Por todos los muchachos afectados y por sus padres, hago votos porque el asunto se resuelva pronto y con justicia.
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La pobreza trae consigo muchos males físicos y emocionales. Por eso, en general, no se desea ser pobre ni aparentar serlo. Como no es posible modificar la estructura económica de un día para otro, para así, de manera efectiva erradicar la pobreza y transformar materialmente las condiciones de vida, muchas veces se construyen paliativos que de alguna manera permiten visualizarnos como pertenecientes a otro estatus económico.
Hay un concepto filosófico que ayuda a comprender este fenómeno: la falsa conciencia. El filósofo checo Karel Kosík lo desarrolla en su obra Dialéctica de lo concreto (1963). La falsa conciencia consiste en confundir el fenómeno (lo que aparece, lo que parece, lo que se nos muestra de inmediato) con la esencia de la realidad. Quien vive en apariencias cree que el mundo es exactamente como se muestra aparentemente, sin indagar las contradicciones ni las estructuras profundas que lo sostienen. Por su parte, Walter Benjamin (en su texto La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica), analizó cómo las imágenes pueden adormecer la mirada crítica: señaló cómo la reproducción técnica de las imágenes puede ser utilizada para manipular la percepción y paralizar la reflexión. Ambos filósofos coinciden en que la forma dominante de ver el mundo es construida, y bajo esa construcción se oculta la explotación y el conflicto de clases sociales opuestas: la clase adinerada y la clase de bajos recursos económicos.
La falsa conciencia adquiere rostro concretamente de distintas maneras, una de ellas es la aspiración masiva de pertenecer a la clase alta. ¿Cómo es una vida exitosa y feliz, según lo que se observa en los medios de difusión dominantes? Viajes, ropa y accesorios de marca, cenas en restaurantes con luz tenue, café de Starbucks y platos perfectamente dispuestos. Esas imágenes son productos aspiracionales, parte de la falsa conciencia y del adormecimiento de la mirada crítica.
Lo negativo de la falsa conciencia no es un asunto moral, es decir, no se trata de un pecado o error individual, sino de un asunto epistemológico y político. Es decir, la falsa conciencia impide transformar el mundo a mejor porque nos hace creer que lo que vemos es lo único posible: se aspira a ascender económicamente en términos individuales sin considerar cuál es la estructura económica y social profunda que sostiene las clases sociales. Así, esta aspiración engañosa nos vuelve espectadores de la realidad: nos ocupamos de aparentar lo que el estatus aspirado indica en lugar de transformar y comprender el mundo de forma más profunda.
Por otro lado, la falsa conciencia es una ilusión funcional para el sistema capitalista. Si creemos que el cambio radical de la pobreza está en el postureo de comprar en un centro comercial, dejamos de luchar radicalmente y de formarnos políticamente, es decir, de comprender y transformar la realidad.
No obstante, la sociedad en general vive bajo una falsa conciencia, ya sea en mayor o menor medida, no es un error personal que ha de erradicarse con un sermón moralista. Se trata de una condición estructural que se reproduce sistemáticamente. No se trata, pues, de intentar ser puros, anticapitalistas ajenos al sistema, eso sería imposible porque estamos condicionados por el mismo. Participamos de la falsa conciencia necesariamente: está en las películas, en la publicidad, en las redes sociales, en la vida cotidiana en general. Hay industrias enteras diseñadas para generar insatisfacción y vender soluciones simbólicas.
Las soluciones simbólicas, ligadas a la falsa conciencia (por ejemplo, las pretensiones de ser de clase alta en Instagram), podrían asumirse como un alivio rápido. El problema consiste en que la falsa conciencia puede profundizarse hasta el grado de paralizar la acción política. Eso impide actuar radicalmente en contra de la pobreza, la precariedad, el trabajo mal pagado y la falta de tiempo para vivir dignamente.
Podemos racionalizar o reflexionar nuestras acciones para no convertirnos en cómplices de la opresión que sufrimos. Una tarea importante es, entonces, profundizar más allá de lo aparente, librarnos de la falsa conciencia en la medida de lo posible. No basta, sin embargo, con detectar que existe, debemos comprender a fondo cómo se produce. Tampoco basta comprenderla teóricamente, sino actuar contra el sistema que la perpetúa.
Por todos los muchachos afectados y por sus padres, hago votos porque el asunto se resuelva pronto y con justicia.
Todo indica que intereses políticos y de grupos de poder están detrás de todo esto para desprestigiarla, para introducirse en la institución y menguar su autonomía.
El 48% de los encuestados consideró que la situación actual del país es mala y el 47% que el próximo año estará peor.
El presidente electo de Colombia emprenderá una reestructuración diplomática que incluye cierres de embajadas, consulados y misiones diplomáticas.
Grupos de derecha y gente adinerada claman en México por la intervención yanqui; son partidos y actores políticos que ya estuvieron en el poder.
Los mexiquenses de más bajos recursos, habitantes de comunidades campesinas y colonias populares, sufren severas carencias en servicios que el gobierno debiera proveer, pero que se niega a hacerlo.
El desarrollo del modo de producción capitalista, gran devorador de fuerza de trabajo, ha sido la causa principal del desplazamiento de multitudes que de diferentes países emigraron a EE. UU.
Ésta es la realidad de los “Pueblos Mágicos”, a pesar de la abundante publicidad que se difunde para atraer el turismo, los beneficios no llegan a las comunidades ni sus habitantes.
La primera edición de Chesil Beach apareció en 2007.
Aunque 701 mil personas salieron de la pobreza entre 2022 y 2024, 54.7% de la población de la CDMX aún enfrenta carencias en ingresos, salud, educación, alimentación, servicios básicos o seguridad social.
Detrás de esa próspera imagen existe otra realidad: la de miles de comunidades rurales que sobreviven alejadas de los centros urbanos.
En el horizonte del país excepcional –y no muy lejos– se vislumbra más pobreza. Eso, sin tomar en cuenta el crecimiento de los peligrosos motines juveniles.
Ojalá los políticos que tanto pregonan que estamos pasando por una verdadera transformación en el sistema de salud se atendieran ellos o sus familiares en un hospital público.
La revolución que reclama México “debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido.
Doce firmas retienen líquidos para 1.6 millones de personas y marginan a 600 vecindarios
Escrito por Betzy Bravo García
Investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales. Ganadora del Segundo Certamen Internacional de Ensayo Filosófico. Investiga la ontología marxista, la política educativa actual y el marxismo en el México contemporáneo.