El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá es uno de los instrumentos que el imperio está empleando para impulsar algunos acuerdos contra China.
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Hace ya varios años que la derecha intensificó sus operaciones, su plan de controlar absolutamente el gobierno de nuestro país, de promover movilizaciones y protestas en nombre de la “democracia”, de la “familia” y de las “libertades individuales”, sin explicar a profundidad todo esto (jamás podría hacerlo); y como en todo el mundo, grupos, partidos y líderes de la derecha se han lanzado contra las posiciones adoptadas por los gobiernos y grupos de izquierda, metiéndolos en un mismo costal e identificándolos con posiciones terroristas y antisociales.
Nuestro Reporte Especial se refiere a la amenaza de la derecha en México; en realidad, se trata de un problema mundial: la derecha internacional es una amenaza para todos los países porque trata de tomar el poder político y gobernar en todo el mundo. Como veremos, detrás de la derecha se oculta el imperialismo, los intereses económicos del capitalismo en su etapa más alta de desarrollo, el interés irrefrenable de dominar el mundo entero, única forma de aumentar sus ganancias infinitamente. México solamente es un caso, un ejemplo de ese afán irrenunciable del imperialismo.
Aunque resulte muy difícil hallar algo positivo en el sistema capitalista, algo tenemos que reconocerle: ha simplificado las cosas a tal grado que sólo existen dos grupos de personas, dos clases sociales: de un lado, un grupo que en México no llega a dos decenas de familias y que concentra casi toda la riqueza social; de otro, un grupo formado por millones de trabajadores que no poseen más que el salario que diariamente obtienen para subsistir. Esto hace muy fácil que todo el mundo comprenda quién acapara la riqueza, qué se debe hacer para que se distribuya equitativamente y quién debe ejecutar esta acción; todos los mexicanos conocen a los pocos multimillonarios que, sin trabajar, lo poseen todo; y de esto no hay que hablar mucho para convencer a la mayoría.
En todo el mundo, el imperialismo acusa a los gobiernos de izquierda de ser enemigos de la paz social, la libertad individual y la familia; los califica como terroristas y los iguala con las organizaciones criminales y los cárteles encargados del tráfico de estupefacientes.
Grupos de derecha y gente adinerada claman en México por la intervención yanqui; son partidos y actores políticos que ya estuvieron en el poder; uno de estos partidos, incluso, gobernó durante más de siete décadas y es responsable de matanzas estudiantiles, campesinas y obreras; el otro –de ultraderecha– gobernó durante dos sexenios en los que se derramó la sangre de cientos de miles de mexicanos en una guerra contra las drogas que se le salió de control. Ésos son los que llaman a una invasión extranjera, son agentes del imperialismo y saben que, de ocurrir una intervención armada, resultarían favorecidos.
Pero en esta invitación a la potencia expoliadora, la ultraderecha mexicana comete dos errores imperdonables: en primer lugar, aplaude la idea de que el gobierno gringo puede resolver los problema que su homólogo mexicano es incapaz de atender; sus figuras más notables se han atrevido a clamar por la intervención armada en nuestro país y hay testigos de que millonarios representantes de la desigualdad y del acaparamiento de la riqueza social se atreven a rogar por ayuda al gobierno de Estados Unidos, que tampoco ha sido capaz de vencer a los cárteles de la droga para librar a su propio pueblo, principalmente a la juventud, de las adicciones. El segundo error consiste en apoyar la invasión militar imperialista contra países hermanos como Venezuela y naciones rebeldes e indoblegables como Irán y Palestina, que prefieren morir resistiendo que ser esclavizados por Israel y el imperio gringo.
Por fortuna, cada vez menos gente cree en esa patraña de la bondad imperialista. Muy pocos llegan a aceptar que la pobreza disminuirá, la explotación será menor y la distribución de la riqueza aumentará con la llegada del yanqui “salvador”. Los mexicanos tenemos que defendernos de la verdadera amenaza que se filtra como un veneno detrás de las invitaciones a un gobierno extranjero y de las campañas “democráticas” y “libertarias” de la ultraderecha, que se potencian con todos los medios bajo su control.
El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá es uno de los instrumentos que el imperio está empleando para impulsar algunos acuerdos contra China.
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Fue también editor especialista en la Dirección General de Publicaciones de la UNAM y es autor del célebre manual Cómo presentar originales y corregir pruebas para su edición.
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Escrito por Redacción