Opinión
Acerca del conflicto en Volkswagen
Este conflicto laboral en la planta de Volkswagen en Puebla no es un hecho aislado, sino la manifestación directa de la reestructuración global y financiera que atraviesa la corporación alemana.
La revisión salarial en la empresa Volkswagen de Puebla puso al descubierto la política antiobrera de los patrones que decidieron ofrecer un incremento del 10.04 por ciento global, pero a cambio de eliminar el tercer turno de producción de las líneas Jetta y Tiguan, lo que significa el despido de más de 780 trabajadores sindicalizados. Aunque en un primer momento la empresa y el Sindicato Independiente de Trabajadores de la Industria Automotriz Volkswagen de México (SITIAVW) habían anunciado que ya existía un “acuerdo” de solución, lo cierto es que, el pasado 11 de septiembre, los trabajadores rechazaron dicha propuesta. De modo que en Volkswagen de Puebla se está librando una inevitable lucha entre los dueños del capital y los trabajadores.
Este conflicto laboral en la planta de Volkswagen en Puebla no es un hecho aislado, sino la manifestación directa de la reestructuración global y financiera que atraviesa la corporación alemana que, ante el desplome de sus ingresos a nivel mundial, ha resuelto contener los incrementos salariales y despedir a miles de trabajadores.
Por consiguiente, debemos tener claro que la empresa Volkswagen (VW) está enfrentando una severa crisis económica en virtud de la estrepitosa caída de sus ventas a nivel mundial y, por tanto, con el objetivo de mantener sus márgenes de ganancia, los dueños del capital han implementado un recorte masivo de personal. La compañía ha registrado caídas drásticas en sus entregas globales durante este tercer trimestre, “su caída más acusada en los últimos cuatro años (…) Las entregas, un indicador de las ventas que se sigue muy de cerca, cayeron hasta los 1.89 millones de vehículos en el trimestre” (El Economista, 12 de octubre 2026). Y para contener dicha crisis ha diseñado un riguroso plan de austeridad y ahorro financiero.
Por primera vez en su historia, prevé el cierre definitivo en cuatro de sus principales plantas automotrices en Alemania: Emden (productora de vehículos eléctricos con más de ocho mil trabajadores); Zwickau (principal centro de ensamblaje de autos eléctricos con cerca de nueve mil trabajadores); Hannover (sede de producción de vehículos comerciales eléctricos con cerca de 14 mil trabajadores); y Neckarsulm (planta de Audi para modelos de combustión, híbridos y eléctricos, con más de 15 mil trabajadores).
En total se proponen eliminar más de 100 mil puestos de trabajo en el mundo, principalmente en Alemania, precipitando la salida de más de 35 mil trabajadores mediante la adecuación forzada de jubilaciones anticipadas y rescisiones “voluntarias”. Y, entre otras medidas, está proyectando reducir a la mitad su oferta de modelos y disminuir su producción global de 12 a nueve millones de vehículos por año.
¿Cómo se explica esta crisis económica que sufre en Alemania y el mundo entero la otrora poderosísima corporación Volkswagen? Principalmente por la contracción en la venta de autos en el mercado chino y, adicionalmente, debido a los aranceles impuestos por el gobierno de Estados Unidos en la importación de vehículos.
Durante décadas, Volkswagen fue la empresa líder en la producción mundial de automóviles, incluso, en 1984 se convirtió en el primer fabricante extranjero en asociarse con una empresa estatal china para producir vehículos exclusivos que se ajustaron a las condiciones y necesidades de su población, logrando construir una gigantesca red de plantas de producción con cientos de miles de trabajadores. Volkswagen se incorporaba así al mercado chino con una población superior a los mil 400 millones de habitantes, una de las más grandes del planeta.
En China, las ganancias de Volkswagen “crecieron de 395 millones de euros en 2008, a 831 millones de euros en 2009, a mil 907 millones de euros en 2010 y a dos mil 616 millones de euros en 2011; para llegar, en 2012 a dos mil 806 millones de euros. En total, en el año 2012, el consorcio Volkswagen tenía un volumen de ventas de 160 billones de euros y obtuvo ganancias por 16 billones de euros” (buzos de la noticia, cinco de octubre 2026).
