noticias, pero el tiempo transcurrió y la solución no llegó.

¿Cómo cambió su vida desde que dejó de recibir su salario? José Miguel dice que su familia debió apoyarse en los ingresos que obtiene por la renta de un terreno adquirido durante sus años de trabajo en AHMSA. Aunque venderlo podría representar una entrada inmediata de dinero, han preferido conservarlo porque hoy les proporciona recursos mensuales para enfrentar sus necesidades.

Su historia refleja cómo el patrimonio construido durante años de estabilidad laboral se convirtió en un medio para resistir las consecuencias del paro de la empresa que hizo posible adquirirlo.

Pero las consecuencias de la crisis no se limitaron a los trabajadores. También alcanzaron a sus esposas, hijos y demás integrantes de las familias que dependían directa o indirectamente de la siderúrgica.

Susana Abigail Torres Pérez, esposa de un extrabajador de AHMSA, comparte la preocupación por el futuro económico de Monclova y la falta de oportunidades laborales que enfrentan las familias afectadas. Después de todo este tiempo, ¿qué espera que ocurra con AHMSA y qué considera que todavía les deben la empresa y las autoridades a las familias afectadas?

Susana considera necesario que la siderúrgica se reactive y que se recuperen las fuentes de empleo. También espera que los trabajadores reciban alguna compensación por los años transcurridos, aunque sea parcial, pues la incertidumbre económica orilló a numerosas familias hacia una situación desesperada.

En septiembre de 2026, la empresa Construcciones e Ingenierías Electromecánicas (CIESA) presentó una oferta de mil 400 mdd para adquirir la siderúrgica; pero la operación permanece sujeta al cumplimiento de requisitos financieros y judiciales. Para miles de trabajadores, la posible venta representa una nueva esperanza, aunque todavía no garantiza el pago de sus derechos laborales ni la recuperación de los empleos perdidos. 


Escrito por Ana Velia Maldonado Ramos

Reportera


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