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Economía
La cooptación de la prensa y la academia por el capital
El sistema capitalista, para mantener las relaciones de explotación, necesita no solamente los mecanismos económicos que ya conocemos, sino también mecanismos como la prensa o la educación.


En la entrevista de Glenn Diesen, profesor de asuntos internacionales rusos en la Universidad del Sureste de Noruega, a David Gibbs, profesor de historia en la Universidad de Arizona, este último dio a conocer los resultados de su investigación, afirmando que la academia y la prensa están cooptadas por el Estado. El mecanismo utilizado en el caso norteamericano son las agencias de inteligencia, llámense Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA).

Un claro ejemplo que da Gibbs es el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), donde el Departamento de Ciencia Política estaba vinculado al Centro de Estudios Internacionales, que había sido fundado por la CIA, para conectar al MIT con la CIA. En los años cincuenta y sesenta, la CIA y la Inteligencia Militar eran los principales financiadores de la investigación en ciencias sociales en el extranjero. De hecho, a modo de broma, comentaron que se decía en aquel tiempo: o cooperas con la CIA, o el FBI tocará a tu puerta. Otro ejemplo que dio Gibbs es una investigación realizada por el Senado de Estados Unidos de 1975, donde entre muchas cosas, evidenciaron que muchos académicos servían como consultores o tenían relaciones con la CIA, donde recibían financiamiento por escribir informes secretos. Sin embargo, dado que no se les daba crédito oficial por estos informes, llegaron a acuerdos para que los dejaran publicarlos, pero después de “depurarlos”. De acuerdo con esos informes del Senado, al menos mil libros se publicaron con apoyo encubierto de la CIA. En el caso de la prensa, el periodista Carl Bernstein expuso en un documento titulado The CIA and the media cómo esta agencia había reclutado a más de 400 periodistas durante la Guerra Fría para difundir narrativas favorables al Estado norteamericano.

América Latina no ha sido ajena a esta dinámica. El caso paradigmático es el de los llamados Chicago Boys, el grupo de economistas chilenos formados en la Universidad de Chicago que implementaron las políticas neoliberales durante la dictadura de Augusto Pinochet. La periodista Carola Fuentes, directora del documental Chicago Boys (2015) y autora de un libro sobre el tema, sostiene que estos académicos regresaron a Chile con la convicción de aplicar el ideario del libre mercado, que plasmaron en el documento conocido como El Ladrillo y que entregaron a la Junta Militar de Salvador Allende. La relación entre la CIA y el golpe de Estado está más que evidenciado en los documentos del proyecto FUBELT (Track II). En cuanto a los Chicago Boys, sus estudios en Chicago fueron financiados por el gobierno estadounidense. En 1956 se firmó un acuerdo entre la Universidad de Chicago y la Pontificia Universidad Católica de Chile, con el objetivo de propagar las ideas del libre mercado en América Latina. Hay quienes dicen, como Orlando Letelier, exembajador de Chile en EE. UU. y ministro de Asuntos Exteriores durante el gobierno de Allende, que los Chicago Boys recibieron fondos de la CIA para sus proyectos de investigación (la escritura de El Ladrillo y la publicación de sus ideas en los periódicos chilenos de aquel entonces).

Pero la injerencia no se da únicamente mediante el financiamiento o la colaboración directa con académicos, sino también mediante el silenciamiento de temas que consideran que no deberían discutirse en la sociedad. Incluso aquellos académicos que en ánimo de mantener su “honestidad académica” han cuestionado o criticado las políticas de Occidente, como el profesor John Mearsheimer o el mismo Gleen Diesen, han sido marginados por la comunidad académica o las cadenas de noticias. Además, la prensa se emplea con frecuencia como un termómetro para sondear la reacción de la población ante futuras acciones gubernamentales. Así, antes de la guerra en Ucrania, se difundió la acusación de que Rusia había interferido en las elecciones estadounidenses, preparando el terreno para una escalada de hostilidades que luego se justificaría como una respuesta defensiva.

Ahora bien, el Estado no es un ente aislado con intereses propios, sino que responde a los intereses de una parte de la clase capitalista de la nación de que se trate. Desde el punto de vista marxista, el sistema capitalista, para mantener las relaciones de explotación, necesita no solamente los mecanismos económicos que ya conocemos –pagarle al trabajador solamente lo necesario para que regrese al día siguiente a trabajar–, sino también mecanismos como la prensa o la educación, para mantener adormecida la conciencia de la clase trabajadora. La colaboración entre agencias de inteligencia, universidades y medios de comunicación es necesaria para que el sistema se mantenga funcionando, para desmovilizar o ahogar cualquier atisbo de disidencia. 


Escrito por Jacinto De Lerma

Economista


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