Antes de dedicarse al séptimo arte, Eisenstein había estudiado arquitectura e ingeniería, y en 1918 se unió al Ejército Rojo.
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Serguéi Eisenstein sembró una poderosa corriente artística en el cine de su tiempo sobre el ámbito del cine coral, es decir que, en las historias narradas, los principales protagonistas no son los héroes o personajes individuales, sino que las masas participan activa y decididamente en los acontecimientos históricos trascendentes.
La teoría filosófica del materialismo dialéctico debió jugar su papel en este enfoque, que es la base del pensamiento de Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir Ulianov Lenin y otros dirigentes y teóricos que inspiraron o participaron en la Gran Revolución de octubre de 1917. El materialismo dialéctico nos plantea que “el motor de la historia es la lucha de clases”; por lo tanto, aunque los grandes hombres desempeñan su papel fundamental al encabezar las luchas ‒imprimiéndoles su sello personal‒; finalmente, los “grandes cataclismos” sociales que derivan en profundos cambios en el funcionamiento de la sociedad, son realizados por las masas trabajadoras movilizadas contra las clases explotadoras y opresoras.
En ese sentido podemos afirmar que el realismo socialista es un producto genuino de la Gran Revolución rusa de 1917. Y el cine de Serguéi Eisenstein, como parte de la superestructura del nuevo orden surgido de esa Revolución, refleja genuinamente el papel del proletariado –con su aliado, el campesinado pobre– y su función determinante en el surgimiento de un régimen que comenzó la construcción del socialismo.
En la cinta El Acorazado Potemkin (1925), Serguéi narra –utilizando el cine-ficción, pero con apego a los hechos históricos– la rebelión de la tripulación del acorazado Potemkin en 1905. En ese acorazado se produjo una sublevación; los marineros –relata el filme– se niegan a consumir la carne podrida ofrecida por los oficiales del navío.
Los marineros estaban profundamente descontentos por los malos tratos de los oficiales, provenientes de familias aristocráticas o de la burguesía, que disfrutaban de buena comida y de los mejores lugares para descansar, mientras aquellos cuyo origen de clase era el proletariado y el campesinado pobre, sufrían todo tipo de arbitrariedades; ante la negativa a consumir la carne podrida, el alto mando del acorazado decide dar un escarmiento a los marinos, fusilando a quienes se habían sublevado. Antes de que se ejecute la orden de masacrar a los marineros rebeldes, todos se amotinan, salvan a sus compañeros y se enfrentan a la oficialidad. En 1905 se suscitó un levantamiento en varias ciudades de Rusia contra el despotismo del régimen zarista. Los marineros del Potemkin deciden apoyar la rebelión de los obreros y campesinos.
Cuando la población del Puerto de Odesa se entera de la hazaña de los marineros, diversas embarcaciones se dirigen al acorazado para llevarles alimento y regalos. La represión del zarismo contra la población local resulta brutal en Odesa. Son muy famosas las secuencias del filme de Eisenstein sobre la agresión del ejército ruso contra la población en las escalinatas de esa ciudad; ahí aparecen escenas como la de los cosacos cargando con sus sables; una madre recibe un balazo y la carriola, en la que llevaba a un bebé, se desliza sobre los escalones hacia abajo. Finalmente, la cinta termina con la persecución de la armada rusa contra decenas de buques de guerra. Cuando se acercan al acorazado, los perseguidores no disparan sus cañones, sino confraternizan con los marineros del Potemkin.
Con El Acorazado Potemkin también se sentaron las bases del realismo que inspiraría a otras corrientes del cine como el Neorrealismo italiano, el cinema novo brasileño, la Nueva ola francesa, etc., porque participaron actores no profesionales y, sobre todo, estos filmes fueron vehículos para denunciar la pobreza, la represión y las injusticias sociales del régimen capitalista. Durante décadas, El Acorazado Potemkin fue considerada la mejor película de la historia de la cinematografía mundial.
Antes de dedicarse al séptimo arte, Eisenstein había estudiado arquitectura e ingeniería, y en 1918 se unió al Ejército Rojo.
Más de 11 mil grabaciones se realizaron en 574 colonias de la capital; Roma Norte, Juárez y Ciudad Jardín fueron las locaciones más utilizadas.
El Expresionismo mostraba algo más complejo y de calado más interno: la angustia social, el sobrecogimiento moral y anímico de una sociedad en crisis.
El cine silente podría parecer algo arcaico para los espectadores del mundo actual.
Estas primeras producciones –casi todas de corta duración– eran cine documentalista que llamaba la atención de un público creciente.
Ven y mira es una narración fílmica que logra captar con profunda nitidez y elocuencia lo que sufrió el pueblo soviético durante La Segunda Guerra Mundial.
Liberación fue criticada en Occidente, acusándola de constituir una serie de películas “propagandísticas” que pretendían opacar las versiones cinematográficas estadounidenses y europeas sobre la Segunda Guerra Mundial.
Liberación está dividido en cinco filmes que fueron dirigidos por el realizador soviético Yuri Ozerov.
La Ascensión nos narra cómo dos combatientes partisanos soviéticos robaron una oveja a un colaboracionista de los nazis.
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En pleno auge de la Guerra Fría, el filme soviético Aquí los crepúsculos son más apacibles (1972), del realizador Stanislav Rostotki, da un ejemplo del buen cine realizado en aquel país durante décadas.
La balada del soldado es una historia de gran aliento humano; narra la vida y el amor que se mueven en el ámbito de la muerte y la destrucción. La balada del soldado es una joya de la cinematografía mundial.
Las cintas que abordan historias ocurridas durante la Segunda Guerra Mundial son tal vez las más numerosas de toda la filmografía global.
Adeudos, pagos irregulares, esquemas de contratación que evitaban responsabilidades laborales y despidos son sólo algunas de las irregularidades.
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Escrito por Cousteau
COLUMNISTA