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Sextante
Chaplin, el genio perseguido del cine
Las películas de Chaplin reflejan el sufrimiento de los descamisados, los parias.


Charles Chaplin es otro de los grandes realizadores de mayor creatividad y calidad artística del cine silente. Pero no es solamente uno más de los realizadores de aquella época inicial de la cinematografía mundial, sino ‒considerado por muchos críticos e historiadores del séptimo arte‒ el más destacado de los artistas del cine; porque no sólo fue director de sus películas, sino actor principal, guionista y compositor de la música de éstas.

La vida de Chaplin también ha sido comentada generación tras generación pues, aunque la prensa, los críticos de cine y de arte proclives a defender al orden capitalista han centrado la narración en las polémicas que se presentaron durante su residencia en Estados Unidos (EE. UU.) sobre sus matrimonios con mujeres muy jóvenes, en estos cuestionamientos desempeñaron un papel muy activo el Buró Federal de Investigaciones (FBI) y otras instancias del gobierno estadounidense; pues el contenido de algunas de las películas de Chaplin contenía demoledoras críticas al orden social capitalista, lo cual generó que este artista británico se convirtiera en objetivo de la inquina y el odio del sistema.

Otro factor que motivó la persecución contra Chaplin en EE. UU. fue que él mantuvo una posición política antifascista. Su película El gran dictador, que se estrenó antes de que iniciara la Segunda Guerra Mundial, en la que ridiculizó a Adolf Hitler y Benito Mussolini, los dictadores que estaban a punto de desatar la mayor de las conflagraciones padecidas por la humanidad. Chaplin no sólo era antibelicista, se oponía al nazismo y, ya comenzada la Segunda Guerra Mundial, apoyó a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y denunció que ésta libraba, casi sola, la guerra contra la poderosa maquinaria genocida del nazismo.

Supuestamente, las potencias capitalistas estaban en guerra contra la Alemania nazi y sus aliados, pero no se atrevían a abrir el frente occidental, pues en realidad deseaban que la Wehrmacht hitleriana destrozara a la URSS; éste era el sueño dorado de los imperialistas británicos y estadounidenses. Chaplin coincidía con los soviéticos, quienes reiteradamente llamaban a los “aliados” a enfrentarse al poderío germano; pero éstos ansiaban que desapareciera la sociedad comunista. Chaplin hizo una fuerte campaña por la apertura de ese frente para apoyar los gigantescos esfuerzos del pueblo soviético. Sin embargo, esto no sólo incomodó al gobierno de EE. UU. y sus aliados, sino que los enfureció.

Ya terminada la Segunda Guerra Mundial, el macartismo se cebó sobre Chaplin, contra quien se iniciaron investigaciones mediante el FBI, pues lo acusaron de realizar “actividades antinorteamericanas”. A la clase capitalista estadounidense no solamente le disgustaba ese apoyo a la URSS, también sintió gravemente afectados sus intereses por el contenido de la película Tiempos modernos; pues en la cinta, Chaplin presenta dramática y a la vez cómicamente lo que sufre la clase trabajadora: sobrexplotación, desempleo, pobreza y enajenación derivada de que el obrero se convierte en “un apéndice de la máquina” en este sistema.

Las películas de Chaplin reflejan el sufrimiento de los descamisados, los parias; pero su personaje Charlot, ese obrero desempleado, un tanto vagabundo y víctima del orden social expoliador y embrutecedor, nunca pierde la vertical ni se da por derrotado. Todo en Charlot era una contradicción: sus grandes zapatones contrastan con su pequeño bombín; sus pantalones bombachos contrastan con su saco y su chaleco ajustados. Pero esa contradicción se manifestaba magistralmente en la dialéctica que logró al presentar la tragedia del hombrecito (representante del proletariado) en forma cómica; es la suerte del hombre que vive en condiciones muy adversas, pero que siempre tiene una energía profunda que lo hace enfrentarse a la contrariedad de manera valiente y optimista.

Son inmortales sus cintas El Chico, Luces de la ciudad, La quimera del oro, Tiempos modernos y otras cintas de profundo sentido humanista, muy a pesar del capitalismo y de la clase opresora que lo persiguió durante décadas. Y ese hombrecito resultó ‒gracias a la gran aceptación expresada por las masas oprimidas‒, durante más de un siglo, ser un gigante del cine. 


Escrito por Cousteau

COLUMNISTA


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