Hoy, después de más de 66 años del triunfo de la Revolución, Cuba resiste firme los embates imperiales y sigue siendo ejemplo para los pueblos oprimidos.
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La obra, pensamiento y acción de Fidel Castro Ruz llega a su primer siglo. Transitar por esa vida significa ver al niño de Birán y al joven que quería ser matemático; que, siendo abogado, defendió en Tejadillo a los desposeídos. El estadista que puso a Cuba en el mapa por enfrentar al imperio, tejió una red global de políticos, científicos, intelectuales y combatientes.
Nadie en el mundo fue, y es, indiferente al nombre de Fidel. Invocarlo produce admiración por su arrojo al solidarizarse con las causas más justas y, desde luego, porque desafió, en sus narices, a la agresora potencia bélica global y salió indemne.
A lo largo de sus casi 50 años al frente de la política cubana, el entrañable personaje vivió sucesos mundiales cuyo impacto aún se siente. En ese periodo, él no cejó en denunciar la violenta estrategia desplegada contra Cuba por 11 presidentes de Estados Unidos (EE. UU.) desde Eisenhower hasta Donald Trump.
De Birán a ser el más feliz
Repasar su vida significa un paseo por las más grandes lecciones de ética y congruencia de un político que transitó entre formidables vicisitudes y salió avante, por su congruencia y espíritu ético.
El viaje puede iniciar en los cedros de la casa familiar que lo arroparon en Birán, Santiago de Cuba, desde 1926 hasta su paso por el Colegio de Belén, donde concluyó la educación básica. Ahí es imperdible el diagnóstico de los jesuitas sobre él: “Se distinguió en todas las asignaturas relacionadas con las letras, fue un gran atleta y se ganó el cariño de todos. Fidel tiene madera”.
Su vida dio un vuelco al ingresar en la Universidad. Fidel confesó que habría querido ser matemático, aunque eligió el Derecho porque podía debatir y ahí afinó esa aguda oratoria que, más tarde, admiraron millones y caló profundo en el adversario.
Muy joven, Fidel puso en práctica la teoría: en el verano de 1947 se enroló en una expedición para derrocar al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo. La aventura fracasó cuando la nave fue interceptada por la Marina y logró evadir la captura.
Con la frescura de sus 21 años y ya dirigente estudiantil, Fidel viajó a Panamá, Venezuela y Colombia, donde organizó un Congreso Latinoamericano. Esperaba reunirse en Bogotá con el líder Jorge Eliécer Gaitán la tarde en que éste fue asesinado; Fidel, se une al pueblo.
En 1949 protestó ante la embajada de EE. UU. en La Habana, contra la ofensa de los marines ante el monumento del héroe José Martí. Y un año después obtuvo el grado “sobresaliente” al graduarse como Doctor en Derecho Civil y Licenciado en Derecho Diplomático.
Emprendió un ciclo vertiginoso donde se fraguó su madurez político-social. Abrió el bufete jurídico Azpiazo-Castro-Resende, con sus colegas Jorge Azpiazo Villavicencio y Rafael Resende Vigoa, en el departamento 204 de Tejadillo 57, en La Habana Vieja.
Por tres años, el abogado Fidel atendió casos de desahucios, litigios por tierras y causas comunitarias de gente abusada por oligarcas y monopolios; defendió a vecinos de los barrios La Timba, la Corea y La Pelusa contra el desalojo.
Con arrojo demandó a la Cuban Telephone Company, así como al presidente Carlos Prío Socarrás. Y tras el golpe de Estado de Batista, en marzo de 1952, también lo demandó en el Tribunal de Urgencia.
Años después recordó: “Yo los representaba, hablaba con ellos, organizaba la agitación política y a un plano público”. Por ello estuvo tras la creación de Tribunales Populares, Bufetes Colectivos en 1959 y el reclamo del Estado contra la ilegal base naval de Guantánamo.
Esa intensa actividad no le bastó. Fidel vislumbraba un horizonte más amplio para la Cuba tomada por el dictador Fulgencio Batista, y planeaba el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. El 26 de julio, a los 23 años, emprendió el plan con perfecta ejecución, aunque la inexperiencia superó la expectativa y los combatientes fueron detenidos e incomunicados por 76 días.
Así pudo preparar su autodefensa, pues enfrentaba 15 años de prisión; entonces realizó su célebre alegato La historia me absolverá ante el tribunal. Fue indultado por la presión popular con la perspectiva de expulsar a Batista y funda el Movimiento 26 de Julio.
Entender a Fidel Castro Ruz entonces y después, radica en lo que décadas después afirmó a Katiushka Blanco: “Fueron los momentos más emocionantes y más felices de mi vida. Y sabía del riesgo, pero al lado de lo que significaba la realización, la culminación de un esfuerzo como aquel, tan laborioso, durante tanto tiempo, tan motivado por la lucha, por los objetivos que perseguíamos, y el espíritu de todos los civiles que se lanzaban a asaltar la fortaleza sin ser militares, al lado de aquello, el riesgo resultaba despreciable”.
