Esta confrontación no es contra el pueblo ucraniano, sino contra la maquinaria militar de la OTAN, que libra la guerra a través de los ucranianos.
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Liberación constituyó un esfuerzo de varias naciones para ofrecer al mundo la versión verdadera sobre quién venció a la bestia más sanguinaria –que hasta ese momento había conocido la humanidad–, la maquinaria militar que pretendió dominar al mundo entero y que recibió –como ahora ya se sabe– el apoyo de los grandes monopolios estadounidenses. Desde los años treinta, los grandes capitalistas de Estados Unidos (EE. UU.) otorgaron apoyo financiero al gobierno del Tercer Reich y permitieron que Alemania se rearmara bajo el control de los fascistas, inclusive a pesar de que se le prohibió desarrollar nuevamente su industria militar al término de la Primera Guerra Mundial, ya que Alemania había perdido frente a Gran Bretaña, Francia y otras naciones. Sin embargo, todos los países occidentales “se hicieron de la vista gorda” y dejaron que el monstruo genocida y lleno de una descomunal hambre de revancha obtuviera su Lebensraum ( “espacio vital”). Y ya iniciada la guerra con la invasión de Polonia en 1939, luego de casi todos los países europeos, el fascismo alemán dirigió la mayor parte de sus tropas (80 por ciento) y su armamento contra la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1941.
Así, el mundo pudo contemplar atónito cómo el nazismo invadía la URSS y perpetraba el mayor genocidio que hasta la fecha conoce la humanidad. Durante la Segunda Guerra Mundial, la humanidad observó cómo los gobiernos de las potencias aliadas se confabularon la mayor parte del tiempo; pues como se ha podido demostrar, los grandes tiburones capitalistas de Occidente tenían el plan, nunca confesado, de no intervenir en el teatro de operaciones de Europa occidental para alcanzar su sueño dorado: las fuerzas del nazismo despedazarían a la URSS y acabarían con la única nación que construía el socialismo.
En Liberación –con un tono de cine documental y drama bélico– se nos presenta a Winston Churchill, primer ministro de Reino Unido, argumentando con brutal cinismo ante Stalin, cuando éste reitera la necesidad de abrir un frente común: “no podemos abrir el frente en Europa occidental porque esto provocará la muerte de muchos seres humanos”, a lo que Stalin le responde: “es que en todas las guerras hay pérdida de vidas humanas”. La URSS, bajo la mano firme del Partido Comunista y el liderazgo de José Stalin, comprendió “el doble juego” de las naciones imperialistas occidentales, que se “enfrentaban” al imperialismo alemán; pero que, en el fondo de sus mentes y corazones, ansiaban la aniquilación de la URSS, pues esta nación estaba construyendo una gran sociedad basada en la propiedad social de los medios de producción y el reparto justo de las riquezas para la clase trabajadora.
En las primeras cuatro películas que conforman esta obra cinematográfica, el realizador Yuri Ozerov utiliza planos panorámicos aéreos, lo que ofrece una idea de la magnitud de la guerra, perdiéndose invariablemente la intensidad de la misma. Sin embargo, en la última cinta, titulada El último asalto, cambió la forma de mostrar la fotografía, pues ahora no exhibe grandes planos aéreos sino la lucha en las calles, en los edificios y las casas de Berlín, cuando las tropas soviéticas están combatiendo ya en la madriguera del nazismo. Por tanto, se puede apreciar nítidamente la intensidad de la guerra, la ferocidad de los combates, la resistencia de los últimos defensores alemanes, arrollados por el Ejército Rojo, que no cede ante nada.
Desde su estreno a principios de los años 70, Liberación fue criticada en Occidente, acusándola de constituir una serie de películas “propagandísticas” que pretendían opacar las versiones cinematográficas estadounidenses y europeas sobre la Segunda Guerra Mundial. Claro que estas “críticas” eran propaganda vil, financiada y difundida por los medios de comunicación occidentales; en esos años, la Guerra Fría se desarrollaba en toda su expresión, y los cineastas occidentales, financiados por las élites oligárquicas, edificaban la falsa narrativa de que “EE. UU. fue la potencia que salvó al mundo de la barbarie nazi”.
Pero la Historia no miente, y caben las preguntas: ¿acaso no fue la URSS la que destruyó el 80 por ciento del armamento alemán y aniquiló al 80 por ciento de las tropas alemanas? ¿Acaso no fue el Ejército Rojo el que llegó primero a Berlín y dio la puntilla a las tropas nazis? Esos apologistas del imperialismo occidental jamás podrán contestar tales cuestionamientos sin contradecir la verdad histórica. Mayo es el mes de La Victoria en la Gran Guerra Patria.
Esta confrontación no es contra el pueblo ucraniano, sino contra la maquinaria militar de la OTAN, que libra la guerra a través de los ucranianos.
Con El Acorazado Potemkin también se sentaron las bases del realismo que inspiraría a otras corrientes del cine como el Neorrealismo italiano, el cinema novo brasileño, la Nueva ola francesa, etc.
"Moscú responderá con mayor intensidad sin importar el punto desde que se lleven a cabo las agresiones contra su territorio": Vladímir Putin.
Antes de dedicarse al séptimo arte, Eisenstein había estudiado arquitectura e ingeniería, y en 1918 se unió al Ejército Rojo.
Más de 11 mil grabaciones se realizaron en 574 colonias de la capital; Roma Norte, Juárez y Ciudad Jardín fueron las locaciones más utilizadas.
Parenti llega a la conclusión de que el fascismo es exactamente lo contrario al socialismo porque responden a intereses completamente distintos.
El Expresionismo mostraba algo más complejo y de calado más interno: la angustia social, el sobrecogimiento moral y anímico de una sociedad en crisis.
El cine silente podría parecer algo arcaico para los espectadores del mundo actual.
Estas primeras producciones –casi todas de corta duración– eran cine documentalista que llamaba la atención de un público creciente.
La incertidumbre sobre el respaldo de Estados Unidos, el avance militar de China y la guerra entre Rusia y Ucrania han impulsado el rearme de Berlín y Tokio, que han fortalecido sus capacidades de defensa y avanzan hacia una cooperación estratégica.
Ven y mira es una narración fílmica que logra captar con profunda nitidez y elocuencia lo que sufrió el pueblo soviético durante La Segunda Guerra Mundial.
Cada 12 de junio, Rusia celebra su Día Nacional, una fecha que conmemora la declaración de soberanía de 1990 y recorre más de mil años de historia, desde los antiguos principados hasta la Rusia contemporánea.
Alemania y Japón reabastecen sus arsenales tras calificar como “amenaza” a Rusia y China; lo hacen a costa del bienestar de sus ciudadanos y a favor de la geopolítica estadounidense.
EE. UU. es el depositario del legado nazi, y que al igual que la de Hitler, su política es antagónica al progreso, la paz y el bienestar de los pueblos.
Liberación está dividido en cinco filmes que fueron dirigidos por el realizador soviético Yuri Ozerov.
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Escrito por Cousteau
COLUMNISTA