En la derrota de Hitler fue realmente determinante el heroísmo consciente del pueblo soviético y de su ejército, así como la creatividad de los defensores de la patria socialista en el diseño y fabricación de armamento novedoso.
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En el género bélico, la tradición del realismo soviético también abordó una temática que incumbe al ámbito moral. Como es sabido, los distintos modos de producción han generado a las diversas clases sociales en el transcurso de la historia humana. Las ideas morales y los valores éticos producidos por las clases sociales no han sido –como algunos filósofos y pensadores han sostenido– “universales”, valores vigentes para todos los tiempos y para todos los seres humanos, sin importar la clase social a la que pertenezcan y sin importar, por lo tanto, sus condiciones materiales de vida y sus aspiraciones inmediatas y a largo plazo. En realidad, la moral es –como se ha demostrado históricamente– una forma de la conciencia social con la impronta de clase. Lo que es “moral” para una clase social, es, por lo regular, inmoral para otra clase.
En 1974, la realizadora soviética, Larisa Shepitko, filmó la cinta La Ascensión, que ganó el Oso de Oro del Festival Internacional de Cine de Berlín en 1977 (esta directora fue la segunda mujer que logró el máximo galardón en la historia de este festival). La cinta se rodó en condiciones climáticas muy desfavorables por lo crudo del invierno en ese año.
La Ascensión nos narra cómo dos combatientes partisanos soviéticos, por conseguir alimento para todo un grupo de guerrilleros que enfrentaban a los invasores nazis en Bielorrusia durante la Segunda Guerra Mundial, robaron una oveja a un colaboracionista de los nazis; y tras huir de la hacienda, son atrapados por el ejército alemán. Entonces, Sótnikov (Borís Plótnikov), en su intento por escapar de los soldados nazis, recibe un balazo en una pierna, por lo que su compañero Rybak (Vladimir Gostyujin) se ve obligado a cargar al herido en una dura travesía cuesta arriba sobre la nieve.
Ambos partisanos llegan a la casa de una campesina llamada Demchija (Ludmila Polyakova), quien los acepta, pero no de muy buena manera, dado que corre el riesgo de ser acusada por los nazis de ayudar a los comunistas. Ella es madre de tres niños pequeños. Un grupo de soldados nazis se presenta y comienza a revisar toda la casa; los partisanos, escondidos en un desván, donde la mujer acumula forraje para sus animales, son descubiertos y llevados a un cuartel del ejército germano.
Ambos partisanos son interrogados por los oficiales nazis. Hay tortura física y psicológica. También son llevados a ese cuartel Demchija y el colaboracionista (acusado de apoyar a los comunistas al permitir que se llevaran el borrego). A los combatientes se les presiona para que digan en dónde se encuentra el grupo de guerrilleros al que pertenecen. Incluso, como método de “convencimiento”, el oficial que los interroga les propone que, si traicionan a sus compañeros, los nazis los incorporarán a las filas de los colaboradores del nazismo como policías al servicio de los invasores fascistas.
Sótnikov se niega rotundamente a traicionar a sus compañeros y compatriotas, mientras Rybak, antes de que lo lleven a la horca, avisa al oficial nazi que sí está dispuesto a ayudar a la causa de los fascistas. Sótnikov, Demchija y el colaboracionista son ahorcados. Rybak, en cambio, es incorporado al grupo de traidores. Pero, al ver que los pobladores de la región lo desprecian, comienza su calvario moral; intenta ahorcarse en un baño, pero falla.
Una característica de la población soviética que enfrentó al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial fue el alto grado de confianza en su gobierno comunista; esa enorme confianza se tradujo en una moral inquebrantable en la inmensa mayoría de los soviéticos. Y la unidad ideológica y ética fue clave para que ese pueblo heroico haya –a pesar de algunas traiciones– vencido a la monstruosa maquinaria bélica jamás antes constituida, que intentó doblegar a la Unión Soviética.
Se acaba de celebrar el 81º Aniversario de la Gran Guerra Patria en Moscú; y una vez más, los rusos y muchos habitantes de todo el planeta rindieron honores a los 27 millones de soviéticos, salvadores del mundo de la barbarie nazi, que cayeron y cuya sangre, mente y corazón aún palpitan en el cuerpo y la conciencia de los habitantes del mundo.
En la derrota de Hitler fue realmente determinante el heroísmo consciente del pueblo soviético y de su ejército, así como la creatividad de los defensores de la patria socialista en el diseño y fabricación de armamento novedoso.
Pocas veces, una cinta como Cuando vuelven las cigüeñas (1954), del soviético Mijail Kalatazov, logra ser una obra de arte de alto contenido artístico y, sobre todo, reflejar el arte cinematográfico de forma realista y poética.
En pleno auge de la Guerra Fría, el filme soviético Aquí los crepúsculos son más apacibles (1972), del realizador Stanislav Rostotki, da un ejemplo del buen cine realizado en aquel país durante décadas.
La balada del soldado es una historia de gran aliento humano; narra la vida y el amor que se mueven en el ámbito de la muerte y la destrucción. La balada del soldado es una joya de la cinematografía mundial.
Las cintas que abordan historias ocurridas durante la Segunda Guerra Mundial son tal vez las más numerosas de toda la filmografía global.
Adeudos, pagos irregulares, esquemas de contratación que evitaban responsabilidades laborales y despidos son sólo algunas de las irregularidades.
La cazadora roja es un filme ruso (2015) del realizador ruso Sergey Mokritskiy, que nos relata la vida de la francotiradora soviética Ludmila Pavlichenko.
Las plataformas streaming de cine y espectáculos tienen una cantidad abrumadora de películas, series y documentales disponibles que se caracterizan por contenidos insulsos.
Este año, la cinta Hamnet (2025), de la realizadora china Chloe Zhao, ha sido nominada para recibir el Oscar en tres de las ocho categorías por el que éste se otorga: Mejor película, Mejor director y Mejor actriz.
No resulta novedoso para nadie que el cine estadounidense continúe creando películas que hacen apología del orden social actual en ese país, aunque éste se encuentre en plena descomposición.
En 2007 se filmó la cinta Satanás, del realizador Andi Baiz, una coproducción de México y en la que narra una historia basada en hechos reales.
Por todos estos fraudes, sobornos y fechorías, se ha logrado probar que el futbol está en manos de mafias corruptas y hundido hasta el cuello en la corrupción, mientras millones de aficionados asisten a los estadios y compran artículos alusivos a los equipos de los que son fanáticos
La historia de Juana de Arco ha sido tratada en la literatura, en el teatro y el cine; este personaje histórico ha inspirado a escritores y cineastas, dada la trascendencia de las acciones de esta mujer cuando Francia intentaba conformarse como una nación importante.
EE. UU. está cercando y hostilizando al gobierno de Nicolás Maduro bajo el pretexto de que el gobierno de éste es un “narcogobierno” y el mismo presidente de Venezuela es la cabeza de un cártel criminal.
Producir, dirigir e interpretar un filme de alta calidad artística en la actualidad requiere la participación de muchos profesionales especializados en las distintas actividades que intervienen en el proceso creativo de una obra cinematográfica.
Escrito por Cousteau
COLUMNISTA