Sin embargo, la realidad económica, política y social está en permanente movimiento. Los fabricantes de automóviles chinos como BYD (Build Your Dreams/ Construye tus sueños), el mayor fabricante de autos eléctricos en el mundo, están irrumpiendo no sólo en el mercado local, sino también en el mercado mundial con vehículos de tecnología mucho más avanzada y con precios altamente competitivos. Fue por esta razón que las ventas de Volkswagen se desplomaron y con ellas su histórico liderazgo en el mercado.
Por si esto fuera poco, la imposición de aranceles estadounidenses del 15 por ciento para autos procedentes de Europa y de hasta 27.5 por ciento para aquellos fabricados en su planta de Puebla, en México, redujo drásticamente sus ganancias y obligaron a la empresa a disminuir su producción.
Por consiguiente, la situación que sufren los trabajadores de Volkswagen en Puebla está sujeta a la problemática que enfrenta toda la industria automotriz en el mundo. Una industria cuya importancia económica en la sociedad contemporánea presenta una abierta contienda por alcanzar la supremacía tecnológica, en donde el debilitado imperialismo norteamericano se ve obligado a implementar políticas proteccionistas arancelarias; una contienda por lograr la reestructuración de las cadenas de producción y suministro, así como el control de la manufactura de componentes eléctricos; una disputa que finalmente forma parte de la lucha por el establecimiento de un nuevo orden mundial, es decir, la lucha por la conservación de un anacrónico mundo unipolar dirigido por el criminal imperialismo norteamericano, o bien, la conformación de un mundo multipolar encabezado por China y Rusia.
Cabe recordar que, a partir de 1991, tras la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), el imperialismo norteamericano impuso un sistema unipolar para mantener su hegemonía económica, política y militar en el planeta entero, sin embargo, en los primeros años del Siglo XXI, un grupo de países desarrollados que se denomina BRICS (cuyo nombre corresponde a las iniciales de los cinco primeros Estados miembros: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) de manera natural fue fraguando una alternativa económica y geopolítica que aglutina a los pueblos de los países que reclaman respeto a su soberanía, a sus recursos naturales y, en consecuencia, propone un sistema económico mundial multipolar basado en la cooperación y el respeto entre las naciones.
Es en el marco de esta disputa económica por definir el nuevo orden mundial entre Estados Unidos y China que se inscribe también el avance tecnológico y comercial de la industria automovilística en el mundo. Y, sin duda, China está ganando la partida.
La industria automotriz transita aceleradamente del motor de gasolina o diésel hacia la conversión del automóvil eléctrico, requiriendo para ello componentes tecnológicos centrados en la industria electrónica, eléctrica e informática, esto significa, por ejemplo, que las nuevas baterías para autos eléctricos representan más del 60 por ciento del costo del vehículo, cuyos principales componentes son las tierras raras, el litio, el grafito y el cobalto. Recursos naturales que el imperialismo norteamericano y sus aliados están dispuestos a obtener a sangre y fuego. Y también está otro tipo de componentes tecnológicos como lo es el software, que se ha convertido en el núcleo operativo que controla el vehículo y lo dota de sistemas “inteligentes” de seguridad, actualización y navegación.
Así las cosas y ante la incertidumbre que enfrentan cientos y miles de trabajadores de Volkswagen, los sindicatos deberían aparecer como un instrumento de lucha y defensa de los trabajadores en contra de la explotación capitalista; como un contrapeso para contener las políticas antiobreras de la empresa; sin embargo, quienes están pagando los “platos rotos” de la crisis económica que viven los patrones de la Volkswagen, siguen siendo los trabajadores: el cierre del tercer turno y el consecuente despido de más de 780 trabajadores revelan que el sindicato está más preocupado por aplicar de manera tersa el recorte masivo de personal para evitarle sobresaltos a la empresa que en defender los genuinos intereses de sus agremiados.
La unidad y cohesión de los trabajadores, su capacidad de movilización y combatividad para sacudirse al charrismo sindical y convertirse en una verdadera fuerza de oposición que enfrente a los patrones, son factores fundamentales que habrán de contribuir no sólo a frenar en lo inmediato el despido masivo de trabajadores, sino una fuerza social que tarde o temprano tendrá que asumir una posición resuelta en la construcción de un nuevo orden mundial.
Escrito por Everardo Lara Covarrubias
Licenciado en Derecho por la UNAM, Maestro en Ciencias Jurídico-Penales por el Instituto Nacional de Ciencias Penales, Consejero Jurídico de la Defensoría Nacional de los Trabajadores y asesor sindical.