Ladrón de bicicletas ganó premios cinematográficos importantes en aquellos años de la posguerra.
Cargando, por favor espere...
El cine puede ‒a través de sus obras‒ convertirse en un eficaz vehículo para el conocimiento, siempre y cuando sea un cine realista que capte la esencia de los temas que aborda. Y cuando digo “captar” la esencia de un tópico histórico, social, cultural, científico, etc., me refiero a que este fenómeno sea conocido como contenido determinante, no superficialmente.
El ruiseñor (2018), de la realizadora australiana Jennifer Kent, es una muestra de este cine. La isla de Tasmania es un estado de Australia situado al sur del continente y que fue un centro penitenciario del imperio británico, creado en 1803 (a él llegaron más de 80 mil presidiarios provenientes del imperio británico en 1825). Cuando los colonizadores británicos llegaron a esta isla, en ella habitaba una población aborigen de cerca de siete mil personas. Entre 1824 y 1830 se desarrolló la llamada Guerra negra; los habitantes autóctonos intentaron defenderse de los abusos y el genocidio perpetrados por los colonizadores europeos. Como resultado de tal ofensiva ‒desarrollada como guerra de guerrillas‒, fue aniquilada casi la totalidad de esa población aborigen (en un capítulo más de esa larga historia de invasiones, despojo de los territorios, exterminio de las poblaciones autóctonas, esclavización de los sobrevivientes, imposición del régimen colonial e imperialista de los europeos, principalmente de Gran Bretaña, Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Italia, España y Portugal).
Éste es el contexto de El Ruiseñor, que cuenta la historia de Claire Carroll (Aisling Franciosi), una exconvicta de origen irlandés que, en 1825, es violada por el teniente del ejército Hawkins (Sam Claflin); cuando Aidan (Michael Sheasby), esposo de Claire, se entera de este abuso, reclama a Hawkins; pero éste ordena a dos soldados a su cargo que lo sujeten, lo obliga a presenciar una nueva violación contra su esposa y después lo asesina; la brutalidad de los soldados no termina ahí, pues también matan al bebé de Claire.
Claire decide denunciar a los asesinos ante un oficial superior al teniente; sin embargo, no recibe ninguna respuesta, por lo que decide buscar al teniente Hawkins y sus subalternos para vengarse. Claire se encuentra con Billy (Baykall Ganambarr), un aborigen a quien pide que le ayude a buscar a su marido ‒le miente deliberadamente, pues no quiere confesarle su verdadero propósito‒; Billy le ayuda a rastrear a los soldados que se dirigen a la ciudad de Lauceston (donde Hawkins buscará a los jefes militares que pueden aprobar un ascenso de grado marcial).
En el largo recorrido por las montañas y los bosques, Claire ‒quien prometió un buen pago a Billy por sus servicios como rastreador‒ choca con el carácter y la idiosincrasia de Billy. Sin embargo, ya avanzadas algunas jornadas, Claire confiesa a Billy que no es inglesa, sino irlandesa y que, al igual que él, pertenece a una nación sometida por los colonialistas ingleses.
El filme nos muestra, cómo los colonizadores europeos tienen esclavizados a los aborígenes, cómo matan al menor intento de inconformarse contra el maltrato.
Claire logra matar a uno de los soldados del teniente Hawkins; pero es Billy quien se atavía como guerrero de su etnia en una noche, se presenta donde se hospeda Hawkins y sus ayudantes y aniquila con lanzas a los soldados británicos; pero en esa acción de venganza recibe un balazo en el vientre. Billy muere en una playa acompañado de Claire (en una secuencia anterior Billy advierte una gran verdad cuando ha sido sometido temporalmente por la gavilla de Hawkins: “Ésta es mi tierra, ésta es mi nación”). Claire ‒que es apodada El Ruiseñor‒ termina cantando frente a un amanecer triste con su compañero de desdicha y de abusos provenientes de los colonialistas británicos, cuando éste está muriendo. Jennifer Kent nos da un poderoso mensaje: los pueblos oprimidos tienen un enemigo común, los colonialistas y los imperialistas. (Esta cinta se puede encontrar en YouTube).
Ladrón de bicicletas ganó premios cinematográficos importantes en aquellos años de la posguerra.
El documental de Yuval Abraham y Rachel Szor, centrado en el conflicto en Gaza, se convirtió en el único largometraje documental de la competencia principal del festival.
Londres prohibirá la importación de productos de asentamientos israelíes en Cisjordania y sancionará a empresas e individuos que apoyen su expansión; Israel respondió con el cierre del consulado británico en Jerusalén Este y restricciones de entrada a ciudadanos británicos.
El bloque busca frenar la violencia y la expansión de asentamientos en Cisjordania.
La reconversión de la planta de Volkswagen en Osnabrück acerca a la industria alemana con Rafael Advanced Defense Systems, empresa estatal israelí dedicada al desarrollo de tecnología militar y sistemas de defensa.
Este nuevo cine utilizó las viejas técnicas fílmicas producidas en la época de la dictadura de Mussolini; pero su enfoque era totalmente distinto.
El gran dictador es una obra maestra de sátira sociopolítica cinematográfica.
Los intercambios de mercancías, materias primas, maquinaria, equipo y bienes terminados, así como la venta y compra de servicios, con el tiempo fueron creciendo en proporciones descomunales.
En esta historia, Charlot es un miembro más de la clase obrera que sufre cotidianamente los estragos de la explotación.
Cualquier asistencia o facilitación a las fuerzas estadounidenses sería considerada una forma de participación en el conflicto: Ali Abdollahi, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes.
Luces de la ciudad es una comedia-melodrama que retrata a las clases sociales, muestra profundamente los valores de los parias, que son capaces de dar todo por la gente que aman.
En esta película, Chaplin nos muestra que el arte cinematográfico puede ser un poderoso vehículo para la “humanización” de millones de seres humanos.
Ante la presión migratoria, la autoridad española solicitó más personal, infraestructura y respaldo europeo.
Las películas de Chaplin reflejan el sufrimiento de los descamisados, los parias.
La presión de Trump ha dado frutos. Para 2026, el presupuesto total de la OTAN alcanzará casi 1.5 billones de dólares.
Escrito por Cousteau
COLUMNISTA