Libres o mártires
Así llegó a México el joven Fidel de 29 años; se alojó en varias casas, la más célebre en José de Amparán 49, en la Tabacalera, frente al parque donde décadas después se colocó la escultura que evocaba su encuentro con El Ché, y que la mezquina derecha robó para convertirla en alcantarillas.
El cubano buscó apoyo, recursos y viajó a EE. UU. Creó los “Clubes Patrióticos” en Florida, Nueva York, Miami, Tampa, Filadelfia y Bridgeport con simpatizantes, donde informó de su lucha. De vuelta a México, progresó su plan de liberar a La Isla con el lema “Seremos libres o seremos mártires”.
El pequeño grupo formado por Raúl, Juan Manuel Márquez, Juan Almeida, Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos, se entrenó en táctica guerrillera y armas provistas por el entrañable Antonio del Conde, El Cuate.
Pero fueron sorprendidos, arrestados y torturados por la tenebrosa Dirección Federal de Seguridad; Fidel escribió a personajes como Lázaro Cárdenas, quien presionó hasta que fueron liberados. Él y Ernesto Guevara fueron los últimos en salir del 136 de la calle Miguel Schulz.
Y volvió al plan. A través de El Cuate compró el yate Granma y, en 1956, partió hacia Cuba con 82 combatientes. Antes de zarpar exclamó, convencido del éxito: “Si salgo, llego; si llego, entro; si entro, triunfo”. Al desembarcar, los atacó la aviación de Batista y algunos cayeron, cuando se reunieron, Fidel exclamó: “¡Ya ganamos!”.
Esos años en la Sierra Maestra convirtieron a Fidel en el líder político y estratega del futuro. En febrero de 1958, respondió a Herbert Matthews, de The New York Times: “Puedo asegurar que no tenemos animosidad contra EE. UU. y el pueblo norteamericano”, Washington no confió en él.
Gobierno y Revolución
En enero de 1959, al frente de la Columna Uno José Martí, entraba victorioso a La Habana. A sus escasos 33 años, es el hombre que construye la Revolución nacionalista en el lugar más improbable del mapa, a sólo 150 kilómetros del país emblemático del boyante capitalismo del Siglo XX. Ese día advirtió ante los cubanos:
“Creo que es éste un momento decisivo de nuestra historia: la tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que, en adelante, todo será fácil; quizás, en adelante, todo sea más difícil. Decir la verdad es el deber de todo revolucionario. Engañar al pueblo, despertarle engañosas ilusiones, siempre traería las peores consecuencias, y estimo que al pueblo hay que alertarlo contra el exceso de optimismo”.
Esa tarde-noche tuvo otro momento culminante cuando tres palomas se posaron en la barda de la tribuna donde él hablaba; una se le acercó, se posó en su hombro izquierdo como observándolo y la multitud aplaudió, voceando “¡Fidel! ¡Fidel!” y él continuó con su discurso. Luego comentaría que fue “una casualidad maravillosa”.
Como primer ministro del Gobierno Revolucionario, impulsó, con “los barbudos”, la reforma agraria, nacionalizó empresas extranjeras, expropió latifundios, subió salarios a mineros e inició la más eficaz campaña de alfabetización conocida por nuestro continente. Entonces llegó el zarpazo terrorista:
En marzo de 1960, sicarios explotaron el vapor La Coubre con municiones y armas de Bélgica, provocando 100 muertes. Ante los féretros de las víctimas, en la tribuna, los mandos revolucionarios sabían quién ordenó el sabotaje; con mirada que anunciaba la represalia, El Ché se convirtió en la imagen que Alberto Korda captó y que es la más reproducida en la historia de la fotografía.
Era el siete de marzo; y ahí Fidel profirió la consigna “¡Patria o Muerte!”, a la que tres meses después agregó el “¡Venceremos!” en el teatro de la Central de Trabajadores de Cuba que, hace más de 66 años, se proclama con espíritu antiimperialista en todo el mundo.
Hubo más acometidas desde el largo brazo neocolonial estadounidense contra Cuba. Un año después se formó la Brigada 250, con mil 500 exiliados para invadirla desde Playa Girón. Fidel organizó la defensa y sus fuerzas ganaron en solamente 72 horas. Convencido de ello, el 16 de abril, Fidel anunció que se había marcado el destino de la relación con EE. UU.
Durante el duelo por los caídos en Girón, en la esquina de las calles 23 y 12 próxima al Cementerio Colón, él sentenció: “Ésta es la revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes”. Seis meses después, Washington cortó relaciones, endureció el bloqueo e incrementó su presión a la Organización de Estados Americanos (OEA) para expulsar a Cuba.
