Internacional
En riesgo, las conquistas sociales logradas en Brasil durante el gobierno de Lula durante el avance de la derecha en Brasil, una amenaza para Latinoamérica
El avance de la derecha representa un retroceso para la región, ya que las conquistas sociales se ven amenazadas, tal como ocurre en Brasil.
Los resultados de la jornada electoral en Brasil del pasado cinco de octubre obligaron a definir al próximo presidente de la nación en una segunda vuelta programada para el día 25 de octubre, en la que llega con ventaja electoral el candidato de la derecha, Flávio Bolsonaro. Éste, de acuerdo a declaraciones y presentaciones públicas, ha tenido todo el respaldo del gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) y particularmente del presidente Donald Trump, espaldarazo al que se han sumado las grandes tecnológicas de Internet y las redes sociales, como Meta.
En diversos países de Latinoamérica que han llevado a cabo elecciones, los candidatos de derecha se han alzado con el triunfo; la mayoría de ellos, según los propios gobernantes –como Abelardo de la Espriella, en Colombia, y Keiko Fujimori, en Perú–, son abiertamente de derecha y lograron imponerse ante candidatos de izquierda gracias al apoyo del gobierno de EE. UU.
El avance de la derecha representa un retroceso para la región, ya que las conquistas sociales se ven amenazadas, tal como ocurre en Brasil. En entrevista con buzos, Valério Arcary, destacado historiador marxista, profesor jubilado del Instituto Federal de São Paulo (IFSP) y militante de la corriente Resistência dentro del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) en Brasil, analiza el contexto político-electoral de Brasil y sus implicaciones para los pueblos latinoamericanos.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva logró el 45.16 por ciento de los votos en la jornada pasada frente a un 47 por ciento de su contrincante derechista, quienes, de paso, se hicieron de un importante número de curules en el Congreso y las gubernaturas de los estados más importantes, motores económicos del país.
Arcay pone sobre la mesa la fractura interna entre la clase trabajadora, la desproporción en la batalla digital impulsada por la red social Facebook, propiedad de Meta y el peligro inminente de un programa neoliberal que incluye privatizaciones masivas y un alineamiento geopolítico con EE. UU. en caso de un eventual triunfo de la extrema derecha en el balotaje del 25 de octubre, cuando se decida finalmente la contienda presidencial.
Buzos (b).- ¿Cuáles son algunas de las conquistas sociales que están en riesgo de imponerse si gana la derecha en la segunda vuelta?
Valério Arcary (VA).- Mencionaré cinco medidas clave. En el caso de la educación y la salud. Tras el fin de la dictadura en los años 80, se conquistó la regla constitucional que obliga al gobierno federal a invertir un mínimo del 18 por ciento de sus ingresos anua- les en educación pública y un 25 por ciento en salud pública. Los bolsonaristas ya declararon que quieren liberarse de esta regla que condiciona la inversión.
En el caso de la previsión social y jubilaciones, hoy 41 millones de personas se benefician de la seguridad social. La regla actual establece que el piso de la jubilación equivale al salario mínimo, el cual se actualiza anualmente con la inflación y un aumento real según el crecimiento económico. Van a desvincular la remuneración básica de las pensiones del salario mínimo, dejando sin garantía qué tipo de actualización tendrán los jubilados.
No hay duda de que buscan un ajuste fiscal y más austeridad. También han declarado públicamente un recorte brutal de la capacidad de gasto mediante un ajuste fiscal de austericidio y máxima reducción de la inversión pública. Es una receta ultraliberal, salvaje, equivalente al plan de choque de Javier Milei en Argentina, que prevé una reducción del 2.5 por ciento del PIB, equivalente a unos 60 mil millones de dólares. Se esperan también más privatizaciones, porque han dicho que ya tienen un plan, quieren privatizar la mayor compañía de la economía brasileña, Petrobras –cuando Brasil produce más de cuatro mil millones de barriles y es uno de los cinco mayores productores mundiales–, así como los bancos públicos, que distinguen al sistema financiero brasileño. También representa una ofensiva ambiental y el negacionismo. La masa de la burguesía y el bolsonarismo son negacionistas climáticos porque responden a los intereses de la burguesía agraria, que busca expandir la frontera agrícola mediante la quema de la selva amazónica para la ganadería y el cultivo de granos. Todo esto es inseparable del peligro para las libertades democráticas. Se inspiran en Bukele; saben que un ajuste de estas proporciones no se puede ejecutar sin limitar las libertades y subvertir el régimen democrático.
b.- En la batalla digital, las fuerzas de derecha han mostrado una enorme capacidad apoyada en algoritmos y corporaciones estadounidenses. ¿Qué le ha faltado al movimiento progresista en este campo?
VA.-Brasil tiene la peculiaridad de ser uno de los países donde la población pasa más tiempo en Internet: en promedio, más de seis horas diarias en redes sociales. Estas redes no son un espacio neutral; están dominadas por compañías norteamericanas porque no logramos constituir redes sociales nacionales. Durante la campaña electoral hubo una utilización a gran escala de granjas de bots y servidores que reprodujeron a una escala inconcebible mensajes en todas las aplicaciones, concentrándose la batalla principal en WhatsApp. En la izquierda contamos con una nueva generación de jóvenes influenciadores, agitadores y divulgadores muy creativos e inteligentes –algunos elegidos diputados nacionales–, pero salimos en una condición defensiva durante la elección. Es necesario reorganizar la campaña de Lula para pasar al contraataque y recuperar el terreno perdido también en las redes sociales.
b.- Rumbo a la segunda vuelta, ¿cuál debe ser la estrategia de la izquierda y del Partido de los Trabajadores ya que, como se aprecia en los resultados, la mejora en las condiciones materiales no bastó para frenar a la extrema derecha?
