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Sextante
El gran dictador
El gran dictador es una obra maestra de sátira sociopolítica cinematográfica.


Charles Chaplin produjo, dirigió, actuó, realizó el guion y musicalizó la más exitosa de sus cintas en términos de público y de ingresos económicos: El gran dictador (1940), una parodia sobre el nazifascismo y sobre el dictador más sanguinario conocido por la humanidad, Adolfo Hitler. “De haber conocido la barbarie, las atrocidades que posteriormente realizó el régimen nazi, no hubiera filmado El gran dictador”, declaró uno de los más grandes creadores del cine. Seguramente comprendió que su sátira únicamente había intuido la más terrible de las pesadillas vividas por el género humano.

Con este tipo de cine, Chaplin expresó su amistad con artistas de orientación comunista o progresista, por su apoyo a luchadores sociales y por ser impulsor de la intervención para que en la Segunda Guerra Mundial los “aliados”, es decir, las potencias que luchaban contra el Eje Berlín-Roma-Tokio –que amenazaba con hacerse del control mundial‒ interviniesen en el frente europeo, apoyando a la Unión Soviética cuando fue invadida por las tres cuartas partes del ejército y poderío militar alemán (cuestión que nunca ocurrió, pues los imperialistas democráticos deseaban intensamente que la Alemania nazi destrozara a la Unión Soviética; por eso, solamente cuando esta gran nación derrotó a Alemania y países cofrades y avanzó victoriosa por Europa, sólo entonces los “aliados” abrieron el frente en Europa Occidental).

Por todas las manifestaciones de este realizador con ideas humanistas y proclives al socialismo, a principios de los años 50 fue expulsado de Estados Unidos (EE. UU.). Tal persecución, esa “cacería de brujas”, fue realizada por el Comité Contra Actividades Antiestadunidenses; Chaplin fue una víctima del macartismo más feroz y empecinado en aniquilar todo lo que “oliera a comunismo”, precisamente cuando la Guerra Fría se había intensificado. Y El gran dictador, junto a Tiempos Modernos, son las obras que tomó el macartismo como la irrefutable prueba de la ideología “comunista” y “antiestadunidense” de este genio del cine mundial.

El gran dictador es una obra maestra de sátira sociopolítica cinematográfica. De manera magistral, Chaplin parodia no sólo a Hitler, sino que también critica a todo el sistema basado en la opresión de las masas trabajadoras. Ridiculiza no solamente al fascismo, tanto alemán como el instaurado por la burguesía italiana encabezada por Benito Mussolini en Italia, sino que se mofa agriamente de los regímenes que no permiten la equidad social, la distribución justa de la producción y un ambiente político de verdadera solidaridad humana.

En esta parodia, Chaplin interpreta a un barbero judío que es víctima de feroz represión a manos de las hordas fascistas que visitaban los barrios de Berlín; también interpreta a Hitler, parodiándolo. Secuencias geniales del filme son cuando Hinkey (Hitler) juguetea con un globo terráqueo en un salón, hasta que el mapamundi estalla (algunos reseñadores opinan que Chaplin previó la caída de Hitler y la destrucción de sus planes y medidas para dominar al mundo). También es extraordinaria la secuencia en la que se sienta frente a Napaloni (Mussolini) y ambos fascistas elevan sus respectivos asientos cada vez a mayor altura, como un duelo de soberbia y vanidad, tan propias de los dictadores narcisistas y que nos recuerdan ahora a Donald Trump y Javier Milei, entre otros gobernantes fascistas.

El discurso final del filme, cuando el peluquero judío, que huye con el comandante Schulz ‒un disidente del nazifascismo‒, es confundido con Hinkey y lo llevan a la invadida “Osterlich” (Austria en la parodia) a pronunciar un discurso; su perorata es una de las mejores piezas de oratoria en la historia del cine: de profunda condena no sólo al fascismo, sino al sistema capitalista, opresor de las masas. Por eso no resulta casual que a Charles Chaplin se le persiguiera en EE. UU. y se le obligara al exiliarse en Suiza por el resto de su vida. El gran dictador es una cinta clásica del cine político, imprescindible para todos aquellos seres humanos que buscan una sociedad justa que elimine los grandes males que azotan al género humano. 


Escrito por Cousteau

COLUMNISTA


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