Pese a interpretaciones, Fidel no era hostil a EE. UU. ni buscó la ruptura. Dedicó gran parte de su vida a conocer las estructuras de poder, de los grupos de interés y de la sociedad de ese país. “Esto le ha ayudado a sortear la tormenta incesante del bloqueo”, consignó Gabriel García Márquez.
Desde entonces, Fidel enfrentó el multidimensional poder imperial, encarnado en la ambición capitalista de republicanos y demócratas provistos con recursos humanos, militares y un objetivo: sacarlo de la dirigencia política –incluso asesinándolo– y cambiar el régimen de Cuba.
Al mundo con Cuba
A sus 34 años, Fidel sabía que esa tensión geopolítica escalaría y que la dependencia económica de La Isla era enorme… necesitaba ayuda. Una vez más, la encuentra al otro lado del mundo, en la floreciente Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
Así que, tras la alianza Moscú-La Habana estuvo la miopía de Washington, que en 1962 “se sorprendió” con la instalación de los cohetes en Cuba y llevó a Kennedy al paroxismo. Hábil diplomático, Fidel transformó su enfado por quedar fuera del acuerdo Krushov- Kennedy, en un extenso viaje a la URSS para estrechar la cooperación ideológica, económica –fundamentalmente energética–, técnica y cultural.
Ello le abrió las puertas al bloque socialista y al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME). Por décadas, los cubanos disfrutaron de vasta y variada oferta de bienes llegados de Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Rumania, Bulgaria, repúblicas bálticas, incluso de países socialistas asiáticos como Vietnam, Bangladesh o Nepal.
La Habana, Santiago, Cienfuegos y otras ciudades se abastecían de equipos médicos, aire acondicionado, tractores y autobuses de ultramar. Miles bautizaban a sus hijos con el nombre de Fidel, mientras él llevaba la lucha por la soberanía de Cuba a las más de 50 misiones internacionales realizadas durante su gobierno.
Su internacionalismo pasó del discurso a la praxis. Ayudó a combatientes de naciones como Siria, Irak y de África en su lucha contra el neocolonialismo. Todos se inspiraron en el mítico triunfo de “los barbudos” contra la dictadura. La Operación Carlota, en Angola fue la mayor operación del líder cubano contra el Apartheid de Sudáfrica.
Fidel usó magistralmente su voz y su imagen a favor de los derechos de los pueblos; eso hizo en su discurso de cuatro horas y media ante la Asamblea General de la ONU, en septiembre de 1960. En suelo estadounidense, condenó la explotación de monopolios, la ofensiva neocolonial de EE. UU. en África, América Latina y Asia.
Tras exigir un escaño para China en la ONU, cerró su vasto discurso con la frase: “¡Desaparezca la filosofía del despojo y habrá desaparecido la filosofía de la guerra!”. Y bajó de la tribuna con el eco de aplausos y aclamaciones de delegados internacionales hasta que él y su delegación fueron conducidos al populoso Harlem.
Ahí se alojaron en el hotel Theresa. La presencia de Fidel y sus delegados fue celebrada por vecinos y simpatizantes que cerraron los accesos de la calle y festejaron toda la noche.
Fidel regresó a la ONU en 1979 como dirigente del Movimiento de Países No Alineados; en sólo cinco minutos denunció el endeudamiento del Tercer Mundo y ahí fue pionero en exigir Justicia Financiera y recursos para el desarrollo. Volvió en 1995 a la Cumbre del Milenio y describió la saña de EE. UU. contra Cuba, defendiendo el modelo socialista de La Isla castigada por el implacable bloqueo.
Fue tal su capacidad para encontrar la esencia de los hechos y su claridad para describirlos o denunciarlos, que siempre generó gran expectación la presencia del carismático personaje.
Así se difundió su impacto en la primera Cumbre Iberoamericana, en Guadalajara. Él inició con esta frase: “Pudimos serlo todo y no somos nada. Siempre hay un canto nuevo de sirenas para los eternos navegantes en que nos hemos convertido”. Fidel se refería al mito del “fin de la historia” fraguado por el imperialismo para disolver a la URSS.
En todas las ediciones de esta cumbre deploró la división latinoamericana, el saqueo neocolonial y denunció la deuda histórica imperialista. Por ello, siempre defendió la integración hasta en la última Cumbre a que asistió en Panamá, en el año 2000. De todos los continentes, Fidel recibió condecoraciones, distinciones académicas y sincero reconocimiento.
Irreductible ante lo difícil
Al frente del Gobierno revolucionario, Fidel debió tomar decisiones vitales en momentos complicados, la mayoría difíciles por venir del imperialismo y que, con enorme habilidad, logró sortear.
