Su enérgica poesía combativa está llena de simbolismos y será preciso tratarla aparte.
Cargando, por favor espere...
Innana/Isthar, marcial y voluptuosa, es el capítulo dedicado a esta deidad sumeria/acadia en la obra de Jean Bottéro y Samuel Noah Kramer titulada Cuando los dioses hacían de hombres. Innana es la diosa del amor carnal y también de la violencia bélica. Aunque las versiones en cuneiforme del descenso de la diosa “al país sin retorno”, es decir, al “inframundo” que han llegado hasta nuestros días reportan numerosas variantes, el mito del viaje al reino de la muerte (común a todos los pueblos antiguos) aquí “se manifiesta como una de las fuentes más densas y ejemplares para el estudio de la mitología en la antigua Mesopotamia: a través de él se aprecia el modo en que el mito pudo haber nacido, coincidir con todos los parámetros de la vida individual y social, desarrollarse en diferentes tradiciones folklóricas e incluso, con el paso del tiempo, modificarse, adoptando una visión mucho más “devota” y respetuosa, conforme a una imagen humanizada de los dioses y con un tipo de “teología” en pleno desarrollo”.
Decidida a descender a los infiernos para expandir su poder, Inanna se dispone al viaje ataviándose con los atributos de su divinidad.
¡Al país sin retorno, al dominio de Éreškigal,
la hija de Sîn, decide ir!
Ella, la hija de Sîn, decide ir
a la oscura morada, a la residencia de Irkalla,
a la morada de la que no salen jamás
los que en ella han entrado,
por el camino de ida sin retorno,
a la morada en la que quienes llegan a ella
son privados de luz,
no subsistiendo más que de humus,
alimentados de tierra, envueltos en las tinieblas,
sin ver nunca el día,
revestidos, como los pájaros,
de una vestimenta de plumas,
mientras el polvo se amontona
sobre cerrojos y batientes.
A la morada de Éreškigal,
soberana de la “Tierra inmensa”,
la diosa que reside en el Irkalla,
de donde no regresan quienes van a ella,
a ese lugar en que no hay luz para nadie,
a ese lugar en que los muertos están cubiertos de polvo,
a esa morada tenebrosa
donde nunca salen los astros,
decide ir la hija de Sîn.
Habiendo llegado a las puertas del infierno, donde reina la diosa Éreškigal, se anuncia y espera respuesta; su atrevimiento despierta la ira de la diosa de los infiernos, que ordena abrirle, una a una, las puertas de su reino, obligándola a despojarse de sus atributos divinos a través de siete puertas, hasta llegar desnuda a su presencia; a cada protesta, el guardián se limita a contestar:
¡Entrad, Señora!
¡Ésta es la norma dispuesta por la soberana del Infierno!
Una vez en presencia de Éreškigal, Innana se lanza sobre ella, pero ésta la maldice con todas las enfermedades del cuerpo, luego le quita la vida y ordena colgar su cadáver de un clavo.
Éreškigal abre la boca, toma la palabra
Y se dirige a Namtar, su lugarteniente:
¡Ve, Namtar!
¡Lanza sobre ella las sesenta enfermedades!:
¡Las enfermedades oculares sobre sus ojos!
¡Las enfermedades de los brazos sobre sus brazos!
¡Las enfermedades de los pies sobre sus pies!
¡Las enfermedades de las entrañas sobre sus entrañas!
¡Las enfermedades de la cabeza sobre su cabeza!
La ausencia de Innana en la Tierra causa un desorden cósmico que los estudiosos han considerado el antecedente del mito griego de Orfeo y Eurídice.
Ningún toro volvió a cubrir a ninguna otra vaca,
Ni ningún asno fecundó a ninguna otra burra,
Ni ningún hombre preñó de buen grado a ninguna otra mujer:
Cada uno dormía solo en su habitación
Y cada una se acostaba aparte.
Ninšubur, asistente de Innana, sigue las instrucciones previamente recibidas y acude ante Los Siete Sabios, es decir, ante el resto de los dioses del panteón sumerio para suplicar la salvación de Innana, pero todos se niegan a intervenir argumentando que ella se lo ha buscado, que “tras haber querido el cielo, deseó el infierno”, le responden; sólo Enki, el Muy Sabio, decide salvarla, moldea la tierra de una de sus uñas para crear un kurgara (hombre travestido) y un kalatur (cantante joven y afeminado), es decir, dos homosexuales que, al no considerárseles hombres ni mujeres, podrían entrar a la cámara de Éreškigal mientras estaba en labor de parto para engañarla y salvar a Innana; a ellos entrega el agua y el alimento de la vida. Las versiones sumeria y acadia difieren en el método y aún en las consecuencias del regreso de la diosa, cuya resurrección representa otro cataclismo, porque los Annunna insisten en que “nadie regresa de la muerte”. A pesar de su cólera, Éreškigal acepta devolverla al mundo con la condición de que mande a un sustituto.
¡Si ella no te entrega un sustituto, tráemela!
Innana atraviesa de regreso las siete puertas mientras le van devolviendo sus pertenencias.
Una vez que aquél le hizo cruzar la primera puerta,
le devolvió el manto ceremonial que le cubría el cuerpo.
