Alemania y Japón reabastecen sus arsenales tras calificar como “amenaza” a Rusia y China; lo hacen a costa del bienestar de sus ciudadanos y a favor de la geopolítica estadounidense.
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Liberación constituyó un esfuerzo de varias naciones para ofrecer al mundo la versión verdadera sobre quién venció a la bestia más sanguinaria –que hasta ese momento había conocido la humanidad–, la maquinaria militar que pretendió dominar al mundo entero y que recibió –como ahora ya se sabe– el apoyo de los grandes monopolios estadounidenses. Desde los años treinta, los grandes capitalistas de Estados Unidos (EE. UU.) otorgaron apoyo financiero al gobierno del Tercer Reich y permitieron que Alemania se rearmara bajo el control de los fascistas, inclusive a pesar de que se le prohibió desarrollar nuevamente su industria militar al término de la Primera Guerra Mundial, ya que Alemania había perdido frente a Gran Bretaña, Francia y otras naciones. Sin embargo, todos los países occidentales “se hicieron de la vista gorda” y dejaron que el monstruo genocida y lleno de una descomunal hambre de revancha obtuviera su Lebensraum ( “espacio vital”). Y ya iniciada la guerra con la invasión de Polonia en 1939, luego de casi todos los países europeos, el fascismo alemán dirigió la mayor parte de sus tropas (80 por ciento) y su armamento contra la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1941.
Así, el mundo pudo contemplar atónito cómo el nazismo invadía la URSS y perpetraba el mayor genocidio que hasta la fecha conoce la humanidad. Durante la Segunda Guerra Mundial, la humanidad observó cómo los gobiernos de las potencias aliadas se confabularon la mayor parte del tiempo; pues como se ha podido demostrar, los grandes tiburones capitalistas de Occidente tenían el plan, nunca confesado, de no intervenir en el teatro de operaciones de Europa occidental para alcanzar su sueño dorado: las fuerzas del nazismo despedazarían a la URSS y acabarían con la única nación que construía el socialismo.
En Liberación –con un tono de cine documental y drama bélico– se nos presenta a Winston Churchill, primer ministro de Reino Unido, argumentando con brutal cinismo ante Stalin, cuando éste reitera la necesidad de abrir un frente común: “no podemos abrir el frente en Europa occidental porque esto provocará la muerte de muchos seres humanos”, a lo que Stalin le responde: “es que en todas las guerras hay pérdida de vidas humanas”. La URSS, bajo la mano firme del Partido Comunista y el liderazgo de José Stalin, comprendió “el doble juego” de las naciones imperialistas occidentales, que se “enfrentaban” al imperialismo alemán; pero que, en el fondo de sus mentes y corazones, ansiaban la aniquilación de la URSS, pues esta nación estaba construyendo una gran sociedad basada en la propiedad social de los medios de producción y el reparto justo de las riquezas para la clase trabajadora.
En las primeras cuatro películas que conforman esta obra cinematográfica, el realizador Yuri Ozerov utiliza planos panorámicos aéreos, lo que ofrece una idea de la magnitud de la guerra, perdiéndose invariablemente la intensidad de la misma. Sin embargo, en la última cinta, titulada El último asalto, cambió la forma de mostrar la fotografía, pues ahora no exhibe grandes planos aéreos sino la lucha en las calles, en los edificios y las casas de Berlín, cuando las tropas soviéticas están combatiendo ya en la madriguera del nazismo. Por tanto, se puede apreciar nítidamente la intensidad de la guerra, la ferocidad de los combates, la resistencia de los últimos defensores alemanes, arrollados por el Ejército Rojo, que no cede ante nada.
Desde su estreno a principios de los años 70, Liberación fue criticada en Occidente, acusándola de constituir una serie de películas “propagandísticas” que pretendían opacar las versiones cinematográficas estadounidenses y europeas sobre la Segunda Guerra Mundial. Claro que estas “críticas” eran propaganda vil, financiada y difundida por los medios de comunicación occidentales; en esos años, la Guerra Fría se desarrollaba en toda su expresión, y los cineastas occidentales, financiados por las élites oligárquicas, edificaban la falsa narrativa de que “EE. UU. fue la potencia que salvó al mundo de la barbarie nazi”.
Pero la Historia no miente, y caben las preguntas: ¿acaso no fue la URSS la que destruyó el 80 por ciento del armamento alemán y aniquiló al 80 por ciento de las tropas alemanas? ¿Acaso no fue el Ejército Rojo el que llegó primero a Berlín y dio la puntilla a las tropas nazis? Esos apologistas del imperialismo occidental jamás podrán contestar tales cuestionamientos sin contradecir la verdad histórica. Mayo es el mes de La Victoria en la Gran Guerra Patria.
Alemania y Japón reabastecen sus arsenales tras calificar como “amenaza” a Rusia y China; lo hacen a costa del bienestar de sus ciudadanos y a favor de la geopolítica estadounidense.
EE. UU. es el depositario del legado nazi, y que al igual que la de Hitler, su política es antagónica al progreso, la paz y el bienestar de los pueblos.
Liberación está dividido en cinco filmes que fueron dirigidos por el realizador soviético Yuri Ozerov.
La Ascensión nos narra cómo dos combatientes partisanos soviéticos robaron una oveja a un colaboracionista de los nazis.
En la derrota de Hitler fue realmente determinante el heroísmo consciente del pueblo soviético y de su ejército, así como la creatividad de los defensores de la patria socialista en el diseño y fabricación de armamento novedoso.
Pocas veces, una cinta como Cuando vuelven las cigüeñas (1954), del soviético Mijail Kalatazov, logra ser una obra de arte de alto contenido artístico y, sobre todo, reflejar el arte cinematográfico de forma realista y poética.
En pleno auge de la Guerra Fría, el filme soviético Aquí los crepúsculos son más apacibles (1972), del realizador Stanislav Rostotki, da un ejemplo del buen cine realizado en aquel país durante décadas.
Durante todo el Siglo XX surgió en los círculos intelectuales latinoamericanos la discusión sobre la pertinencia de integrar nuestro universo cultural al llamado mundo occidental.
La balada del soldado es una historia de gran aliento humano; narra la vida y el amor que se mueven en el ámbito de la muerte y la destrucción. La balada del soldado es una joya de la cinematografía mundial.
Las cintas que abordan historias ocurridas durante la Segunda Guerra Mundial son tal vez las más numerosas de toda la filmografía global.
Adeudos, pagos irregulares, esquemas de contratación que evitaban responsabilidades laborales y despidos son sólo algunas de las irregularidades.
La cazadora roja es un filme ruso (2015) del realizador ruso Sergey Mokritskiy, que nos relata la vida de la francotiradora soviética Ludmila Pavlichenko.
Las plataformas streaming de cine y espectáculos tienen una cantidad abrumadora de películas, series y documentales disponibles que se caracterizan por contenidos insulsos.
Este año, la cinta Hamnet (2025), de la realizadora china Chloe Zhao, ha sido nominada para recibir el Oscar en tres de las ocho categorías por el que éste se otorga: Mejor película, Mejor director y Mejor actriz.
No resulta novedoso para nadie que el cine estadounidense continúe creando películas que hacen apología del orden social actual en ese país, aunque éste se encuentre en plena descomposición.
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Escrito por Cousteau
COLUMNISTA