Causa 1/89. Quizá la más contundente muestra de la proverbial visión ética y habilidad política de Fidel para evitar que prosperara la trampa imperialista para acusar al gobierno revolucionario de nexos con el narcotráfico. Fidel y Raúl enfrentan con decisión este problema.
El 14 de junio de 1989, diario Granma informa del arresto del general de división Arnaldo Ochoa Sánchez. Se le acusa de alta traición a la patria, corrupción y vínculos con operaciones para pasar drogas de Colombia por el espacio aéreo cubano.
El juicio sumarísimo incluye a los oficiales Antonio de la Guardia, Amado Patrón y Jorge Martínez, que admiten su culpabilidad. Tras ser degradados, se los condenó a muerte.
Caída del bloque socialista. Fidel, conocedor profundo de la esencia imperialista, previó que, tras la caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS, ese tsunami arrasaría con el bloque socialista en perjuicio de Cuba.
Así fue. La Isla vivió los momentos más complejos cuando el bloqueo se agudizó y el comercio exterior cayó 80 por ciento; y en 1993, Fidel anunció el Periodo Especial por falta de combustible y escasez de alimentos, como fase de sobrevivencia.
En agosto de 1994, desde el exterior, se orquestaron manifestaciones contra el gobierno. Hábil, Fidel abrió el puerto del Mariel a los disidentes de una ola masiva hacia EE. UU. Con visionaria mentalidad, Fidel usó este punto de inflexión para acelerar reformas: restablece mercados libres con productos de agricultores que fijan precios según la oferta y la demanda.
Caso Elián. Fue un hito judicial donde Fidel se midió con EE. UU. y salió victorioso. Desde 1999 se dirimió la custodia del menor cubano Elián González, cuya madre murió tras naufragar su barcaza. Las autoridades lo entregaron a la familia materna, residente en La Florida, el padre reclamó su tutela y, tras meses de litigio, donde La Habana desplegó su habilidad judicial, fue devuelto a la patria.
Este repaso apenas roza la intensa y aleccionadora vida de Fidel Castro, el líder contra quien fracasaron 638 planes para asesinarlo y cuyas Reflexiones enriquecieron a los lectores del mundo tras retirarse de la política en julio de 2006.
Ése es el gigante Fidel, el combatiente irreductible de siempre, cuya imagen con uniforme y mochila al hombro capturó Korda en 1961 y a quien recordamos en su centenario.
Fidel ante el 11-S
A dos horas de conocer los ataques terroristas sobre EE. UU., Fidel explicó su sentir ante los cubanos; les informó que envió a EE. UU. un comunicado de condolencias. La grandeza del estratega se ilustra en esta síntesis del documento:
“El Gobierno de la República de Cuba ha recibido con dolor y tristeza las noticias sobre los ataques violentos y sorpresivos realizados la mañana de hoy contra instalaciones civiles y oficiales en las ciudades de New York y Washington, que han provocado numerosas víctimas.
“Es conocida la posición de Cuba sobre todo acto terrorista y nuestra historia lo demuestra… No es posible olvidar que nuestro pueblo ha sido víctima por más de 40 años de tales acciones promovidas desde territorio estadounidense. Tanto por razones históricas como por principios éticos, el Gobierno de nuestro país rechaza y condena con toda energía los ataques cometidos contra las mencionadas instalaciones y expresa sus más sinceras condolencias al pueblo norteamericano por las dolosas e injustificadas pérdidas de vidas humanas.
“En esta hora amarga para el pueblo norteamericano, nuestro pueblo se solidariza con el pueblo de EE. UU. y expresa su total disposición a cooperar, en la medida de sus modestas posibilidades, con las instituciones sanitarias y cualquier otra institución de carácter médico y humanitario de ese país, en la atención cuidado y rehabilitación de las víctimas”.
Fidel, conocedor del adversario, alertó a su pueblo: “Es importante saber cuál será la reacción del gobierno de EE. UU., posiblemente vengan días peligrosos para el mundo, no hablo de Cuba, que es el país más tranquilo del mundo. Nada nos inquieta, nada nos intimida. Sería difícil fabricar una calumnia”.
Ciencia y medios libertarios
El progreso científico cubano debe todo a Fidel, quien llevó a su pueblo máquinas de escribir del bloque socialista y propuso que los avances de la ciencia y la tecnología sirvieran a la soberanía. De ahí su idea de que Cuba fuera “Necesariamente un futuro de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento”.
Entre otros alientos a la ciencia, propició la creación del Centro Nacional de Investigación, el complejo Polo Científico del Oeste que lideró la producción de vacunas; el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, así como el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.
A la par, el visionario Fidel entendió que la información y la manipulación tenían un sentido político e impulsó la fundación de una red de medios estatales como el diario Granma, la emisora Radio Rebelde y la imprescindible agencia Prensa Latina, como voz insobornable de la verdad cubana y el sur global.
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Escrito por Nydia Egremy
Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.