La República Islámica de Irán no busca la guerra ni la expansión de la inseguridad en la región; sin embargo, jamás guardará silencio ante la agresión, la matanza de civiles y la violación de su soberanía nacional.
Cargando, por favor espere...
Apenas un puñado de analistas, los más cegados por su naturaleza propagandista construida y fortalecida durante décadas, se niegan todavía a aceptarlo: Estados Unidos declina. Y cuando una potencia declina, lo hace también el aparato cultural que construyó en su espacio de influencia. El ocaso de Roma arrastró consigo a la propia lengua del imperio, el latín clásico, que se corrompió en una decena de formas vulgares hasta borrarlo como lengua viva. La destrucción de Tenochtitlan, capital del imperio mexica, por los conquistadores europeos significó también la destrucción de códigos culturales hasta entonces dominantes: religión, arquitectura, lengua, etc.
En las próximas décadas tendremos, entonces, una profunda revisión de hábitos culturales que siempre consideramos normales, naturales, dominantes: aquellos hábitos desarrollados y difundidos por Estados Unidos.
Apuntaba ya un filósofo, previniendo contra ciertas interpretaciones pseudomarxistas, que no se puede interpretar directamente un “arte decadente” de una sociedad decadente. En el caso de las manifestaciones artísticas y culturales de Estados Unidos, su complejidad y cantidad hacen imposible un análisis breve.
La inmensa mayoría de la industria del entretenimiento sufrirá casi inmediatamente una áspera revisión crítica. Es más, ya la está sufriendo. Para las nuevas generaciones resulta inaudito que en una época del Siglo XX, millones de espectadores se conmovieran con el “heroísmo” de los soldados estadounidenses asesinando campesinos en Vietnam, o que “comedias” cargadas de racismo y de discursos supremacistas fueran éxitos rotundos para el público.
Pero las aportaciones culturales estadounidenses que probablemente sobrevivirán a la caída de su hegemonía serán aquellas que menos obedecieron a la lógica triunfalista del imperio. Toda potencia produce simultáneamente propaganda y crítica interna. El mismo país que exportó durante décadas la imagen heroica del soldado, del empresario y del sueño americano produjo también expresiones artísticas profundamente incómodas para su propio relato nacional.
En el Estados Unidos de hoy, incluso sus mecanismos de producción cultural empiezan a mostrar signos evidentes de agotamiento. Durante casi un siglo, el país monopolizó no solamente la industria cinematográfica o musical, sino algo más profundo: la definición misma del prestigio cultural global. La moda, la publicidad, el lenguaje audiovisual y hasta ciertas formas elementales de comportamiento cotidiano fueron absorbidas por el molde estadounidense. El Siglo XX fue también el siglo de la americanización de una gran parte del planeta.
Por ello el declive genera tanta resistencia. Para millones de personas, especialmente en el Norte Global, cuestionar la centralidad estadounidense equivale casi a cuestionar la normalidad misma del mundo contemporáneo. El inglés globalizado, las plataformas digitales o la obsesión con la productividad individual aparecen como fenómenos naturales, cuando en realidad son construcciones históricas muy concretas.
Sucede a menudo que el verdadero legado cultural de una civilización no coincide con aquello que esa civilización quiso imponer como imagen oficial de sí misma. De igual forma, el futuro probablemente conservará de Estados Unidos, en cuanto a legado cultural, menos sus fantasías patriótico-militares y más aquellas obras que revelaron las contradicciones internas del país. En esta línea, las aportaciones de los artistas estadounidenses a la cultura humana son enormes e innegables, especialmente aquellas que nacen de su crítica violenta y descarnada, casi pueril a veces, a los cánones europeos dominantes a principios del Siglo XX. Un lugar de honor ocuparán, también, las voces disonantes de los artistas marginados, de los inadaptados, de aquellos iluminados tachados de locos en los tiempos dorados del delirio colectivo.
La República Islámica de Irán no busca la guerra ni la expansión de la inseguridad en la región; sin embargo, jamás guardará silencio ante la agresión, la matanza de civiles y la violación de su soberanía nacional.
Las imágenes de las cámaras de seguridad y el análisis de los restos del armamento usado han puesto el foco sobre misiles utilizados por las fuerzas armadas de Estados Unidos.
La derecha se ha fortalecido ante el progresivo desgaste de aquellos gobiernos que en su momento pudieron plantar cara al imperio.
El mito cuenta la historia de la victoria del gran dios Marduk sobre las fuerzas del caos y cómo éste establece el orden en la creación del mundo.
Su ideología de racismo y Apartheid le ha venido como anillo al dedo tanto en su infancia en Sudáfrica como en los tiempos actuales del imperio.
La consigna era esperanzadora: “arte para todos”.
La belleza expresiva del lamento de Gilgamesh por la muerte de su amigo ha sido comparada con los cantos elegíacos por la muerte de Patroclo, Sigfrido, Rolando y otros héroes legendarios.
El encuentro reunirá música, danza y poesía el 30 de agosto en la Plaza de la Danza; el Movimiento Antorchista anuncia que también será una jornada de protesta contra la pobreza, la desigualdad y la persecución de activistas.
El imperio planea someter a todos los pueblos de la Tierra bajo su mando, voluntariamente o por la fuerza de las armas.
El ejemplo de Fidel Castro Ruz en Cuba advierte claramente que la hora de la liberación de la humanidad está cerca.
El tsunami migratorio en Ceuta evidenció el racismo sistémico y la división de la Unión Europea, así como las maniobras de Marruecos y su cohesión con Estados Unidos e Israel.
La expoliación de la clase trabajadora, sometida de mil y una formas al dominio de las grandes corporaciones, es lo que verdaderamente representa el imperialismo.
Donald Trump quiere arrojar del territorio de EE. UU. a la parte más vulnerable de la clase obrera que ha enriquecido internamente a los poderosos capitalistas norteamericanos.
Detrás del discurso abstracto sobre los valores morales y sobre los derechos universales se esconde el deseo de dominación en provecho de los poderosos.
En este cuento filosófico del Siglo XVIII hallamos los antecedentes ideológicos directos de la barbarie a la que nos ha conducido el imperialismo dominante.
“Los matan por ser palestinos”: Albanese, denuncia genocidio en Gaza
“No Thanks”: así funciona la app para identificar y boicotear productos vinculados a Israel
UNAM, IPN y TecNM entre las instituciones con mayor presupuesto para 2027 del Ramo 11
INE tendría 42 mil 275 mdp en 2027
Incierta la recaudación proyectada en Paquete Económico 2027: México Evalúa
Escrito por Aquiles Lázaro
Licenciado en Composición Musical por la UNAM. Estudiante de la maestría en composición musical en la Universidad de Música de Viena, Australia.