VA.- La clave es recadecuar nuestra táctica política hacia el balotaje. La cuestión central es convencer al segmento de abstencionistas –aproximadamente ocho millones de personas dentro de los 33 millones que no fueron a votar y que en las encuestas mostraban preferencia por Lula– de que estamos ante un peligro.
Respecto a por qué las mejoras materiales no frenaron a la extrema derecha, se debe a una profunda fractura en la clase trabajadora. Entre los más pobres que ganan hasta dos salarios mínimos, Lula mantiene el respaldo. Sin embargo, entre los trabajadores con mayor nivel de instrucción y salario –las capas medias asalariadas u obreros industriales de grandes centros– hemos perdido la mayoría y se han desplazado hacia la extrema derecha. Aunque su vida esté un poco por encima de la supervivencia, sigue siendo muy difícil. Al mejorar levemente su inserción económica, sufren el castigo de la privatización de la vida: la decadencia de la educación y salud públicas los obligan a contratar servicios privados para sus hijos y padres. Además, la extrema derecha tiene una mayoría aplastante en la pequeña burguesía histórica y la nueva clase media.
Asimismo, no haber tenido como prioridad gubernamental la transformación profunda de la educación pública universal de calidad para cerrar la brecha con la educación privada ha tenido un impacto electoral y social enorme. El descontento de estas capas intermedias se tradujo en una desaprobación constante del gobierno de Lula.
b.- De cara al balotaje, ¿qué es lo que se juega en Brasil y por qué América Latina y el mundo deben seguir con atención esta definición?
VA.- No es una exageración decir que una derrota de la izquierda en Brasil tendrá un impacto terrible en toda América Latina. Países como México quedarían en una situación de gran aislamiento y el dominio norteamericano daría un salto cualitativo extraordinario. Esto ocurre en un contexto donde venimos de derrotas electorales sucesivas en la región.
Un triunfo de la alianza entre Trump y Bolsonaro cambiaría la relación de fuerzas en el sistema internacional de Estados y en la disputa de hegemonía mundial entre EE. UU. y China, dada la reserva estratégica monumental que representa Brasil.
Lo que se juega no es sólo el destino de la nación brasileña, sino un impacto a escala mundial. Nuestra responsabilidad como izquierda es unirnos de manera firme, cerrar filas y luchar hasta el final, porque es una batalla vital frente al precipicio de una regresión histórica.
b.- ¿Qué representó para el pueblo brasileño el resultado de la primera vuelta?
VA.-Ha sido una elección muy dura. Asistimos a una victoria de la extrema derecha liderada por una corriente que tiene un impulso protofascista, que no solamente ha posicionado a Flávio Bolsonaro con un dos por ciento más que la candidatura del presidente Lula da Silva, sino que ha ganado en primer turno la elección de los gobernadores en toda la región sudeste: en São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro –que es el triángulo estratégico de Brasil, donde está concentrada la mayor parte de la capacidad de producción y de la población–, pero también en Río Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná, la región Sur de Brasil.
Además, han ganado la mayoría parlamentaria. Tienen una mayoría en la Cámara de Diputados y una mayoría en el Senado: de 84 senadores, ahora tiene 49, por lo que necesitan solamente cinco votos para alcanzar la mayoría calificada de dos tercios, condición requerida para una revisión constitucional. A lo que asistimos fue a una onda poderosísima que podemos definir como un tsunami reaccionario.
Para la izquierda ha sido una derrota. No siempre caminan juntas: en 1989, cuando Lula llegó al balotaje por primera vez, tuvimos una derrota electoral frente a Fernando Collor; en 1989, en la primera elección presidencial en democracia, Fernando Collor de Mello superó al propio Lula da Silva tras liderar la primera ronda, pero logramos una victoria política por el gran protagonismo de la izquierda y el alineamiento de los principales sindicatos y movimientos sociales.
b.- Con esta mayoría confirmada de la extrema derecha en el Congreso y en los estados clave, ¿qué le queda a la clase trabajadora y a la sociedad brasileña?
VA.- Representa una amenaza en todos los terrenos. En primer lugar, el campo de la extrema derecha tiene un alineamiento incondicional con el gobierno de EE. UU.; apuestan a un acercamiento con Donald Trump y significa seguramente la entrada de Brasil en el ‘escudo de las Américas’. Esta estrategia obedece al cálculo de que, para el capitalismo periférico brasileño, la subordinación a EE. UU. será un proceso de recolonización por las ambiciones del imperialismo norteamericano de dominar los recursos estratégicos de nuestra economía. Para la gente, para la clase trabajadora y los oprimidos, significará que las conquistas y las reformas arrancadas con grandes luchas sociales están amenazadas. Finalmente, el historiador comentó que al sector de brasileños indecisos le queda sumarse al sector progresista en las elecciones de este 25 de octubre.
Escrito por Nydia Egremy
Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.