Una vez que aquél le hizo cruzar la segunda puerta,
le devolvió los anillos de sus manos y de sus pies.
Una vez que aquél le hizo cruzar la tercera puerta,
le devolvió el cinturón de piedras preciosas.
Una vez que aquél le hizo cruzar la cuarta puerta,
le devolvió el sostén de su pecho.
Una vez que aquél le hizo cruzar la quinta puerta,
le devolvió su collar de perlas.
Una vez que aquél le hizo cruzar la sexta puerta, le
Devolvió los aros de sus orejas.
Una vez que aquél le hizo cruzar la séptima puerta,
le devolvió la gran corona de su cabeza.
En el camino de regreso, la comitiva de Innana deberá renunciar a la comida, al sexo y a cualquier placer. Por el camino la reciben Ninšubur (su asistente), Šara (su trovadora, manicurista y peluquera) y Lulal (su capitán), pero Innana se niega a entregarlos como sustitutos. Al llegar al Gran Manzano de la llanura de Kul`aba, encuentran al pastor Dumuzi, su amante, su primer amor, quien despreocupado toca la flauta y el caramillo en al parecer indiferente a su ausencia. Furiosa, lo entrega como reemplazo en los infiernos.
Dumuzi suplica la protección de Utu, el Sol y consigue que éste lo convierta en serpiente
Ésta era la plegaria que él dirigía
a Utu, su protector:
transforma mis manos en «manos de gacela»,
transforma mis pies en «pies de gacela»,
para que pueda escapar de los demonios
y ellos no me retengan.
Utu acepta sus lágrimas
Y lo convierte en Segbar *.
Bajo esta forma consigue huir al territorio de su hermana Geštinanna, quien decide esconderlo y no lo delata a pesar de la tortura a que la someten los demonios enviados por Éreškigal, quienes finalmente lo encuentran cuidando su propio rebaño y, tras infligirle un gran sufrimiento físico, deciden llevarlo; entonces Geštinanna se ofrece para reemplazarlo, prometiendo permanecer seis meses cada año en el inframundo, dando pie a otro mito relacionado con los ciclos estacionales y agrícolas. En otras versiones, Innana llora la muerte de su amante, víctima de una artimaña de Éreškigal, quien lo mantuvo ignorante del conflicto y lo hizo parecer despreocupado para vengarse del agravio de haber tenido que dejar libre a Innana.
¡Elevaré, en el desierto, Dumuzi mío, mi lamento:
¡Mi lamento por ti! ¡Mi lamento por ti!
¡Haré que se oiga en el infernal Arali;
haré que se oiga en Badtibira;
haré que se oiga en Dušuba;
haré que se oiga en las dehesas:
en el redil de Dumuzi!
Su enérgica poesía combativa está llena de simbolismos y será preciso tratarla aparte.
Para llegar a Tapijulapa hay que viajar alrededor de hora y media rumbo a Tacotalpa, municipio colindante con el estado de Chiapas.
Ambas ceremonias se realizaron en el majestuoso Teatro “Aquiles Córdova Morán” y fueron una muestra de trabajo, disciplina, entrega, cultura y fortalecimiento de la conciencia social.
Realizó su amplia labor en la prensa anarquista latinoamericana de principios del Siglo XX.
Poema de Atrahasis o del “muy sabio”
El IX Festival de Teatro "Víctor Puebla" reunió cuatro puestas en escena en el Teatro de la Ciudad para reconocer el legado del actor y dramaturgo poblano a 19 años de su fallecimiento.
Hoy viene a la Tribuna este poeta casi olvidado.
Convocamos ahora a otro poeta anónimo de la antigüedad, al autor del poema Ludlul Bel nemequi (Quiero alabar al Señor de la sabiduría) considerado el poema de carácter sapiencial más extenso en lengua babilónica.
La gramática también castiga; o de cómo la falta de verbos cambió la nacionalidad de un poeta mexicano, sería un título apropiado para la decimonónica anécdota literaria que hoy nos ocupa.
A menudo se considera a Las Instrucciones de Shuruppak como el libro más antiguo de que se tenga noticia.
La prosa de Álvaro Mutis tiene tanto de poética como su poesía roza la narración.
Entre cada presentación, el público, cubierto en un murmullo de emoción, se sentía parte de algo más grande que un simple espectáculo.
En esta magnífica jornada artística se mostraron destacados grupos dancísticos y musicales procedentes de Colombia, Panamá y Eslovaquia, así como el prestigiado Ballet Nacional de Danza y de Música del Movimiento Antorchista Nacional.
Su primera novela fue La cabeza en las nubes (1989).
Su inspirada poesía aborda temas universales como el amor, el odio, el dolor, la muerte, la naturaleza y el sentimiento patriótico, dando importancia especial a las imágenes.
La Inteligencia Artificial y la soberanía tecnológica
Átomos, guerra y terrorismo: el doble rasero de EE. UU.
Falla la UNAM en admisión, la educación sigue en crisis
Incendios forestales y tormentas tropicales golpean a los veracruzanos
Ambición inmobiliaria arriesga último pulmón natural de la capital oaxaqueña
Escrito por Redacción